Coronavirus Jerez

La tercera ola prolonga la destrucción de empleo

Una terraza de un bar del centro con pocos clientes tras la caída de la actividad por el coronavirus.

Una terraza de un bar del centro con pocos clientes tras la caída de la actividad por el coronavirus. / Miguel Ángel González

A finales de enero resucitó el fantasma del confinamiento en Jerez. El municipio alcanzó a mitad de mes el pico de contagios de coronavirus, pero a diferencia del inicio de la pandemia allá por marzo, cuando se decretaron dos meses de aislamiento domiciliario de la población, las autoridades sanitarias optaron en esta ocasión por el semiconfinamiento, con el cierre perimetral de la localidad y el de toda actividad no esencial.

El pasado 9 de febrero se dio el primer paso para la vuelta a la ‘nueva normalidad’ después de que Jerez lograra bajar de los mil casos por 100.000 habitantes. La Junta acordaba entonces permitir la reanudación de la actividad no esencial, pero mantenía la restricción del horario de apertura al comercio y la hostelería, a la seis de la tarde. Pese a mantenerse el toque de queda a las diez de la noche, la limitación horaria de la actividad económica se traducía en un nuevo mazazo laboral para Jerez: 719 empleos destruidos al cierre de enero y vuelta a empezar por debajo de la barrera de los 60.000 afiliados –59.285 para ser exactos–.

Pese a que la Junta de Andalucía, con las competencias como autoridad sanitaria delegadas en su territorio, fue más benévola que el Gobierno central en la designación de las actividades esenciales a las que se permitía seguir ejerciendo su actividad con normalidad entre finales de enero y principios de febrero, la caída del consumo y el miedo a salir de casa por el riesgo de contagio impusieron su ley, para engrosar así las graves pérdidas que ya arrastran los autónomos y pymes.

Por citar un ejemplo, en esta ocasión se permitió a las floristerías abrir sus puertas con idea de compensar el daño irreparable sufrido por el sector de las plantas ornamentales y la flor cortada durante el confinamiento de marzo-junio, pero a excepción quizás del Día de San Valentín, la actividad brilló por su ausencia en los negocios del ramo durante el nuevo periodo de ampliación de las restricciones, en plena tercera ola, que no deja de ser una prolongación de la agonía de la destrucción de empleo.

El año arranca con 59.285 afiliados, 719 menos de los inscritos al cierre de diciembre

Como los bares y restaurantes, de los que uno de cada tres establecimientos ha decidido seguir cerrado a cal y canto tras la relajación de las restricciones en el presente mes de febrero, no todos los establecimientos considerados esenciales del sector servicios, el más azotado sin duda por la pandemia, se aventuraron a retomar la actividad, situación que tiene reflejo en la evolución de los afiliados a la Seguridad Social, teniendo en cuenta, claro está, que los trabajadores en ERTE y los autónomos acogidos al cese de actividad son cascarón de huevo -mantienen el alta en el sistema pese a no ejercer-.

Si el motor de la economía, autónomos y pymes, gripa, el empleo se resiente. Y el dato de afiliación de enero, con 59.285 trabajadores de alta, lo corrobora como el peor desde junio, que se cerró ligeramente por debajo de los 59.200, con lo que el municipio retrocede a los niveles de después del confinamiento total.

Es también el peor dato de enero en los tres últimos años -2018 arrancó con poco más de 58.000 cotizantes- tras una caída interanual que roza los 2.300 afiliados, pues en el primer mes de 2020 se rebasaron con creces los 61.500.

El municipio jerezano vuelve a bajar cuatro meses después de la barrera de 60.000 afiliados, sobre la que se ha mantenido desde septiembre. Al mes siguiente, octubre, se estableció el techo postcovid en 61.541 cotizantes, es decir, 2.200 más de los inscritos en las listas de la Tesorería General de la Seguridad Social al cierre de enero.

Es el peor dato en términos absolutos desde junio y el peor de enero desde 2018

El panorama pinta mal para el régimen general, que se deja 686 afiliados respecto a diciembre, desplome que se dispara hasta rozar los 2.500 en el último año. En su haber, a último día de enero contaba con 45.702 cotizantes inscritos.

Por su parte, los autónomos –Régimen Especial de Trabajores Autónomos (RETA)–, que en diciembre alcanzaron su récord de 10.444 afiliados gracias al sustento del cese de actividad que les permite mantener el alta, pierden una treintena de cotizantes en enero y cierran el mes con 10.415 en su haber. En términos interanuales, el colectivo de trabajadores por cuenta propia acumula 241 afiliados más que en el arranque del año pasado.

A diferencia de los anteriores, el Régimen Especial Agrario (REASS) ha mantenido en todo momento la actividad, lo que se refleja en su evolución mensual, que apenas sufre variación respecto a diciembre, lo que se traduce en 2.306 trabajadores con alta en la Seguridad Social. En el último año, sin embargo, el REASS sufre una merma de 80 cotizantes, claro que en enero de 2020 las alertas por el coronavirus aún no se habían activado en Europa.

Los empleados del hogar regularizados –que todo hay que decirlo, son los menos– se mantienen tal cual con 846 afiliados, que en su caso supone uno más que los inscritos un mes antes y uno menos que en enero del año anterior.

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