Su propio afán

Enrique García Máiquez

Lo municipal

EN las cábalas sobre el posible gobierno, bastantes atisban intrigas y teatralizaciones ubicuas. Yo prefiero analizar sólo las posibilidades matemáticas y políticas con una pizca de escepticismo hacia los pactos secretos. Uno sabe lo difícil que es poner de acuerdo a cuatro amigos para cenar (¿cuándo, dónde, a qué hora?), así que dudo de cualquier compleja confabulación de espejismos, expectativas y egos sincronizados.

Habiendo elegido, pues, el frío cálculo, no sé cómo se me ha pasado incluir en las ecuaciones a ayuntamientos y autonomías. Estamos tan centrados en las sumas del Congreso y, si acaso, en las encuestas de las nuevas elecciones, que se nos olvidan factores claves, como la mayoría absoluta del PP en el Senado, que ahí está, agazapada, pero imponente.

Y otro factor olvidado es el mapa municipal y autonómico, que puede resultar la inesperada llave del candado. Añade interés a todas las combinaciones posibles, incluso la de PSOE y Ciudadanos que es de la que más se habla, pero que aritméticamente no da. Necesita o que el PP se abstenga o que lo haga Podemos. A bote pronto, ambas abstenciones parecen impensables. El PP ganó las elecciones y sería dejar que Sánchez, por voluntario, voluntarista y voluntarioso (que todo eso hay que reconocérselo) le robe la cartera con un pacto con C's que también podría haber alcanzado Rajoy a poco que se hubiese puesto a ello. Y Podemos no puede ver ni en pintura a Albert Rivera por incompatibilidad de caracteres y de proyectos.

Ahora bien, volvamos la vista a los ayuntamientos. En muchos, empezando nada menos que por Madrid, y siguiendo por Cádiz, gobierna Podemos con el apoyo del PSOE. Sánchez se encuentra, de nuevo, con pocas cartas, pero útiles. Puede ofrecer a Podemos, a cambio de una sencilla abstención, el desalojo del PP, un sistemático programa derogatorio y mantenerle en sus ayuntamientos como hasta ahora; o puede amenazarle con volverse hacia el PP y arrebatar a Podemos, uno tras otro, en una cascada de mociones de censura, todos sus bastones de mando. Al PP, a su vez, puede darle, a cambio de una simple abstención, la desactivación de Podemos, el mantenimiento de unas líneas políticas, el reconocimiento a su responsabilidad…, y la recuperación de bastante del poder municipal y autonómico perdido.

Caben ambas jugadas, y otras, si se cuenta con los ayuntamientos. González, Kichi, y González, Fran, ¡preparados!

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