CON MALA UVAla columna

Bernardo Palomo

La bota de los turbiosAdornitos navideños

Muchos escolares han aprovechado el descanso de fin de semana y la ausencia de clases para acercarse a la plaza del Arenal y disfrutar de los castillos hinchables que forman parte de la ludoteca del centro. Una buena opción para los padres que aprovecharon también ayer domingo la apertura de buena parte de los comercios para hacer compras navideñas. La foto es de MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ.

INMERSOS como estamos en comidas de empresas, zambombas, reuniones de amigos, y demás parafernalia festiva - estos días son realmente los auténticamente de fiesta y no los que señalan en rojo los almanaques - lo mismo a usted, amable lector, no le ha dado tiempo de asomarse a las calles - cuando se viene de las comidas de empresa, de las zambombas o de las reuniones de amigos uno no está para mirar nada - y ver cómo nos han engalanado este año los Ximénez de Puente Genil, eso que dicen los cursis las principales arterias de nuestra ciudad. Está bastante elegante la calle Larga, las luces, al menos ahí, no responden al modelo adocenado de siempre y se nos ofrece una fina y acertada iluminación. Las demás calles siguen la norma habitual y bastante vulgar de la casita, el muñeco de nieve y demás absurdas tonterías del momento. Todo bastante al uso. Menos mal que, al menos en el centro, no abundan los tontos muñecos escaladores vestidos de papanoel. Estos, son callados personajes que desenmascaran a algunos de los que viven en los adosados de la periferia. Lo que sí habrán notado los sufrientes ciudadanos es que este año, por Navidad, la calle del horror, esa que empieza donde se levanta el cochecito de caballos y su apéndice feriante - Mamelón - y acaba con el monumento a las cofradías - Cristina -, ha sufrido un inesperado retranqueo y se ha agrandado para llegar justo hasta la esquina de Tornería. La Navidad, como ven, da para mucho. Incluso para hablar de adornitos navideños. Como quedan las calles después de cerrar los comercios da para una columna, como mínimo y no, precisamente, por lo sugestivo del espectáculo. Les aconsejo que, a pesar de todo, mejor miren ustedes los adornitos de Navidad.

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