Desde la calle larGA

Manolo / Liaño

Mi hermana Ángeles

Derecho al cielo, sí Señor. ¡Cuánto te estamos llorando Ángeles! Ni tienes ni tendrás idea de ello. A las doce y media de la noche anterior, como hacíamos todos los días sobre la misma hora, nos despedimos de ti. Y tú de nosotros. ¡Hasta mañana, me dijiste! Y esa 'mañana' no llegará nunca porque me consta que un rato antes, muy descansada y feliz, te presentaste en lo más alto diciendo eso de "Aquí estoy yo". Sí, para siempre. En tu viaje de aquel memorable y doloroso viaje, más allá de las nubes, estuvieron muy presentes todos los santos del cielo, sí, todos, porque a todos les pedí, les pedimos muy amargamente, que jamás se nos caigan de la cabeza tus infinitos valores, los más preciados y valorados en un ser humano que ha pasado muchos años de la vida, setenta y tantos, pidiendo a Dios, trino y uno, por todos los hombres de bien, así como por las mujeres que llevan el corazón lleno de amor al prójimo.

Mientras el cuerpo le haga sombra a cualquier miembro de la familia Liaño Pérez, hoy en día destrozado por el inesperado y doloroso final del más querido de sus miembros, doña María de los Ángeles Liaño Pérez, que santa gloria goce y que murió como ella quería, sin darse cuenta y sin causar el menor dolor a los suyos todos. Gracias, Señor, por haberle dado aquella mañana del 22 de diciembre, inolvidable para mí, un sitio en la gloria de los justos del que ella disfrutará por los siglos de los siglos.

Un telegrama que siempre recordaré

Ayer, a las diez de la mañana, recibí en casa un telegrama que siempre recordaré y que dice así: "Nuestro más sentido pésame por el fallecimiento de tu hermana, un abrazo, la plantilla del Diario de Jerez".

Gracias, mil gracias a todos y a todas. De corazón. Como ellos pusieron en ese despacho que tanto bien acaba de hacer en mi hoy en día maltratado corazón.

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