Feria de Jerez

La ‘prueba’ del alumbrado

  • Al encendido del millón de bombillas que ilumina la Feria le sigue una desbandada de público mentalizado en dejar intacta la cartera hasta la llegada de los días grandes

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El tranvía no llega todavía a la portada de la Feria. Ni se le espera durante muchos años más. En esta edición, tras una década consecutiva de amenazas y huelgas, el autobús sí paró con normalidad en la Avenida. Pero ni por esas se desprenden algunos de su utilitario: lo mismo les da ir a comprar pipas a la vuelta de la esquina, que girar y girar sobre el recinto ferial durante dos horas buscando un aparcamiento libre. Al final, a última hora, se conforman con ver los fuegos artificiales a través del parabrisas. Menos mal que la Policía Local vuelve a estar de brazos caídos y, en principio, promete no amargar la fiesta a los contribuyentes. Hoy mismo aparecerá un bando municipal mediante el cual volverán los coches a las aceras y a invadir el último milímetro de vía pública. Qué alivio. Con razón muchos echan el cierre estos días por fiesta.

A la ‘prueba’ del alumbrado, como se le llamaba antiguamente, hay que llegar a pie, en coche, en bus o como sea, pero hay que llegar. A la banda municipal, desde luego, no le importa mucho la movilidad porque acude puntual a la cita y su repertorio no se mueve desde hace décadas: Paquito el Chocolatero y Manolete no faltaron para amenizar los momentos previos a la clásica inauguración oficial del alumbrado de anoche, que se cerró con el himno de Andalucía. Ese ambiente retro se repite más que el ajo en el gazpacho y lo cierto es que aporta ese eterno aire pueblerino a una ciudad que aspira desde siempre a ser de las grandes de la región.

En esos instantes previos el González Hontoria pareció pequeñísimo. No había hueco libre. Las palmeras del paseo miraban de lado, todavía a esas horas con cientos de cartelitos colgados con personal buscando colocarse durante la Feria. Llamaba la atención el de Harry, que dice que "domina tres idiomas" y se considera un tipo "serio y puntual". Nuestros gobernantes podrán ser serios pero, a menudo, su puntualidad deja mucho que desear. A la cita de anoche, eso sí, la alcaldesa llegó en tiempo y forma. Yeso que no debió de dar abasto con tanto jaleo de motorada y entrega de trofeos a los nuestros en el circuito. Con carácter previo, su equipo de gobierno municipal, y muchos otros más desplazados hasta el templete, hacían de anfitriones a la expedición vasca, encabezada por el consejero de Industria, Bernabé Undá, y la viceconsejera de Turismo, Pilar Zorrilla. González Byass empezó a repartir fino bien frío y la cosa se fue animando. Una croquetita por aquí, un pescaíto frito por allí. Paco Lebrero, el teniente delegado de Fomento, resoplaba al calor de la fritura, mientras el primer teniente de alcalde, Casto Sánchez, tarareaba por bajini el himno de Blas Infante. Hubo hasta díscolos comentando en los corrillos, a modo de metáfora, que las confianzas nunca son buenas... Que se lo digan a Dani Pedrosa, que por fiarse de todo quisque fue ayer primero durante gran parte de la carrera y sucumbió al final a la garra y el empuje de Lorenzo.

Abajo, las tertulias del albero se amontonaban unas tras otras para impedir el paso con ese garbo y estilo tan propio de la Feria de Jerez. En el templete municipal, como decíamos más arriba, había montones de políticos apretujados buscando un enchufe. No piensen mal; me refiero al que daba corriente al interruptor que apretó la alcaldesa y compañía para encender el alumbrado. Por lo menos un millón de bombillas

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