"Ser misionero no sólo merece la pena, sino que merece la vida"
Manuel Jesús Ogalla | Misionero
El misionero claretiano Manuel Jesús Ogalla, que desde 2012 vive en Zimbabwe, visita Jerez con Manos Unidas para explicar el trabajo común llevado en la comunidad africana
Manuel Jesús Ogalla, misionero claretiano, ha compartido con Manos Unidas Jerez varios días de convivencia. Su testimonio ha estado especialmente enfocado a los más jóvenes, a los que ha querido subrayar que "tú y yo si nos unimos, cambiamos el mundo".
Ogalla nació en Cádiz hace 37 años y "desde el principio sentí la necesidad de hacer algo por los otros. Nos viene de familia". "Mis padres han sido siempre personas muy entregadas y desde chiquititos nos lo han inculcado a mi hermano y a mí. Ellos son del mundo obrero y tienen esa sensibilidad con los más pequeños, con los más necesitados. Mi hermano y yo siempre hemos tenido un proceso muy parecido, aunque él hoy es trabajador social y yo soy misionero. Ambos hemos crecido en ese ambiente de necesitar entregar la vida, de mirar la realidad, dejarse tocar".
"Yo era un tío muy 'normal', salía en Carnaval, jugaba al baloncesto, tenía amigos, amigas... Tenía una vida 'normal' pero con esa llamada a entregarme a los demás. Quise estudiar Medicina, hice Selectividad, me matriculé en Medicina y cuando era el momento de ir a clase no fui. Dije en casa que me iba al Seminario de los Claretianos en Sevilla y hasta hoy. Estoy muy contento, muy feliz", relata. ¿Por qué claretiano? "Me invitaron a una convivencia y aquello me cambió y supe que quería ser como ellos. La alegría con la que viven en el Evangelio, la vida en comunidad, la sensibilidad por los más necesitados y por las misiones. Así empezó todo".
Vive desde 2012 en Zimbabwe, y desde 2016 coordina la construcción de un colegio de Primaria, totalmente desde cero, en el área rural de Chiutsi, un proyecto que trabaja la comunidad codo con codo con Manos Unidas. También trabajan en la pastoral juvenil de la comunidad y antes de ir de misión, Ogalla también fue profesor de Secundaria durante varios años en Sevilla.
A los jóvenes que se encuentran en la misma situación en la que se encontró él antes de empezar Medicina, Ogalla les lanza un mensaje: "Toda esta movida no sólo merece la pena, sino que merece la vida". "Esto es cuestión de confianza. Si realmente sentimos que este proyecto de vida nos puede hacer feliz, ¿por qué no lanzarse? Hay que atreverse, cualquier decisión tiene riesgo. Optar por A es dejar B. Pero cuando optas por A lo más bonito es serle fiel. La felicidad no te lo da lo que estás haciendo sino la fidelidad de lo que haces, la coherencia de vida", declara.
"Nuestros jóvenes no son tontos. Están sedientos de fidelidad y a veces nuestras propuestas carecen de esa fidelidad porque jugamos a las medias tintas. Pero cuando somos coherentes, mostramos un proyecto de vida que es transformador y encima tiene una implicación social muy fuerte, eso es Evangelio puro", remarca el misionero.
Tras tantos años de trabajo con la juventud dice: "Los jóvenes buscan, no creo que estén dormidos. Los jóvenes tienen otra forma de entender el mundo pero no por eso están más dormidos que los jóvenes de ayer. La dificultad está en conectar y descubrir el lenguaje. A veces no hablamos el mismo idioma, y no me refiero sólo conceptual sino también al afectivo".
A pesar de vivir en una zona rural del país africano, Ogalla reconoce que "el mundo virtual ha entrado también en África, muy fuerte en los pueblos del sur. Cuando llegué rara era la persona que tenía un móvil y hoy es raro el que no lo tiene. La rapidez en la conexión hace que haya también rapidez en la desconexión".
Como misionero claretiano describe que la misión se sustenta en cuatro pilares. El primero el acompañamiento a las comunidades de base, "convivir con la gente, compartir el día a día"; el segundo es la formación de líderes locales, "crecer juntos, formar a líderes, sobre todo jóvenes y mujeres"; el cuarto es promover la autogestión "porque "los protagonistas de la historia es el pueblo local"; y en cuarto y último lugar, están los proyectos al desarrollo. "La cooperación internacional nunca puede ahogar la autogestión, es un suplemento que potencia los valores y fuerzas propias del pueblo. De esta forma el desarrollo es verdadero", subraya.
Este año la campaña de la misión está muy ligada al cambio climático. Ogalla remarca que "aquí cuando hablamos de desechos, allí hablamos de enfermedades. Cuando aquí hablamos de cambio climático o calentamiento del planeta, allí hablamos de pobreza. Nuestra forma de situarnos ante la sociedad y cuidar el planeta repercute en el cuidado de los seres humanos. Nuestro consumismo es injusto, porque es a costa del sufrimiento de otro".
Estas reflexiones las ha compartido con muchos jóvenes estos días en parroquias y colegios con Manos Unidas. Precisamente, la delegada de Manos Unidas Asidonia Jerez, Mercedes Gómez, avanza que la campaña anual de la entidad comienza este 7 de febrero con ayuno voluntario y la eucaristía en Capuchinos. El día 8 habrá mesas informativas en la calle, "siempre acompañados por los scouts", y la colecta del domingo estará destinada a los proyectos de este año.
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