La visita de Barack Obama

Mayetos de tierras interiores

  • Una charla con algunos de los roteños que en 1955 tuvieron que marcharse a Nueva Jarilla tras la expropiación de sus campos para que se construyera la Base Naval.

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La Base Naval que visitará Barack Obama el próximo domingo era hace 61 años unas tierras donde se cultivaban cereales, garbanzos, sandías y calabazas. Eran el sustento de unos 500 mayetos que en 1955 fueron invitados a marcharse para construir una instalación militar de uso conjunto pero sufragada en su mayor parte por los fondos que gestiona el comandante en jefe que pasado mañana la supervisará.

Aquel éxodo en la dura postguerra franquista lo reflejó el portuense Rafael Alberti en el conocido poema dedicado a la 'Rota Oriental' que empieza con la pregunta de "Rota, ¿dónde están tus huertos?" . En la penúltima estrofa de la composición, el poeta escribía:

Vayan tus barcos frutales

y tus hijos labraores

por todos los litorales

y las tierras interiores

Esas tierras interiores de la campiña jerezana fueron el destino de muchos roteños; una de ellas fue la pedanía de Nueva Jarilla, que se creó ex profeso para recolocar a parte de los labradores que se habían quedado sin nada. A día de hoy, y debido al tiempo pasado, en ella apenas quedan roteños que vivieron en primera persona aquel traslado forzoso. Eso sí, no faltan descendientes de los que acabaron aceptando el trozo de tierra que les concedió el Instituto Nacional de Colonización junto a una yunta de bueyes y una yegua 'palurda'. Apellidos compuestos tan roteños como Martín-Arroyo o Ruiz-Herrera son habituales en Nueva Jarilla porque, tal y como apunta el alcalde del núcleo, Javier Contreras, "el 60 o 70% del pueblo tiene origen roteño".

Las cifras oficiales señalan que fueron unas 50 las familias a las que se les asignó en un principio suelos en los cortijos de Jara, Jarilla y Jareta, que acabaron conformando este enclave rural jerezano. Sin embargo, José Luis Beltrán Caballero, conocido como 'Pepe Chaqueta', uno de los 'fundadores' del nuevo pueblo jerezano, cuenta que, al poco tiempo de asentarse, muchos regresaron a Rota; algunos compraron tierras más cerca de la villa; otros, en cambio, encontraron trabajo en un recinto militar que comenzaba a convertirse en la principal industria del municipio roteño abandonando así la siempre dura vida del campo. "Algunos se marcharon y dejaron hasta sus cachivaches en los barracones porque no querían ni volver", apunta Rafael Cerpa, hijo de un roteño que también aceptó labrar hectáreas en Nueva Jarilla. Los que decidieron quedarse, tuvieron que trabajar unas explotaciones de entre cinco y seis hectáreas que, con el pago de las rentas durante años, acabaron teniendo en propiedad en la década de los ochenta.

A sus 94 años, 'Pepe Chaqueta' describe aquellos primeros momentos con una clarividencia envidiable: "Fueron dos o tres años muy duros. Vivíamos en barracones porque aún no estaba hecho el pueblo y fueron años muy lluviosos; todo se llenaba de barro y era muy duro vivir así". Buena parte de aquellos primeros cultivos se los quedaba el Instituto de Colonización como pago por la cesión de las tierras -"se llevaban dos tercios", rememora- por lo que algunos desistieron ya que "no veían dinero". Eso sí, explica que a veces se podría llegar a un acuerdo con el mayoral, el encargado del Estado de cobrar el 'alquiler', para que fuera algo más flexible.

La doctora en historia Rocío Piñeiro Álvarez, que elaboró una tesis sobre la Base titulada 'Guerra y medio ambiente: una historia de la Base Aeronaval de Rota (desde 1953 hasta la actualidad)', señala en esta publicación que en 1955 podría haber unos 525 colonos en las más de 2.000 hectáreas de terreno que se acabaron expropiando entre los términos municipales de Rota y El Puerto para mayor gloria de la paz mundial. Hasta ese momento, muchos de aquellos mayetos, como el padre de Rafael Cerpa, vivían junto a sus huertos en unas humildes chozas; otros, pocos eso sí, caminaban varios kilómetros cada día desde Rota hasta sus campos, como era el caso de 'Pepe Chaqueta'. La mayoría, eso sí, tenía arrendada las tierras que cultivaban pues "los señores no querían trabajarla", explica el primero.

