HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Vacíos conceptuales

Todo agosto de 1978 lo pasamos en la playa. Aunque por entonces nuestra simpatía se inclinaba más por los lujos asiáticos de los fastos de Persépolis, no veíamos con malos ojos al que parecía un santo oriental justo y virtuoso, Jomeini, exiliado en Francia. Aquel mes la radio daba noticias de revueltas en la antigua Persia y, en principio, nos pusimos a favor de las protestas en la calle. Pensábamos: "Un país occidentalizado de tradición helenística se modernizará y será más democrático cuando el pobre clérigo perseguido vuelva a su patria." En el momento en el que el ejército empezó a disparar sobre las multitudes, no tuvimos duda de que la monarquía de Irán se tambaleaba. Reza Pahlevi se fue de su tierra para no volver y, tal día como hoy, Jomeini volvió del destierro como mártir para dirigir la involución, llamada revolución islámica, y morir en su país después de transformarlo en un gran convento.

La discreta, poco entusiasta, alegría que sentimos al principio se trocó en abierta predisposición a favor del emperador de Persia. No era una cuestión de política sino de estética: el buen gusto y la afición a las artes de los sátrapas asiáticos helenizados son bien conocidos desde la Antigüedad, mientras que el sistema político-religioso que impuso el ayatolá no iba hacia la consecución de la modernidad y, además, era feo. Fue peor: aburrido por exceso de puritanismo, a la manera de las efímeras utopías clericales del pasado. Su único interés está aún en haber hecho de una rara intolerancia religiosa virtud cívica y de las amenazas y la violencia, una política. La sombra de una nueva versión del nazismo empezó a oscurecer el mundo. El peligro no se ha conjurado. En el norte de África hay revueltas en nombre de la Libertad y la Democracia, vacíos conceptuales en política: la democracia, aunque sea formal, no casa bien con el Islam, y la Libertad, incluso en Occidente, no son las libertades, combatidas por los políticos demócratas para imponer una Libertad con mayúsculas, la suya.

Las revueltas en los países norteafricanos, dictaduras disimuladas con paternalismo social, no sabemos hacia dónde van porque la prensa no lo aclara del todo; pero Israel y las demás naciones de civilización europea y de cultura clásica temen, con fundamento, la aparición de regímenes islamistas a pocos kilómetros de gran parte de la civilización. No íbamos a vivir eternamente en un mundo estable y en constante crecimiento, sin enemigos y sin guerra o sólo con las lejanas y largas guerras de los pobres, como en algún momento fugaz pensamos. Hace tiempo que buenos amigos nos advirtieron de que la paz y el bienestar no los íbamos a tener siempre. Ya estamos convencidos. No todo será para mal: la poesía épica empezó con la guerra y las grandes tribulaciones del hombre le hicieron avanzar con inventos, ideas y obras maestras de la literatura y el arte.

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