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Coronavirus en Jerez

El Hogar Siloé resiste

  • Hasta ahora no ha habido positivos pese a que sus residentes, afectados por el VIH/Sida, son personas inmunodeprimidas

  • El confinamiento se desarrolla dentro de lo que cabe en un entorno “privilegiado”

Un residente del Hogar Siloé pasea por las instalaciones en una imagen pasada. Un residente del Hogar Siloé pasea por las instalaciones en una imagen pasada.

Un residente del Hogar Siloé pasea por las instalaciones en una imagen pasada.

"Tenemos la gran alegría de que hasta ahora nadie de los residentes es positivo, y mira que son personas con las defensas muy bajas, inmunodeprimidas, pero no se ha dado ningún caso de coronavirus ni entre los residentes ni entre el personal”, afirma Rosalía Bejarano, la presidenta de 'Siloé', la asociación que gestiona el hogar en el que residen actualmente 23 personas afectadas por el VIH/Sida.

En estos momentos la casa de acogida tiene dos plazas libres, pero las directrices marcadas por las autoridades sanitarias impiden nuevos ingresos. En muchos aspectos, este recurso asistencial de 'Siloé' sigue en esta situación tan excepcional las pautas que se marcan para los geriátricos. "Lo que pasa es que la situación que viven las residencias con tanta masificación no es comparable. Nosotros tenemos ahora 23 residentes, y la mayoría o todos están en habitaciones individuales, si quieren estar dentro pueden hacerlo y si salen fuera, por el entorno, se ponen la mascarilla".

Bejarano reconoce que la ubicación del hogar, unas amplias instalaciones, alejadas del núcleo urbano, en una cañada por la zona Sur, es "un privilegio". "Los residentes también entienden que en este caso el entorno es una ventaja y desde el primer momento han asumido lo que tienen que hacer y que deben protegerse. La colaboración ha sido absoluta tanto de los residentes, a los que se les ha habilitado una pantalla para que puedan hablar con los familiares, como del personal".

La presidenta de 'Siloé' explica que el hogar se empezó a preparar para esta situación antes de que se decretase el estado de alarma y el consiguiente confinamiento. El hecho de que el director de la casa de acogida, Antonio Barrones, sea uno de los profesionales de la Unidad de Infecciosos del hospital ayudó a implantar medidas y directrices que ya se estaban poniendo en marcha en el centro sanitario.

"Llamamos a los familiares para que no vinieran a las visitas, salvo excepciones y tomando medidas de protección para los residentes". Y sobre todo, agrega, se adoptaron precauciones para el personal que cuida de los residentes. "Fue incluso un planteamiento por parte de los trabajadores, quedarse más tiempo allí y no tener que estar tanto entrando y saliendo. Se llegó a un acuerdo, se reorganizaron los turnos a nivel laboral y se les habilitó también un sitio para que pudieran descansar".

El problema de la cocina, que siempre han llevado voluntarios, se ha solventado gracias al ofrecimiento de la cocina autogestionada de la Yedra, una iniciativa en la que colabora las Cáritas de Madre de Dios. "Nos están llevando la comida al hogar, muy buena, y cumpliendo todos los requisitos en cuanto a controles". Y los técnicos de la asociación trabajan desde sus domicilios en todo lo relacionado con la gestión administrativa, al igual que el psicólogo que está prestando ayuda, a través de vídeoconferencias, a todas las personas que participaban en un grupo de autoapoyo.

Lógicamente han quedado paralizados todos los programas que desarrollaba 'Siloé' de prevención, realización de pruebas de detección precoz y las charlas, encuentros o talleres con inmigrantes, aunque se siguen atendiendo algunas consultas telefónicamente o por vídeoconferencia.

Pero a la asociación le preocupa también la labor de cooperación que desde hace años desarrolla en Mozambique. "En el país también han empezado a tomar medidas, han cerrado el hogar que teníamos allí y a los niños los han enviado a casa. La verdad es que no sabemos qué confinamiento va a haber allí, porque las casas casi ni existen, pero bueno una vez a la semana intentamos contactar para saber cómo está la situación, compartir la experiencia de aquí y de allí". Cuenta Bejarano que están a la espera de que llegue un contenedor que se envió hace casi un mes con alimentos y otros productos, que podrían aliviar la situación de los niños.

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