Jerez

Asaja-Cádiz desata la alarma por el impacto de la sequía en el campo de la provincia

  • La asociación alerta de la merma de producción por la falta de agua, las altas temperaturas y el viento de levante

  • El informe apunta serios daños en la práctica totalidad de los cultivos, con especial incidencia en el cereal y en pastos

Superficie sembrada de trigo en la zona norte de Jerez, con el cereal espigado pese a su escaso desarrollo. Superficie sembrada de trigo en la zona norte de Jerez, con el cereal espigado pese a su escaso desarrollo.

Superficie sembrada de trigo en la zona norte de Jerez, con el cereal espigado pese a su escaso desarrollo. / Miguel Ángel González

La sequía ha hecho saltar las alarmas en el campo español, en el que la falta de precipitaciones hace estragos con especial incidencia en la provincia de Cádiz, donde la situación se agrava por el predominio de vientos de levante y las altas temperaturas, por encima incluso de 25 grados. Las previsiones apuntan a una primavera seca y calurosa, en línea con las condiciones meteorológicas de los últimos meses.

“El cambio climático ya está aquí”, asegura tajante el presidente de Asaja-Cádiz, Pedro Gallardo –ver información anexa–, quien tras un año como el de 2018 de copiosas lluvias, ya da por segura una importante merma de la producción agrícola y ganadera en la presente campaña, handicap al que se unen los bajos precios internacionales de cultivos como el cereal –al resto de Europa no afecta la falta de lluvias– entre los más perjudicados hasta la fecha junto a los pastos.

Cádiz y Málaga han sido las dos primeras provincias en responder al llamamiento de Asaja-Nacional, cuyo comité directivo ha solicitado a las asociaciones provinciales que informen sobre la situación de la sequía en las zonas afectadas –prácticamente todo el país, menos la cornisa cantábrica– para ponerlo en conocimiento del Ministerio de Agricultura y pedirle que adopte las medidas necesarias para paliarlo.

Gallardo no recuerda ningún año con tantas semanas seguidas sin agua y, sobre todo, con predominio de los vientos de levante, “que actúan como un secador”, señala el responsable agrario, quien pese a que los embalses de la cuenca acumulan suficientes reservas para garantizar la dotación de riegos, recuerda que “el año pasado se comenzó a regar en junio y en la presente campaña ya llevamos dos semanas tirando de riegos, con lo que los pantanos se resentirán”.

La situación por cultivos, según el informe de Asaja-Cádiz, afecta sobre todo a los cereales de siembra temprana, si bien la asociación alerta de que “si no llueve en breve, la producción se verá seriamente afectada”, de tal manera que “cultivos que se sembraron a finales de noviembre y a principios de diciembre están prácticamente espigados en su totalidad sin haber alcanzado el desarrollo normal, mientras que las siembras más tardías empiezan a padecer la falta de agua”.

La superficie de oleaginosas y leguminosas de siembra reciente, marcadas por una nascencia irregular, “también se está viendo seriamente perjudicada”, señala Asaja-Cádiz, que también apunta al adelanto del brote de yemas en la viña, cultivo que aguanta mejor el tipo por el alto poder de retención de humedad de las tierras albarizas características de la zona.

En el olivar, que lleva dos semanas recibiendo riegos, también se prevé una caída de la producción por la falta de agua, situación similar a la que atraviesan los almendros, “especialmente afectados por los vientos de levante con pérdida de hojas y flor”.

Las sacas de corcho se pueden resentir igualmente del estrés hídrico por la ausencia de lluvias, indica Asaja, desde la que se informa del incremento de costes en cítricos y aguacates por la necesidad de riegos con agua de pozo. También suben los costes por el aporte de agua a las hortícolas al aire libre, que en invierno han recibido los tres o cuatro riegos que no suelen ser necesarios, Y en el arroz puede haber un exceso de demanda de agua para las labores de inundación.

El cultivo de la remolacha es de los pocos que se salvan por estar menos expuesto a las inclemencias del tiempo al tratarse de un tubérculo protegido bajo tierra. Y los ganaderos, en la mayoría de los casos, han tenido que duplicar el aporte de alimentación por el lento y escaso desarrollo de los pastos.

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