Leopoldo Del Puerto Cabrera

La feria del libro

Barcos sin honra

NO es cuestión de posibles. Casi todo, hasta en épocas de crisis, se fabrica y colorea con dinero. Casi todo, pero no todo. El dinero hace la vida más llevadera y acomodada, pero no es la solución única para con nuestros bienes y males. Las finanzas no tienen el monopolio del éxito y, menos aún, de la felicidad. La labor de un político no es tan sólo distribuir riqueza y presupuestos en su justa medida. Es también saber rodearse de personas que sepan hacer. Y son ya dos años con una feria del libro bajo la coordinación y preparación de José Mateos. Por esto, mi reconocimiento primero a la delegada de cultura de Jerez. Y es un reconocimiento sincero, cierto, agradecido. Quien me lee lo sabe. No me permito concesiones gratuitas. Menos aún con políticos.

El pasado año se vivió una feria del libro irrepetible, imponente. Tuvimos la suerte de escuchar, al unísono, a Miguel d'Ors, a Eloy Sánchez Rosillo y Andrés Trapiello; a poetas jóvenes como Raúl Pizarro y Jaime García-Máiquez, que son la imagen misma del talento; a editores de la talla de Abelardo Linares, Borrás y Rosales; a maestros del relato como Jordá, Benítez Ariza y Bonilla. Si la feria del libro del año 2007 alcanzó cotas sin precedente conocido, propias de ciudades como Madrid o Barcelona, la feria del libro 2008 no se ha quedado a la zaga. Para quienes de esto saben -no son muchos-, no se les escapa que este año se ha vivido un nuevo acontecimiento cultural, que sitúa a Jerez como un ejemplo a seguir.

A José Mateos no vamos a descubrirlo a estas alturas. Es un hacedor de versos, de una poesía que transmite verdad, que abre el alma en dos, que transporta a ese lugar donde la vida se hace interior y golpea desde dentro. A veces se desconoce el trabajo duro, desagradecido, ingrato, que hay detrás, entre bambalinas, de una programación de una feria del libro como ésta. Al contrario que Edmond Rostand, José Mateos no se ha rendido con su Cyrano, con su feria del libro del año 2007. En el 2008 se ha vuelto a subir a las tablas para superarse, y lo ha logrado. Hemos tenido al gran Aquilino Duque con sus apuntes, con sus pensamientos, sobre literatura y flamenco. Ha sido un acierto encomiable esa conversación a dos de Enrique García-Máiquez y Arcadi Espada, de una lucidez extraordinaria, sincera, afilada. Y ha sido un golpe efecto innegable traer al polémico filósofo Fernando Savater, a ese terror de los nacionalistas y del saber dócil.

En esta feria, hemos disfrutado de los versos íntimos, hondos, del propio José Mateos, en la representación teatral de su obra La niebla, que ha llevado al escenario con maestría por Gaspar Campuzano. La transmutación inteligente, cálida, descorazonadora, inquietante, de este poema perfecto, complejo, redondo, se vivió con intensidad en el patio de butacas. La representación fue un rotundo éxito de público y de crítica. La poesía joven, por su parte, desembarcó en dos días distintos. El primero, con Jesús Beades y José Daniel García, poetas con merecidos premios literarios, autores de una poesía grande y personal. En un segundo día, hemos oído a la joven Rocío Arana, que atesora un don como pocos, o como nadie, para eso de hacer versos, y que ha sido, para tantos, un descubrimiento fascinante, claro, clarividente; y junto a Rocío, a un poeta de aquí, que me pide permanecer en el anonimato en este artículo y yo se lo consiento. De él han dicho, personas de criterio, que es gran poeta, de ironía sutil e imágenes poderosas. Y se comparte la opinión.

No puedo acabar esta crónica sin hacer mención a un momento grande, histórico si cabe. Hemos sentido la oportunidad de ver juntos a los poetas Jon Juaristi, Javier Salvago y Amalia Bautista, de vivir, en vivo y en directo, esas palabras, esas sílabas, ese ritmo definido, milimétrico, esas voces ya de literatura universal. Un día, cuando miremos atrás, diremos que allá, por el 2008, estuvieron aquí.

Enhorabuena, un año más, a Jerez.

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