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Pablo García-Berdoy: “Europa tiene que convertirse en algo más de lo que ahora somos”

En un contexto geopolítico convulso, reclama el vínculo de las empresas españolas con Bruselas

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Pablo García-Berdoy en Sevilla. / José Ángel García
Mar Castillo

04 de marzo 2026 - 06:01

Pablo García-Berdoy fue director general de política exterior para Europa, embajador de España en Rumanía y Moldavia, en Alemania, y embajador representante permanente ante la Unión Europea. Ahora es consultor en la firma LLYC.

Pregunta.Cuarto día de conflicto en Irán, ¿se pueden hacer valoraciones?

Respuesta.La valoración es de inquietud, porque estamos en una situación de guerra, de inestabilidad, de unos cambios que todavía no podemos prever. Por otro lado, de esperanza para que Irán, que ha demostrado que tiene una sociedad que quiere cambios, democracia y otra forma de ser gobernada, tenga una posibilidad de desarrollarse. No es una valoración moral. Colin Powell decía: “If you break it, you own it”, si intervienes te haces responsable. Veremos si los que han tomado esta iniciativa van a ser capaces de hacerse responsables de la estabilidad, la prosperidad y la seguridad de un país y una región. Todo esto en una intervención que no responde a los criterios de un orden multilateral, que ya, por desgracia, parece que es algo del pasado.

P.No podemos perder el foco de otro conflicto más cercano. La ONU ratifica su apoyo a Kiev. En la práctica, ¿qué supone?

R.La seguridad de Ucrania es también la de Europa. La negociación o la salida del conflicto no está siendo transparente y no conocemos los términos de la conversación, en la que Europa tampoco participa. Creo que la sociedad está de acuerdo en que debemos seguir apoyando a Ucrania. Es una frontera muy cercana.

P.¿Cómo puede seguir escalando el impacto a España?

R.La continuación del conflicto es ante todo una pérdida desde el punto de vista humano. Luego, económico, y una inestabilidad que retrae la inversión, la seguridad... Tenemos también dependencia de Estados Unidos para proporcionar seguridad a Ucrania, y esa es la razón por la que no somos como europeos el actor decisivo en la negociación del fin de la guerra. Eso es algo que nos debe hacer recapacitar: valorar si podemos mantenernos en esta situación de debilidad ante cualquier conflicto, ya no solo el de Ucrania, sino cualquier conflicto futuro en un mundo cada vez más inestable. La influencia probablemente más profunda sea haber despertado a los europeos del sueño de la paz eterna y de la dependencia de terceros.

Tenemos que valorar si como UE podemos mantenernos en esta situación de debilidad

P.Hay analistas que dicen que Europa sería capaz de armarse y defenderse sin Estados Unidos y que gasta cerca de un 80% de lo que hace el Pentágono en defensa. ¿Cree que avanzamos hacia una independencia real de EEUU?

R.Tenemos un problema industrial para un conflicto con un adversario tan formidable como Rusia. Y luego un problema que es más importante: no tenemos a nadie en ningún ámbito en el que sin EEUU se pueda tomar una decisión en esta materia. Con lo cual nuestra dependencia sigue siendo no solo de industria material, sino también política.

No aplicar la inteligencia artificial es negar el curso de la historia

P.Tres pilares articulan la Unión Europea: libertad política, prosperidad económica y cohesión social. Josep Borrell, anterior alto representante de la UE para asuntos exteriores y política de seguridad, decía que este último era el más debilitado. No sé si está de acuerdo y si cree que Europa podría mantener un equilibrio.

R.Tenemos que convertirnos en algo más de lo que somos para seguir siendo lo que somos. Integrarnos mucho más, incorporar facetas de soberanía colectiva que no hemos explorado, particularmente la seguridad y la defensa. Tenemos que hacer más cosas, no solo proteger lo que tenemos, sino avanzar en lo que no tenemos y nos hemos podido permitir hasta la fecha. Y ya no podemos permitirnos no tenerlo.

P.En Bruselas y en Berlín se habla cada vez más de la simplificación normativa. Hay sectores sociales que temen quedar desprotegidos con tales políticas. ¿Están justificados estos temores?

R.El peligro que tenemos como europeos es el estancamiento. Es posible que haya sectores que se sientan amenazados por la evolución de la realidad. Lo que ocurre siempre es que negar la realidad precipita el fracaso. Por ejemplo, la irrupción de la inteligencia artificial está siendo un elemento muy inquietante para muchísimos sectores de la población. Pero decir que porque es inquietante vamos a no aplicar la inteligencia artificial es negar el curso de la historia. Si nos negamos a actuar ante una realidad cambiante, la realidad nos va a acabar aplastando. Si hacemos protecciones expresas de idiosincrasias locales, nos acabará aplastando el mundo globalizado.

P.¿Son contrarias, digamos, las normativas que recibimos de Europa con las nacionales o autonómicas?

R.No solo eso. El legislador no se ha atrevido a legislar de una forma integrada y ha permitido unos ámbitos de soberanía nacional que están impidiendo explotar todas las capacidades que podía tener un mercado bien integrado.

P.¿Puede darme un ejemplo?

R.Desde la capacidad de actuar de una empresa en determinados sectores como el financiero o en los reconocimientos de títulos de terceros, los obstáculos a los intercambios en sectores por razones de legislación local, regional o nacional. La falta de capacidad de generar empresas transnacionales por intervención de los poderes públicos, protegiendo las empresas nacionales ante un comprador europeo no nacional... Hay muchísimos ejemplos de falta de integración en el mercado único que están impidiendo explotar las posibilidades de crecimiento de la economía europea.

P.En la actualidad, ¿qué decisiones de la Unión Europea afectan a las empresas españolas de manera especial?

R.Por ejemplo, España tiene —y no surge mucho en el debate público— un sector de automóvil muy importante. Somos el segundo productor de automóvil en Europa, por lo menos hasta hace poco. Todos los cambios en la forma de producir, los criterios medioambientales, los criterios de producción técnica, las cuestiones de regulación del sector automóvil nos afectan enormemente. Y a esas influencias nos tenemos que adaptar. En el sector agrícola, por supuesto, y España tiene que defender sus intereses específicos dentro del contexto global. No diría que tenemos una afectación distinta por ser España, sino distinta por la forma en la que España produce sus bienes públicos. El caso de la energía, por ejemplo, tenemos una amplísima producción de energía renovable, que es un gran activo de España, y por supuesto la regulación en ese sector nos afecta especialmente por la importancia del sector económico.

P.¿Qué retos y oportunidades se generan para estas tres industrias?

R.Es indispensable que las empresas andaluzas y españolas estén en Bruselas, conozcan la conversación de Bruselas, sean capaces de defender sus intereses allí y sean escuchados. La Comisión es el gobierno de los españoles, un gobierno directo, sin intermediarios. La Comisión habla con las empresas, con los sectores interesados y si no estás, si no hablas, si no tienes información y puedes desarrollar tu relato, no existes. Prácticamente ninguna empresa puede desarrollar su negocio sin tener en cuenta la regulación europea. Las empresas pequeñas tienen más dificultad para hacer eso de una forma más ambiciosa, pero también tienen sus medios para integrarse y defender sus intereses. Pero es verdad que una de las claves de nuestro desafío como españoles es el tamaño medio de las empresas, que es más pequeño que el de nuestros competidores más inmediatos.

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