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Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

¿Valió la pena?

SÓLO fueron unos días. Los suficientes para que en el vientre de María Edite Santos quedara depositada la semilla que, tras nueve meses, daría un hijo fruto de la pasión. La madre del pequeño, una bailarina portuguesa que apenas llevaba dos meses en España. El ¿padre?, un famoso de nombre... Julio Iglesias.

Casado con Isabel Preysler en aquel momento, el artista nunca llegó a reconocer a Javier que, actualmente, trabaja en Estados Unidos para sacar adelante una carrera musical en torno a la que todo son pegas. "Si se tratase de uno legítimo, como Julio José -al que todavía no hemos ni escuchado-, seguro que lo tendría más fácil", me explica desde Valencia la orgullosa mamá.

Allí reside junto a su otro niño, Pichi, pintor de profesión y apoyo fundamental para la familia de la recién bautizada... escritora. Sí, señoras y señores, aunque no haya existido presentación oficial, ya pueden adquirir en todas las librerías Un hijo con Julio Iglesias, título bajo el que la mencionada María Edite recoge sus amores y desamores junto a nuestro más internacional intérprete.

A sus cincuenta y cinco confesados, el móvil de nuestra protagonista me da la bienvenida con los ritmos de Marc Anthony. "Valió la pena lo que era necesario para estar contigo...". ¿Será una manera indirecta de decir algo? Desde luego, en el caso concreto de su experiencia, dudo que la balanza se haya terminado inclinando hacia el lado positivo pues, a pesar de la lucha, los resultados hasta ahora han sido nulos.

Sin prueba definitiva de ADN, chocando cada dos por tres contra muros legislativos y sociales, sólo quedaba el consuelo de este libro donde, además, revela datos hasta ahora desconocidos. "Ojalá Julio me dijera algo sobre el texto. Sería una manera de poderle replantear ciertos asuntos", comenta con voz de mujer vivida que sigue con ilusiones y proyectos. ¿El próximo? Concluir la carrera de Derecho que cursa y con la que podrá, por qué no, defender su propio caso. La venganza se sirve en plato frío. Y, como saben, las temperaturas ya han bajado.

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