Jerez

Jondo patrimonio

  • Vecinos de los barrios de Santiago y San Miguel hablan de lo que significa que el flamenco sea por fin 'legalmente' universal por parte de la Unesco. Un paseo por las raíces y el futuro de este arte

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No está prohibido el cante, ni el baile, tan sólo jugar a la pelota. En las casas de vecinos de Santiago el arte fluye como si nada. Como el que se calza una zapatilla o el que se coloca con gracia una flor en el pelo. Así, fácilmente. Está dentro. Damos un paseo por el barrio después de que el flamenco haya sido declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. En la calle Nueva huele a berza que alimenta. Llueve hasta calar los huesos y a pesar de todo, en uno de los soportales un grupo de jóvenes artistas se arremolina alrededor de un cubo de aceitunas, listas para ser aliñadas. Las observan y bromean con ellas: "¡esto es lo que vamos a comer hoy!", ríen. En la saga de los Cantarote se muestran "ilusionados" por este reconocimiento del flamenco porque "ya era hora y estamos orgullosos. Ya es universal de verdad, aunque esté en todo el mundo desde hace décadas. Es una música de sentimientos en la que se le canta a todo", comenta Juan, junto a un grupo de 'niños', la mitad de ellos profesionales, algunos dedicados a la fusión, "que sigue siendo flamenco siempre que se haga con buenas intenciones". "¡A ver si este patrimonio de la Humanidad sirve para traer más trabajito al barrio!", entonan.

Un poquito más allá, en la calle Cantarería, Bastiana Romero Fernández, la madre de Tomasito, recibe en su casa al Diario. Enseña orgullosa las fotos de sus hijas y nietas, todas preciosas, ni una fea. Ha tenido ocho hijos "y para criarlos hemos pasado muchas fatigas". Vive en una casa de vecinos que fue de sus padres. Nació allí, se casó allí y ahí se quedará hasta que Dios diga. En el corral se celebran fiestas flamencas "hasta la mañana" en Navidades, algunos domingos, con buñuelos de la abuela. En torno a una candela, se hace el jolgorio, "como le gusta a Tomás". "Todo este arte flamenco no se perderá porque los niños que están saliendo ahora vienen de nuestras raíces. Aquí, mi nieta está en Soniquete y todas las tardes me da un recital 'privado' por Farruquito, en vez de quitarme el 'fregao' (ríen). Ni el de la guitarra, ni el que sale con 'ange', ni el que sale con guasa, eso sale de dentro. No se pierde". "Es una alegría que sea patrimonio, a todo el mundo le gusta pero el flamenco ha estado mal visto y discriminado. Ya era hora de que se reconociera. Qué te voy a hablar, me ha encantado este reconocimiento. Ya todo ha cambiado", asegura Bastiana, que aún acude con su familia a "fiestas de señorito", donde "nos adoran y a las que nos llaman continuamente. Yo soy otra más de las flamencas, pero me canto, me bailo, me defiendo. Me gusta también la fusión y estos varones como Machín o Michael Jackson, que eran dioses. Esto también me tira". Bastiana es familia de Tío Borrico, Sordera. "En los flamencos casi todos nos tocamos algo y este patrimonio es un premio a los mayores también", cuenta.

En la calle Ancha, en la puerta de 'La Gitanería', Rafael Agarrado asegura que es "una satisfacción porque ya el flamenco se lo merecía y es al final, una realidad". En la carnicería de al lado, Manuel, sobrino de La Paquera, se siente orgulloso de sus raíces, "aunque haya salido carnicero, tengo todo el arte en la sangre. Creo que este reconocimiento es muy importante para todos. Es una garantía para el flamenco".

Pilar lleva 20 años en la papelería Santiago y cree que es una manera de "reconocer el flamenco, aunque ya todos presumíamos de lo que tenemos aquí".

En bar Arco de Santiago, Agustín se siente "orgulloso", aunque dice que ahora "lo que hace falta es que nuestro pueblo lo promocione más y que la imagen no decaiga, que la cuna está en Jerez". Moraíto, en la puerta, se suma a estas palabras y apunta que aunque ha llegado tarde, "no es mala si la dicha es buena. El flamenco es una música del mundo y es Patrimonio de la Humanidad desde que existe. Es reconfortante que se reconozca el valor de la música de mi familia, mi gente y mi tierra. A ver si ahora se subvenciona más este arte y se acaba la Ciudad del Flamenco".

