Fiel a la túnica roja y negra hasta el final

La muerte de Fermín Bohórquez

Fermín Bohórquez dio continuidad a la larga tradición cofrade familiar, unida a la Hermandad de los Judíos, de la que fue hermano mayor.

Bohórquez, en el Martes Santo de 2011, el último en el que se vistió de hermano en Los Judíos.
Bohórquez, en el Martes Santo de 2011, el último en el que se vistió de hermano en Los Judíos.
Francisco Abuín

29 de julio 2016 - 01:00

La vocación cofrade de Fermín Bohórquez le vino marcada desde la cuna. Nada más nacer, sus padres, Fermín y Soledad, le inculcaron la fidelidad y devoción a los colores negro y rojo de la Hermandad del Desconsuelo, la cofradía de su familia y a la que ha estado muy unido hasta el final de su vida.

Los cofrades de San Mateo sienten la pérdida como un suceso muy cercano. No en vano, fue un hombre que conectaba con todos en la cofradía, sin distingos sociales. Estuvo muy en contacto con el día a día de la corporación nazarena, del mismo modo que su hermana Ana María, camarera del Señor de las Penas, como su esposa, Mercedes Domecq, que lo es de la Virgen del Desconsuelo.

No fue un cofrade de los que ven los toros desde la barrera. Bajó a la arena, se involucró en la gestión hasta haber sido hermano mayor de la hermandad y miembro de diferentes juntas de gobierno. Como anécdota, al ofrecerle Santiago Zurita el cargo de prioste, Bohórquez preguntó que qué era eso, a lo que se le respondió que es el que siempre está pendiente de los titulares de la hermandad, lo que le convenció para aceptar un cargo que ha ostentado, de forma honorífica, hasta su fallecimiento. La tradición familiar sigue tanto en las filas nazarenas, con sus nietos, como en la misma junta de gobierno actual, de la que su hijo Carlos forma parte.

Hasta el Martes Santo de 2011 estuvo vistiendo la túnica de la hermandad, siendo una figura ineludible en la presidencia del paso de palio como prioste honorario que era. "Qué maravilla, ¿verdad?", decía constantemente a todo el que se cruzaba ante él en cualquier momento del Martes Santo, una pregunta-afirmación, formulada desde la sarga del antifaz rojo que cubría su rostro. La respuesta no podía ser otra que la confirmación. En adelante, la enfermedad le impidió seguir con su sagrado ritual de cada Martes Santo; pero no fue impedimento para que cada Semana Santa estuviera en San Mateo junto a su familia viviendo los previos a la salida procesional.

Hoy será su último 'paseíllo' por las bóvedas de San Mateo. María Santísima del Desconsuelo lo recibirá del luto que envuelve a la hermandad.

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