CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

La desesperación humana

EN los últimos meses el panorama social de esta nación se viene poniendo color de hormiga. Realmente lleva razón mi compadre El Miscelánea, que vive en Chipiona desde que se jubiló de Marcamadrid, cuando se escandaliza con los asesinatos de mujeres por sus maridos o novios. Ayer, de movistar a movistar, me clamaba: "Es para sentir vergüenza ajena. Esos monstruos están poniendo la entidad varonil por los suelos. Es increíble que existan tantos asesinos y maltratadores de mujeres en estos lares".

Igualmente, El Miscelánea está que trina con las bandas de jóvenes violentos: "Yo creo que ideológicamente no saben lo que quieren, lo que les produce placer es destrozar cuanto encuentran en su camino. Con una juventud así, el futuro cualquiera lo pronostica". Efectivamente, lo que mi compadre piensa es para reflexionar a fondo. Pero lo que considero ahora más grave socialmente y se lo digo a El Miscelánea durante nuestra conversación, es la avalancha que supone la desesperación humana. Sí, desde un tiempo a esta parte, se está poniendo de relieve con más intensidad que nunca cierto adagio filosófico, el que dice que la desesperación es el dolor de los débiles. "Sí-asiente El Miscelánea"-, eso es lo que atestigua la continua avalancha migratoria que se cierne sobre España y que tiene un efecto tan espectacular que a veces llega a la tragedia, con el riesgo de atravesar los océanos, en esas pateras o cayucos o balsas, qué se yo."

Se trata de la desesperación humana más patente de entre siglos: caterva a caterva, alcanza nuestra orillas gente de Africa, de Asia, de Oceanía, en un difícil periplo para aprovechar el mendrugo de pan que nos sobra, que aquí tiramos a la basura. El Miscelánea, conviene conmigo lo que comento y abunda en ello diciendo: "En estos casos concretos de adentrarse en el mar a riesgo de perder la vida y entregando todo lo que se tiene a un pirata, se manifiesta rotundamente la situación límite a la que puede llegar el hombre, quemando las últimas agallas y el último rayo de ilusión, de una quimera inefable, atraído por una posibilidad de subsistencia, la que otros le dicen que han conseguido en la carta a la familia o al amigo".

La desesperación humana, tal vez sea la tragedia más importante de nuestra época. El mendrugo de pan que tiramos a la basura, es para muchas personas un diamante pulido en su pobreza arcaica. Es lógico incluso que arriesguen la vida por él y que quieran vivir aquí para siempre. Muchas personas han llegado y muchas quedan por venir. El Miscelánea también lo cree así.

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