Y en la pescadería de Joaquín 'El Zambo', hasta los 'tapaculos' saltan de alegría por el reconocimiento. "Todos esperamos que esto repercuta de alguna manera: más trabajo, más turismo. Además, nos tenemos que acordar de los mayores, de los que han pasado fatigas, los que han hecho esto. Borrico, Agujetas... Porque todo lo que hay ahora no es flamenco, hay que mirar de dónde se viene. Pero vamos, el flamenco es universal y hace mucho tiempo que la gente viene a Jerez, Lebrija, Utrera, Sevilla... Casi que no hace falta que nos reconozcan nada", gesticula Joaquín. "Esto se lo tendrían que haber dado al flamenco hace ya años, por lo menos un siglo, lo que pasa que entonces Jerez era el culo de Europa y España. Hoy por lo menos esto se ha conseguido por los andaluces", dice Antonio. Y 40 años lleva Pepe 'El Cordobés' viviendo del flamenco "y esto nos ha venido perfecto, pero esto lo deberían haber visto los que ahora están arriba. Esto es como un carnet. Pero vamos, el flamenco siempre ha gustado".

Ya en San Miguel, en el popular bar Maypa, casi que no se habla de otra cosa estos días. Lo dice Paco, que lleva trabajando en este establecimiento desde hace más de 35 años. "Ha estado por aquí el guitarrista Paco Cepero, que viene todas las mañanas a desayunar, y le parece muy bien esto del patrimonio. Hasta se ha echado un cantecito, aunque no te lo creas. Esto del patrimonio puede traer más turismo por aquí, aunque ya vienen muchos visitantes", comenta.

En la acera de enfrente, en la peña colchonera un grupo de amantes del Atlético de Madrid, que también es otro arte, pasan las horas en manitas de cartas. En la barra, tomando una sin, está Antonio 'El Cañero', artista porque su madre lo parió así. Tiene un grupo flamenco que se llama 'Sabor a Plazuela', en el que prácticamente todo queda en familia. Pertenece a la peña de La Bulería. Opina que este reconocimiento "es una cosa muy bonita porque ya se lo merecía y es que el flamenco lleva aquí desde siglo XVI. Esto nos va a enriquecer culturalmente a todos, es una manera de que no quede desahuciado". Tras su charla, se marca un cantecito y le acompañan a las palmas los atléticos, y es que una cosa no está reñida con la otra. Manuel Sánchez Mesa, con 79 años, improvisa un baile ante la atenta mirada de Fernando Torres, desde un póster, claro. Luego, Manuel cuenta que duerme todavía donde su madre lo parió y asegura, entre risas, que todavía le quedan por delante 80 años más de vida. "Yo sí que me considero Patrimonio de la Humanidad, pero vamos que esto para el flamenco es lo mejor que ha creado Dios", dice.

Camino de la Plazuela, en la peña de La Bulería, Domingo Rubichi asegura que este 'premio "se lo deberían haber dado antes al flamenco. Llega un poco tarde. Todos nos hemos puesto muy contentos y esperamos que traiga cosas buenas y subvenciones. Esto hay que dedicárselo a los mayores, que ellos sí que han luchado por el flamenco, por lo que tenemos ahora".

No para de llover. Hace frío. Es la hora casi de comer. En el corazón de San Miguel vive Juana, sobrina de La Paquera. "Si Lola Flores y mi tía vivieran se tirarían de los pelos al enterarse de este reconocimiento. Es lo mejor del mundo entero". Canta y baila una mijita, aunque la edad ahora no da para muchos meneos. Enseña una foto de su juventud, vestida de flamenca "y es que esto no se puede 'aguantá', fíjate cómo era yo. Y aquí (en otros retratos) está toda mi gente, 'casaos' bien, junto al Cristo de la Expiración". No lo duda. Juana se echa por los hombros su mantoncillo de lunares, dispuesta a hacerse la foto junto al monumento a La Paquera para el reportaje. El suelo de la calle está encharcado. Ella sale igual. Posa, se ríe, mueve los brazos, se ríe otra vez y pregunta con gracia: "¿Dónde me dijo que salía esto? ¡'Ojú' qué arte!", y vuelve a reír.

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