Tribuna

Abel veiga

Profesor de derecho de Icade

Los derrochadores del sur

En Madrid se alzó una frase dura, pero llena de sentido: "Los superávits del Norte (en clara alusión a Alemania) son los déficits del Sur". Provenía del primer ministro Tsipras

Acaban de reunirse en Madrid. Es la tercera vez en un año que siete países meridionales de Europa, los más europeístas en estos tiempos de zozobra e incertidumbre, celebran una cumbre no formal. En el horizonte inmediato, el Brexit; en el más remoto, la activación de una Europa languideciente, esperando los sorpassos aún que pueden dar los nacionalismos más excluyentes y antieuropeos. Francia, Italia, España, como países de más peso demográfico, pero también económico; luego países pequeños, Portugal, Grecia, Chipre y Malta. Algunos de ellos, con la excepción de Irlanda, los países que más han sufrido y siguen sufriendo por la crisis económica. Pero también cierto desdén y señalamiento mal prohijado de la Europa rica que no dejó perder la ocasión para la reprimenda y exigir unas reformas draconianas en lo económico, lo presupuestario, el déficit y, de paso, en lo político y las mentalidades políticas.

Han quedado eclipsados de un lado, por el ataque unilateral y puntual de Estados Unidos en Siria, más preocupados en justificar que en buscar soluciones a un conflicto endiablado y, de otro lado, por la noticia en España de la muerte de Carme Chacón. Constituyen un subgrupo que busca tener peso y poso en la Unión, en un momento en el que las adhesiones son silenciosas y nadie quiere llevar la batuta del liderazgo.

En Madrid se alzó una frase dura, pero llena de sentido: "Los superávits del Norte (en clara alusión a Alemania) son los déficits del Sur". Provenía del primer ministro Tsipras, quien pide y reclama más flexibilidad estando como está su país al borde de un nuevo rescate, cuando, tras años y gobiernos de pleno despropósito, se asomó a un abismo insondable y en el que el populismo se ha topado de bruces con una realidad que supera toda demagogia. Los siete líderes -aprendices de líder, pues el tablero saben que es franco-alemán, pese a la presencia de un Hollande al que restan apenas meses en el Eliseo- apuestan por introducir la batalla presupuestaria y mutualizadora en la Unión, en clara demanda por mutualizar la deuda, aspiración recurrente del presidente español, así como la emisión de eurobonos, aspectos de los que Alemania, que en septiembre se enfrenta a un incierto resultado electoral, no quiere ni oír hablar.

Los siete, algunos de ellos tildados despectivamente por la opulenta, rica, soberbia y protestante Europa del Norte como de derrochadores del Sur, los mismos que se gastan en los que se gastan en palabras de un desacreditado y prepotente presidente del Eurogrupo, aspiran a reforzar la fuerza e identidad de una Europa que no debe seguir plegada sobre sí misma, ensimismada en la nada y golpeada por la salida de Reino Unido. No es esta la hora de paños calientes. Sino de decisión, de firmeza y de empezar a aclarar un rumbo y una posición definitiva de un proyecto que, tras seis décadas, ha perdido ilusión, fuerza e identidad.

Si Europa se empeña en seguir estando sin voz, y sin que nadie la tome en serio, se despeña. Hoy más que nunca la firmeza significa perseverar en la unión, reduciendo divergencias y diferencias, apostando por más avances, por más Europa, más cesión de soberanía.

El artefacto económico y comercial se enfrenta a horas decisivas. A un cisma y una brecha que puede acabar siendo un revulsivo positivo. Ahondando en la cohesión y en la integración más dinámica y fuerte. Decidir si queremos una Europa nuclear o atomizada pero inoperante en instituciones y funcionamiento, es la clave que tenemos que decidir entre todos. Los ricos del Norte, no tan ricos, los derrochadores del Sur, no tan derrochadores. Ambos son necesarios y se complementan. Los estereotipos siempre han demonizado pero también funcionado en la gran caverna de los ignorantes.

Avanzar en Europa debe tener una línea nervial clara: los derechos y las libertades de las personas, la agenda social y el erradicamiento real de las desigualdades. De lo contrario, la desconfianza y el recelo seguirán creciendo. Entre norte y sur, este y oeste.

Los siete tienen su tercera foto. Ahora lo importante es ganar fuerza, peso, credibilidad y cohesión entre ellos en la Unión. Compartimos algo más que la meridionalidad del Mediterráneo. Intereses comunes dentro de los más generales de la Unión. Un bloque que debe proponer, hacerse escuchar y respetar otros. El tablero es comunitario, nunca parcial ni particular. El Brexit siempre tiene una dimensión positiva. Salen los que no creen ni quieren esa Unión -probablemente nunca quisieron- y fortalece a los que se quedan. Aprendamos de esta lección aparente amarga, en la práctica, una nueva oportunidad. Así debe ser. Concesiones ninguna. Firmeza, toda. Luego ya vendrá lo económico, los únicos intereses que al final mueven el mundo.

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