Francisco Bejarano

Santa Dorotea

PASADO mañana, además de Miércoles de Ceniza, es el día de santa Dorotea (No se confunda con la Dorotea que se vistió de hombre para hacerse anacoreta y no se supo su verdadera condición hasta que unos santos varones la desnudaron de los andrajos para amortajarla.) Esta del día 6 de febrero es una de esas santas niñas, adolescentes en realidad, muy queridas por la Iglesia medieval para ponerlas como ejemplo de valentía y castidad. Nunca me cayeron bien las muchachitas redichas, altaneras y tercas que se saltaban toda autoridad por fanatismo, sin edad para haber decidido con peso moral dar la vida por la fe, a menos que la fe sea don tan precioso que lleve aparejada la sabiduría. Lo peor de todo es que sus vidas despertaban deseos impuros en los lectores piadosos, pues las desnudaban, las entregaban a los soldados o las recluían en un lupanar, circunstancias que deben velarse para no avivar ideas torpes.

En la persecución de Diocleciano sufrió terribles martirios Dorotea, hija de un gobernador pagano de la Capadocia o de un matrimonio cristiano de la clase senatorial. No se sabe. En verdad, no hay nada que saber porque la vida de la santa en un relato piadoso, una leyenda edificante. El prefecto de Cesarea quiso hacer un escarmiento entre los cristianos y escogió a una jovencita de la mejor sociedad, de trece años, para sus propósitos, pensando que la tierna edad la haría débil a las amenazas, como había ocurrido con otras apostasías. No sabía el prefecto que se iba a encontrar con una roca acorazada por la fe. Dorotea no vaciló ni un instante en los martirios horrendos a los que fue sometida, ni cuando le enviaron a dos muchachas apóstatas de su edad para que la convencieran de las dulzuras de la vida: fue ella la que reconvirtió a las lapsas y presenció con gran alegría cómo eran arrojadas a una hoguera.

He traído a santa Dorotea sólo por la parte más lírica y hermosa de su martirio, además de por la ingenuidad de su idea del Paraíso. La otra vida era para ella un lugar donde las manzanas estaban siempre maduras y frescas, las rosas nunca se marchitaban y las fuentes de agua fresca no se secaban nunca. Un escriba del prefecto le dijo: "Mándame manzanas y rosas cuando llegues a los jardines del Cielo". La mártir le respondió que así lo haría. Cuando elevaba su última oración, se le apareció un ángel con manto púrpura y cabellera de oro nimbada de estrellas portando una cesta llena de manzanas y rosas. "Son para Teófilo, el escriba", dijo antes de morir. El ángel entregó al incrédulo las flores y las frutas en el momento del postrer suspiro de la santa. Teófilo fue traspasado por la flecha de la fe y la proclamó delante de todos. En algunos lugares santa Dorotea es patrona invernal de jardineros y floristas y se bendicen, si las hay, las flores y las frutas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios