Centro histórico

El deterioro del adoquín jerezano

  • La opinión pública se divide en las posibles soluciones, pero coinciden en remediar el problema cuanto antes

  • No son pocas las calles adoquinadas con serios problemas

Adoquinado de la calle Juana de Dios Lacoste Adoquinado de la calle Juana de Dios Lacoste

Adoquinado de la calle Juana de Dios Lacoste / Pascual

El adoquinado de Jerez ha pasado a ser en los últimos meses uno de los temas más comentados y debatidos de la ciudad. Aún más en estos días atrás en los que se ha reabierto el debate tras la anunciada marea negra en la zona de Esteve, Corredera y Santa María. Algo que posteriormente se ha corregido por parte del gobierno local, que ha indicado que la intención es realizar pasos de peatones en adoquín y una banda de rodadura de adoquín delimitatoria de carriles. La calzada iría en asfalto pero delimitada por una banda de adoquín. Una medida que podría servir de lazo de unión entre lo detractores del adoquín y los del asfalto.

No sólo el debate se centra en Esteve, sino que parte de la opinión pública ya habla de un problema generalizado en todas aquellas zonas donde hay adoquín. Y no se refieren a si hay que asfaltar o adoquinar, no. Se refieren a que hay que poner solución a calles que están impracticables para los vehículos y para las propias personas. Luego, habrá que ver esa solución.

Hablan, por ejemplo, de José Luis Díez. Una zona muy transitada por ciudadanos que acuden al Ambulatorio y que presenta un elevado desnivel, grietas importantes y algunos socavones que peligran el transitar de los peatones.

Algo parecido ocurre en la zona de Carpintería Baja, la cuál mantiene desde hace ya tiempo un estado lamentable, o Caballero, en la que la imagen habla por sí sola, con parches de alquitrán en zonas afectadas del adoquín.

Un vecino de Porvera se echaba las manos a la cabeza cuando observó como quedó la acera del comienzo de Chancillería tras las obras realizadas días atrás. “Ya que han hecho las obras podrían haber arreglado ese pequeño tramo de acera. El estado en el que se encuentra ahora mismo es muy peligroso para todos los peatones que circulan por la calle, que no son pocos. Ya han sido varios los que se han caído en este tramo, que se encuentra así porque es una zona de carga y descarga de camiones, que al pasar o estacionar se llevan por delante la acera”, explicaba.

Ante la necesidad de una solución inminente en casi todas las zonas en las que existe adoquín, la ciudad se divide en dos para establecer una solución. Por un lado los que, respetando ciertas zonas del centro histórico, optan por asfaltar las calles. Es el caso de taxistas y comerciantes, que ven en el alquitrán la solución más económica y coherente para algunos lugares de la ciudad. “A todos nos gusta el adoquín, y queremos que se mantenga en ciertas zonas, pero hay que adaptarse a los nuevos tiempos y ser coherentes”, argumentaban Manuel García, presidente de Asunico, a este mismo medio en días anteriores.

En cambio, los abanderados del adoquín en la ciudad como seña de identidad también muestran sus argumentos para que este tipo de pavimento continúe siendo participe en Jerez y no se extinga poco a poco. Uno de sus defensores más acérrimos es Manuel Ángel González Fustegueras, arquitecto y antiguo delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Jerez. Fustegueras no duda en que el adoquín es necesario en la ciudad. Cree que comenzar con la marea negra en zonas del centro histórico “podría volver a reproducir una de las mayores chapuzas consumadas en Jerez en los años 70 del siglo pasado, cuando la ‘marea negra’ se comió al adoquín de nuestras calles, y que tuvo como consecuencias: la desaparición de aceras, el fomento del automóvil en el centro histórico, problemas de evacuación de aguas, una ciudad gris y carente de personalidad, y en conjunto, un aspecto deplorable del pavimento, aumentado por la discontinuidad y los parches que las frecuentes reparaciones originan en el asfalto”.

Esto no quiere decir que se deje todo como está. El urbanista aboga por una solución urgente, pero eficaz para la ciudad. Reconoce que “es cierto que para el tránsito de vehículos, ¡a velocidades superiores a los 50 km/h!, es incómodo para los conductores y más ruidoso, pero ¿no quedamos en que lo ideal para el centro histórico es pacificar el tráfico y que sea lo más peatonal posible?”.

Sus argumentos a favor de renovar todo el adoquinado del centro histórico son claros: “El adoquinado de granito no es solo un noble asiento de piedra de aspecto unitario y armonioso que permite muchas posibilidades de diseño, sino que además se puede levantar y colocar nuevamente de forma simple y económica cuando se requiera para instalar o reparar cualquier conexión subterránea y sin dejar señales en el pavimento”, explica, concluyendo que “diseñado y construido apropiadamente es capaz de soportar cargas muy altas, es duradero, con buena adherencia, elevada resistencia al desgaste y no precisa tanta pendiente para la evacuación de aguas pluviales”.

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