CON MALA UVALA TORRE DEL VIGÍA

Juan Manuel / Sainz Peña

La bota de los turbiosMatando a Bruce Lee

El centro de Jerez albergó ayer numerosas cuestaciones benéficas, desde una de una asociación de minusválidos a otra para ayudar a los enfermos de sida (ayer fue el Día Mundial de esta enfermedad), pasando, como es el caso en cuestión, por la tradicional de Cruz Roja Española. Precisamente son voluntarios de esta institución quienes pidieron un donativo a un turista oriental ayer en plena plaza del Arenal. La fotografía fue captada por PASCUAL.

LEO pasmado que en un gimnasio de la ciudad se están impartiendo unos cursillos de defensa personal para mujeres que sufren maltrato y para aquellas que quieren estar prevenidas por si, el día de mañana, a algún esposo le da por querer engrosar la lista de criminales que salen un día sí y otro también en los titulares de los informativos o en las páginas de cualquier diario de tirada nacional o de provincias. Qué quieren que les diga. Toda voluntad que se ponga por prevenir cualquier muerte es plausible, pero no creo, sinceramente, que unas pocas horas de artes marciales sirvan para algo. En primer lugar porque es muy poco tiempo, y en segundo lugar porque -y perdonen la crudeza-una mujer corriente ve al cabestro que tiene por pareja cuchillo o pistola en mano, ciego de whisky o de tinto barato, y lo más seguro es que se lo haga todo encima. Y no es para menos.

Supongo que si escribo aquí que quien tienen que ejercer las llaves de yudo son los jueces aplicando unas leyes, por cierto, blandas hasta el extremo, caeré en una obviedad, pero visto lo visto (el jueves, mientras tecleo esto, ya han caído setenta mujeres), es lo que convendría recordar.

No creo que sirvan -discúlpenme de nuevo, esta vez por mi escepticismo- para mucho pies descalzos teñidos de pintura roja, gritos de ¡basta ya! y lazos blancos en la solapa si quienes tienen que tomar la determinación de acabar con esta pesadilla de muertes no se deciden a cambiar las leyes y a castigar de verdad a quienes hacen de un cuchillo o sus propias manos una forma salvaje de imponer su voluntad. La ley, no nos engañemos, con esas órdenes de alejamiento que son una burla para la víctima, no sirven para nada.

El combate en el tatami lo gana el terror y la idiotez, así que más vale que los jueces empiecen a dictar leyes en serio, porque ver a un grupo de mujeres en chándal preparándose para lo peor no parece más que una broma que no tiene maldita la gracia.

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