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Las aventuras de Gigi la ley | Estreno en Filmin

'Apatrullando' el 'dolce far niente'

Pier Luigi Mecchia es 'Gigi la ley'.

Pier Luigi Mecchia es 'Gigi la ley'.

Tiene su gracia que los de Filmin y el Festival Atlàntida hayan traducido Gigi la legge, el nuevo filme de Alessandro Comodin (L’Estate di Giacomo, I tempi felici verranno presto), como Las aventuras de Gigi la ley. Porque aventuras aquí, pocas, al menos tal y como las entiende el público o el género cinematográfico. Lo de Gigi, policía de una pequeña localidad de la región de Friuli en el Noreste italiano de fuerte acento y no menos fuertes obsesiones, es más bien apatrullar en su coche por la comarca, sus carreteras y carriles, flirtear por la radio con la nueva agente del cuerpo, espiar a un sospechoso de no se sabe bien qué en sus trayectos en bicicleta, litigar con un vecino a costa de su frondoso jardín, derrapar con un motorino en pleno campo o acompañar a los enfermos psiquiátricos a sus consultas hospitalarias.

Como en Kiarostami o Panahi, el coche se convierte en el espacio casi único desde el que narrar, desplazarse por el paisaje, retratar y mirar (moralmente) el mundo, y Pierre Luigi Meccia, tío del cineasta, agente verdadero, único e inimitable, en el protagonista absoluto de una función en movimiento que tiene tanto de cómica como de melancólica, recorrido circular y rutinario por un espacio en grandes bloques de tiempo donde lo preparado y lo improvisado se funden en la personalidad arrebatadora de nuestro policía rural.

Comodin ajusta el plano, afina la escucha y deja que Meccia revele sus preocupaciones y airee sus sueños de seductor, también, con la espera, esa humanidad profunda y auténtica que lo hace viajar a su propia y escondida memoria como hombre sensible que no ha llegado a ese volante de la nada.

Cine tan sencillo como luminoso y empático, inclasificable en su deriva automovilística, sus apuntes surreales y su impronta documental, Las aventuras de Gigi la ley confirma a Comodin como uno de los grandes valores del último cine italiano y también restituye una vez más a nuestro Julio Iglesias, que dios lo guarde muchos años, como el referente icónico-musical de una masculinidad trasnochada de la que Meccia aún encarna, en plena canícula patrullera, sus valores más autoparódicos y entrañables.