Festival de Jerez

La danza contra las desigualdades

  • Los ponentes resaltan la actitud de Maya por equiparar los derechos entre razas

El Centro Andaluz de Flamenco (CAF) volvió a reunir ayer a grandes amigos del desaparecido bailaor Mario Maya. En la última sesión de las jornadas técnicas en torno a esta figura del flamenco, el auditorio del CAF albergó una de las citas más emotivas de esta iniciativa cultural. Desde Javier Latorre, Goyo Montero y José Yáñez, hasta los más jóvenes artistas (pero no menos profesionales) como la hija del bailaor, Belén Maya e Israel Galván. En esta ocasión se realizó un análisis de la obra coreográfica del artista cordobés, en el que se dejó constancia desde el primer momento del carácter innovador de este gran maestro de los escenarios. “Este homenaje es merecidísimo. Mario Maya es un personaje imprescindible para entender la historia del flamenco y de la coreografía. Es una muestra de respeto necesaria”, resaltó Latorre, quien también señaló que “es un grandísimo bailaor y un buenísimo coreógrafo. Fue el primero que abiertamente en una época durísima usa el flamenco como protesta contra el régimen y contra la marginación de su raza. Abrió un filón en danza”. Todos los ponentes resaltaron la capacidad del bailaor en la danza para contar sentimientos, para luchar con tras las injusticias y para reivindicar la igualdad de raza. “La última gran obra de Mario fue sin duda Réquiem. A partir de aquí, podemos decir que desgraciadamente hay una serie de años vacíos porque no tuvo las herramientas necesarias para volver con el mismo nivel. Las personas que le habían dado la posibilidad de realizar este sueño, de continuar con estos grandes proyectos, es patético que fueran los mismos que se lo quitaron”, apuntó Montero. La escuela de Maya se hace patente hoy en día. Sus antiguos alumnos no han perdido las ganas de contar historias con su cuerpo, con su duende. “Mario consigue lo que realmente se llama coreografía, no un montaje. Es algo mucho más importante, y eso ha calado en los que estuvieron con él. Montar tres pasos lo puede hacer cualquier maestro, una coreografía es cosa de muy pocos genios”, apuntó el director y coreógrafo.

Entre los ‘discípulos’ de Mario Maya se encuentran su hija, Belén, e Israel Galván. Durante el encuentro de estos dos grandes bailaores y el público del CAF se descubrió una de las facetas más personales de Maya, su papel como maestro. “Tras estar con Mario pisé el escenario de otra forma, me daba mucha seguridad. Tengo su ‘marca’ en todo momento, aunque he seguido mi propio camino”, señaló Galván, mientras recordaba los primeros momentos que pasó con el bailaor. “Con la Compañía Andaluza de Danza me puso de solista y para mí fue un gran cambio. Trabajar con él me garantizaba que podía bailar sobre el escenario. Es la voz de mi conciencia y siempre pienso qué le parecería a él todo lo que hago. Creo que estaba muy satisfecho conmigo, pero me he quedado con las ganas de tener una última cena con él”, apuntó el artista.

La voz más emotiva la puso su hija. Los asistentes escucharon sus palabras como si del gran testimonio del bailaor se tratara. Y en cierta forma, así era. “Me llamaba mucho la atención su relación con los músicos, le hablaba de tú a tú. Anotaba en cada actuación lo que podíamos mejorar para la siguiente, era exigente y muy riguroso en su trabajo”, resaltó la bailaora. La cuestión reivindicativa nunca pasó desapercibida para su familia, hasta convertirse en una especie de bandera por la igualdad de derechos. “Me ha marcado mucho su protesta, su reivindicación, siempre quería ir más allá y sin duda, fue un valiente para su época”, apuntó Maya, quien señaló que “intentaba sacar de cada uno lo mejor, lo que según él teníamos que potenciar. Eso es lo que hacen los grandes maestros”.

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