Pero un día llegaron las autoridades del Ministerio de Marina y, con ayuda del Ayuntamiento, les comunicaron que debían abandonar estas tierras y optar por varias alternativas. Algunos cogieron el dinero de la indemnización (por ser arrendatario la cuantía era menor) y se buscaron nuevas zonas de labranza en los pagos de Rota, Chipiona y El Puerto; otros optaron por coger un 'finiquito' menor y trasladarse a las tierras de colonización. 'Pepe Chaqueta', por ejemplo, se quedó con las 30.000 pesetas que le ofrecieron y las tierras de Nueva Jarilla. En tres años, la compañía norteamericana Brown Raymond and Walsh, que subcontrató a firmas nacionales como Dragados y Entrecanales, entre otras, y que inicialmente situó sus oficinas precisamente en el Alcázar jerezano (donde se hicieron las primeras contrataciones de personal), levantó esta vigía a la puerta del Mediterráneo.

Mientras, el Poblado de Doña Blanca o Guadalcacín fueron algunos de los destinos de estos roteños pero hubo un núcleo que quedó unido con la villa para siempre. Hasta quiso mantener su vinculación religiosa haciendo que su patrona también fuera como en Rota, la Virgen del Rosario en lugar de la Merced, que es la de Jerez. A día de hoy, el alcalde cuenta que muchos nietos de esos roteños tienen casa allí para "no perder el vínculo familiar". Incluso, en alguna que otra ocasión se han realizado actividades escolares entre los centros educativos de Rota y de Nueva Jarilla para rememorar esa historia conjunta. En uno de esos encuentros, por ejemplo, Rafael Cerpa conoció al hijo de un familiar. "Me dijo el apellido y le dije, tú eres familia mía. El chiquillo se quedó con la boca abierta", recuerda. Además, hay una caseta del recinto ferial roteño que lleva el nombre de Nueva Jarilla.

'Pepe Chaqueta', que incluso fue alcalde de esta pedanía durante ocho años en los setenta, cuenta que decidió dar el paso de aceptar el ofrecimiento de las nuevas tierras porque no tenía nada que perder. "Antes de venirme, le dije a un amigo que tenía tierras al lado mía que me iba a Nueva Jarilla porque, aunque vivíamos mal en Rota, no pensaba que fuera a peor si me venía aquí. Me vine y acerté". Tuvo suerte cuando decidió dejar aquella habitación del número 68 de la calle Calvario donde vivía con su mujer para pasar, primero, a un barracón y luego a la casa que ahora habita. Sus hectáreas comenzaron a dar frutos con los que pudo sacar adelante a sus tres hijos, siendo uno de ellos quien sigue cultivando unas tierras que, en parte, se vieron afectadas cuando se construyó la autopista entre la provincia y Sevilla y que discurre muy próxima a este núcleo rural.

Rafael Cerpa explica que sus padres también optaron por aceptar la oferta del Instituto de Colonización. "Pagaron bien, las tierras, los árboles...". Eso sí, algunos no tuvieron tanta suerte en el reparto como otros. "Había tierras que eran de labor y que estaban bien pero otras habían sido desmontadas y tardaron en ser buenas", razona. Eso sí, recuerda que en algunas asignaciones hubo cierto 'enchufe'. "Si conocías a alguien, ibas recomendado", cuenta.

A aquellos roteños originarios se le sumaron poco tiempo después gentes de otros pueblos, de Arcos, de Villamartín, de Bornos, de Espera o de Alcalá del Valle conformando así una mezcolanza provincial donde, eso sí, en ningún momento se perdió el recuerdo de aquellas huertas que describía Alberti en su 'Rota Oriental'. Hoy día, Nueva Jarilla, con sus aproximadamente 1.600 habitantes sigue mirando al campo. La visita de Obama a la Base no deja de ser una noticia más que aparece en el Diario que leen muchos de esos hijos de colonos entre partida y partida de dominó mientras echan la mañana en el Hogar del Pensionista de este pueblo tan roteño de Jerez.

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