CON MALA UVAla columna

Bernardo Palomo

La bota de los turbiosModernidades navideñas

Nada que ver con las tétricos domingos de noviembre o febrero. Jerez cobra vida en Navidad, más en un festivo de puertas abiertas para el comercio en vísperas de Nochebuena, que de seguro ayudará a paliar en parte la caída de ventas del sector. Aún con amenaza de lluvias, los jerezanos se echaron ayer a la calle para realizar sus compras navideñas y anticipar las de los regalos de Reyes. La foto es de M. A. GONZÁLEZ.

COMO no podía ser menos, hoy, Nochebuena, tenía que dedicar la columna a un tema relacionado con tan especialísima - para algunos más que para otros - fecha. A estas alturas de la mañana en la que ustedes, amables lectores, tienen a bien perder un minutillo con estas pobres frases, ya habrán comenzado a recibir en su teléfono móvil muchos mensajitos, es por lo que comprenderán por qué escribo esto. En este mismo momento el sonido tonto del aparatito les recordará que tiene usted un mensaje. Mírelo y si es de un amigo conocido y al que le debe pleitesía, léalo; si no, bórrelo porque seguro será una idiotez de esas que ahora se acostumbran a mandar por el móvil. Acuérdese del año pasado, con aquello tan estúpido de los camellos por el desierto y tonterías por el estilo que mandaban hasta la saciedad desconocidos atontados. Lo mejor será que usted apague el móvil porque mucho me temo que, aparte de aburrirlo con los dichosos mensajitos, le hagan caer y se ponga usted a escribir con el dedo gordo en el aparatito. Yo este año he decidido no mandar mensajitos, ni mucho menos contestar a ninguno de los que me envíen, tanto mis conocidos como aquellos desconocidos aburridos que también los hay. Ya hice bastante el tonto el año pasado. Tampoco he mandado crismas - desde que cerró Simago ya no hay crismas de aquellos de veinte duros, diez -. Y ya que estamos metidos en faena, les sugiero que no se les ocurra abrir el ordenador, seguro que habrán recibido una especie de representación pseudomusical en la que unos muñequitos, con las caritas de los que se los envían, vestidos de papanoel - para colmo en verde y blanco - bailan y bailan estúpidamente sin cesar. ¡Otra gracia navideña! Bueno, amigos, por no ser desleal con ustedes, les deseo, no por estos días, sino por siempre y, de corazón, que tengan una vida llena de ilusiones cumplidas.

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