"Rumbo y elegancia de una raza vieja"

Jerez, tiempos pasados Historias, curiosidades, recuerdos y anécdotas

Vuelve la Feria que cantara Pemán, con sus luces y sus casetas, sus atracciones y sus cacharritos, sus puestos y su paseo de caballos; con el garbo de sus mujeres vestidas de faralaes y, sobre todo, con el vino que alegra los corazones, como también dijera otro poeta.

Juan De La Plata

06 de mayo 2013 - 09:09

Pemán la definió, mucho mejor que nadie. “Feria de Jerez, rumbo y elegancia de una raza vieja”… Los demás versos del poema podrán o no gustarnos, pero de lo que no cabe duda es que ahí Pemán acertó plenamente. Porque eso es lo que ha sido siempre, y es aún, la Feria de Jerez; de abril entonces, y de mayo ahora. Una feria donde el rumbo y la elegancia de esta raza vieja a la que pertenecemos los jerezanos se pone de manifiesto, anualmente, sobre el dorado albero del Parque González Hontoria. La clase y el señorío de nuestra buena gente, hombres y mujeres, sale a relucir, más que nunca, con la primavera, y siempre, en las casetas del real, entre los finos cristales del mejor vino del mundo.

Si contemplar el paseo de caballos y enganches ya es un placer para los sentidos, ver a nuestras mujeres pasear su garbo envuelto en faralaes, es todo un lujo, una deliciosa manifestación de exquisitas sensaciones para el espíritu y para el recreo de la vista. No hay nada que comparársele pueda, ni en belleza, ni en hermosura y lozanía. Esa es nuestra feria. Así es la Feria de Jerez, la que cantara Pemán, cuya primera lectura, cuando escribió sus versos, aún no sabemos por qué, llevó a cabo en una celda de la entonces abandonada Cartuja jerezana, ante un grupo de señoras de la buena sociedad y el que fuera director de la Caja de Ahorros de Jerez, don Federico Mantaras.

Ocasionalmente, en una conversación que mantuvimos con el gran poeta gaditano, muchos años después, éste nos dio a entender que ”Feria de Abril en Jerez” no era precisamente uno de sus poemas preferidos. Poéticamente, parece que no había quedado muy satisfecho de su creación. Parecía como si este poema hubiera sido escrito por encargo o para satisfacer a alguien en concreto. Pemán, como es sabido, se casó con una jerezana de la familia Domecq. No obstante, gustara más o menos a su autor, el poema tiene cosas muy felices y, sobre todo, es muy recitable. Lo que se puso de manifiesto, en nuestra ciudad, durante muchos años, cuando los recitales poéticos estuvieron de moda y todos los recitadores o declamadores, fueran locales o extraños, lo incluían casi siempre en sus repertorios.

- Oiga usted, y eso de “rumbo y elegancia” que quiere decir.

Pues, muy sencillo: Que los jerezanos somos gente de mucho paladar, generosos, desprendidos, dadivosos, elegantes en todo. Algo que el Diccionario no acierta a definir muy bien, pero que los jerezanos, como gente rumbosa por naturaleza, sí sabemos que es. El poema pemaniano trata de ser una especie de fotografía, de retrato poético de una fiesta con muchos matices, cuando aún no era llamada “del caballo”, y en el real se mezclaban equinos, jinetes y automóviles a motor – “la hirviente cascada de coches” que diría el poeta - , mientras muchas de las atracciones se mezclaban, alternando, con las casetas de bebidas y los puestos de serrín o de pinchitos morunos; “el museo de Joselito, con la muerte de Granero”, que nunca faltaba, ni el tiro al blanco, o el misterioso oráculo que te acertaba el porvenir por unas pocas monedas.

José María Pemán es, por antonomasia, el poeta de la Feria de Jerez, poema por el que siempre recibió miles de parabienes, aunque a él no le gustara. ¿Para cuando reemplazar su busto, que hace años se llevaron de los jardines de la Rosaleda, y que yo colocaría junto al del alcalde González Hontoria, que nos hizo la feria ideal? La feria que luego otros alcaldes, queriendo ser más listos, han venido a cargarse, en parte, en su empeño de ampliarla, para hacerla más grande, más extensa; cuando ya de por si nuestra feria era lo suficientemente “grande”, en el sentido de “importante”, para que le sobraran muchos metros cuadrados y nuevas calles, que ya no se llenan como antes. Porque antes nuestra feria nos resultaba más íntima y entrañable, al tener la medida exacta de sus paseos, hechos a nuestro gusto, y no ahora que se pretende hacer para el turismo; que también es esa otra manía.

Pero, de eso, los jerezanos no tenemos la culpa. Los jerezanos, con ser rumbosos y elegantes, ya tenemos bastante para engrandecer de por sí, la mejor y más bonita feria del mundo. Una feria que tiene “más sal que sustancia”. Como debe ser. Sí señor: rumbo y elegancia… ¡Que bien lo dijo el poeta!

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último