Un hasta el año que viene a la Reina de las Marismas

El Rocío

La hermandad del Rocío de Jerez culminó ayer, con la entrada del Simpecado en Santo Domingo, una romería para el recuerdo.

La Hermandad de Jerez arriba en Sanlúcar camino de Jerez / Vídeo: Manuel Aranda
Manuel Sotelino Y Manuel Aranda

Enviados Especiales A EL ROCÍO, 09 de junio 2017 - 08:42

Sobre las doce menos veinte de la mañana, la carreta del Simpecado de la hermandad del Rocío de Jerez llegaba a Malandar para dar el salto final por la desembocadura y volver a tierras sanluqueñas por la privilegiada zona de Bajo Guía.

Era el momento donde se deja atrás las 'rodás' y las arenas para internarse, de vuelta, en el recalentado alquitrán de la carretera que conduciría a los peregrinos hasta las cercanías de Jerez, buscando ya refugio en Santo Domingo tras días de gloria rociera en una romería para el recuerdo.

Algo más tarde de las ocho de la tarde, tras el rengue por el camino y el cansancio acumulado, la hermandad llegaba a la altura de la entrada al Calvario, lugar en el que recogía las banderas y estandartes que Javier 'Palmera' guardaba con celo, para entrar por Taxdirt ya disfrutando del fresco de la tarde.

Nuevamente, las hermandades de penitencia esperaban el paso de la carreta del Simpecado para hacer el recibimiento a los rocieros jerezanos.

Justo en la zona de la plaza de Santiago, la comintivia cogió por la calle lMerced para ir buscando a la Patrona de la ciudad, la bella imagen de los mercedarios, y así rendir tributo y acción de gracias a quien también ha recogido con su manto protector a los rocieros durante estos días intensos de camino en romería.

La vuelta se hacía por la calle Muro para encarar Ancha, volver a tener ese saludo entrañable con los cofrades de la Victoria y ya ir buscando, entre las frescas sombras de las jacarandas de la Porvera, la casa definitiva de los rocieros de la ciudad durante la larga espera de un año para volver a hacerse al camino.

Los padres dominicos, quienes desde hace años llevan con esmero y alegría la direccion espiritual de la hermandad del Rocío, esperaban la entrada del Siempecado.

Fue la hora de la despedida, o del hasta luego. Pues quedó el Simpecado dentro de la iglesia conventual de Santo Domingo tras la despedida de los romeros en la zona de Cristina.

Ahora sí que el sueño ha finalizado. Ya, las arenas y el camino, sólo lo tendrán los romeros en el devenir de la vida ordinaria, que no es poco.

Y de fondo, la bella Virgen que es Reina de las Marismas. Esa imagen que impacta con tan sólo verla y que tiene la fuerza renovadora de todo un pueblo que vive con fervor apasionado la intersección de Ella. La Virgen del Rocio, la Madre de Dios.

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