Rincón costumbrista y gastronómico

fátima Ruiz De Lassaletta

Vicenta Guerra, la poetisa de los niños jerezanos

SI Madrid y toda una época televisiva, relativamente reciente, tuvo a Gloria Fuertes como vate mediática y amiga de los niños, los de Jerez tuvieron hasta el pasado año su poetisa particular en la pluma gentil de Vicenta Guerra Carretero (Jerez 1930). Por ello ante el obituario que en primavera le está dedicando la Real Academia de San Dionisio de Jerez - con la participación del presidente de honor, de un vicepresidente y de un secretario general - yo no puedo menos que sumarme con recuerdos de su amable persona, en este rincón que me cede cortésmente el Diario.

Ella se crió en una familia de artistas, su hermano fue un belenista señero, de los que hoy se llamarían paisajistas y dos de sus tíos eran escritores y periodistas o periodistas y escritores - que publicar es lo más importante -. Por ello, desde niña, hizo Vicenta sus pinitos en la poesía, para los suyos y amigos, en las fiestas familiares en las que se pedía que recitara. Y ya en su madurez participó en premios literarios provinciales, donde ganó en el de Poesía de Navidad la medalla de oro en 1967 y en 1975 el Premio Biografía, por la de José María Pemán y Pemartín, ambos certámenes en Cádiz.

En la prensa local y provincial siempre encontraron un lugar destacado, de esta intimista poetisa, sus sentidas saetas, sus epigramas, sus deliciosas breveras y sus canciones infantiles. Llenas de algarabía y música de cascabeles, no en vano sus libros publicados fueron 'Algarabía' (1973); 'Algarabía musical' (1978); 'Cascabel' (2002) y 'Páginas de Navidad' (2006), publicado este último bajo el auspicio editorial de Biblioteca de la Academia, a la que pertenecía como académica de número desde 1999, siendo desde entonces una de las primeras mujeres académicas aquí, junto con otra gran poetisa, Pilar Paz Pasamar, y la 'juriescritora' Aurelia Romero Coloma.

Como escribió el periodista Andrés Luis Cañada Machado, en el prólogo del último libro mencionado de 'La Guerra' - que digo yo, que solo su apellido no hacía justicia a su pacífica persona- sus obras eran "cantos de Paz y Amor". Mientras, otro poeta, el arcense Carlos Murciano le llamaba "la autora de la difícil sencillez" y Manuel Ríos Ruiz escribió de ella en la Estafeta Literaria, que "desde los versos de Celia Viña, no había leído nada mejor".

De trato cordial y sencillo, siempre buscaba una palabra o recuerdo amable para dedicar o compartir con sus interlocutores, a los que terminaba por regalarles una de sus últimas creaciones, tal como la que me ofreció la última vez que la vi en la Academia: "Con un queso en su zurrón/ para regalarlo al Niño, / al portal llegó un ratón. / Se fue con queso y zurrón/ llorando, sin ver al Niño/ porque del buey se asustó."

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