Jerez comienza a despedir la ida con viento y lluvia

La hermandad culminó el tercer día de camino quedando hoy a la espera de entrar en la aldea

El capellán de la hermandad, el dominico José Gil, caminando junto a las carretas de Jerez por La Raya de Doñana.
El capellán de la hermandad, el dominico José Gil, caminando junto a las carretas de Jerez por La Raya de Doñana.
F. Abuín Doñana Fotos: Pascual / Enviados Especiales

18 de mayo 2013 - 01:00

El mal tiempo, el fuerte viento de poniente y la lluvia, esta última intensa desde las dos de la tarde en delante, junto con un tímido sol a ratos, fueron protagonistas de un día muy desapacible que dejó a Jerez en las puertas del Rocío, divisando en el horizonte la luminosidad de la aldea que ya empezó, por la tarde, a recibir a las primeras hermandades.

La presentación ante la Matriz se ha adelantado este año y que sigue hoy en sus horarios y orden de costumbre, una decisión de la hermandad Matriz almonteña que se fundamenta en la lógica de las 112 hermandades que este año llegan a El Rocío, cifra que seguirá creciendo y que ya de hecho hace casi imposible recibirlas todas el mismo día.

En la larga jornada del viernes, Doñana siguió redescubriéndose en algunos de sus más hermosos encantos, los que hacen universal este espacio y que por muchas veces que se atraviese nunca dejan de sorprender al que lo pisa.

Es el jardín de la Virgen, porque en todos sus rincones se respira Rocío en su plenitud, más aún en los arenales de Los Ánsares. Esas dunas en toda su magnitud dieron cobijo a la comitiva rociera con la segunda y última misa del camino de ida por Doñana.

Todos o casi todos alrededor del altar convirtieron ese espacio en una catedral del rocierismo bien entendido. La oración, las sevillanas convertidas en la banda sonora de la celebración y los piteros sacando notas imposibles al compás del tambor, fueron los sonidos que se fundieron en la fresca mañana en un lugar cuya altura dejaba sentir en toda su potencia el vendaval de poniente proveniente de la mar cercana, que no impidió que se produjera la perfecta sintonía y recogimiento en la consagración eucarística. Cuántos momentos, emociones e intimidades entre peregrinos y Ella atesoran esas arenas.

Los Ánsares señalan de forma sobresaliente el viernes de camino; es el emblema del día y del Jerez rociero también.

La larga jornada transcurrió sin incidentes notables desde que se partió muy temprano de la acampada para alcanzar los arenales a la hora prevista. Siguiendo la mala e inevitable costumbre de quedarse atrás, mientras que los 14 carros, los charrés, el Simpecado junto a la caballería y la mayoría de la tracción mecánica avanzaron cumpliendo el programa, los rezagados se tomaron con calma el despertar.

La concurrencia a la misa fue importante, preámbulo para la jornada que tuvo en El Sopetón la parada para el almuerzo en un terreno más amable. Pero allí arreció el temporal de viento y lluvia haciendo muy desagradable un rengue que poco dio de sí. No obstante se pudo descansar y dar buena cuenta, como se pudo, de una gastronomía que para esa parada se tiene un esmero especial.

En Palacio, breve parada para abrevar a los animales y mirar de frente la entrada al cortafuego o raya que conduce al Guaperal, última noche en el camino de ida.

Una pena que desde el almuerzo se fue desmenbrando la comitiva en su sección de motor con los que adelantaban la entrada en la aldea para ocupar sus casas dejando 'en familia' a la hermandad, un clásico de cada romería pero que en esta empezó a suceder mucho antes de lo habitual tanto por el mal tiempo como por la novedad de que desde las seis de la tarde empezó la presentación de las hermandades, cerrándose por ello los accesos a la aldea de El Rocío.

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