Crisis del sector agrario por los bajos precios

"Todos tenemos que apretarnos el cinturón menos el agricultor, que no da más"

  • Productor y mayorista, Jesús García analiza de abajo arriba la formación de precios en la cadena alimentaria

  • Sostiene que los márgenes son ya muy ajustados en todos los eslabones, aunque defiende el establecimiento de precios mínimos en origen para evitar la venta a pérdidas

Jesús García posas con unas naranjas en las instalaciones de Gaditana de Frutas, su empresa mayorista en Mercajerez. Jesús García posas con unas naranjas en las instalaciones de Gaditana de Frutas, su empresa mayorista en Mercajerez.

Jesús García posas con unas naranjas en las instalaciones de Gaditana de Frutas, su empresa mayorista en Mercajerez. / Pascual

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso a las grandes cadenas de distribución en el punto de mira en la crisis de precios que ha provocado el estallido de los agricultores y ganaderos. Es “absolutamente inaceptable” que los precios en origen “bajen, bajen y bajen”, manifestó Sánchez después de pedir un ejercicio de “autocrítica” a los supermercados y de apelar a la necesidad de introducir mayor transparencia en la cadena alimentaria.

Pero la tabla de reivindicaciones de las organizaciones agrarias y las cooperativas, en plena ebullición de las movilizaciones que mantendrán hasta tener soluciones tangibles y duraderas sobre la mesa, va mucho más allá del análisis superficial del presidente, entre otros motivos, porque sólo los impuestos llegan a representar del orden del 40% del coste final de los alimentos. ¿A quien corresponde, pues, hacer examen de conciencia?

El campo de la provincia se unirá el próximo martes a la campaña nacional de movilizaciones con una tractorada y concentraciones en Villamartín, jornada de protesta en la que estarán presentes Jesús y Miguel García, agricultores, mayoristas y descendientes de distribuidores; por tanto, conocedores de primera mano de los principales eslabones de la cadena que condicionan la formación de precios de los alimentos.

Los hermanos García regentan Cítricos Guadalete, una explotación agrícola de unas 30 hectáreas en San Isidro del Guadalete dedicada en exclusiva a la producción de naranjas, que comercializan en Mercajerez a través de Gaditana de Frutas, su propia empresa mayorista. También conocen bien la distribución por la experiencia de su padre y sus tíos, titulares en su día de una cadena de tiendas –García Morales– que llegó a contar con cuarenta puntos de venta en la provincia y que, “como el 90% de las cadenas familiares, se fue a pique tras la llegada de las grandes superficies”, detalla Jesús.

El citricultor y mayorista jerezano junto al cargamento de naranjas para su venta al por mayor. El citricultor y mayorista jerezano junto al cargamento de naranjas para su venta al por mayor.

El citricultor y mayorista jerezano junto al cargamento de naranjas para su venta al por mayor. / Pascual

Este productor y mayorista lo tiene claro. Por disparatado que parezca el diferencial de lo que percibe el agricultor y lo que paga el consumidor –según el último índice que elabora Coag, correspondiente al mes de enero, el precio de los alimentos se cuadruplicó entre el origen y el destino–, en la cadena alimentaria hay poco que rascar porque los márgenes, que “son muy reducidos”, están medidos al céntimo. Y aunque sostiene que todos tienen que apretarse el cinturón, salvo el agricultor, “al que no se puede presionar más porque está al límite”, entiende que la solución exige una revisión de todos los factores que influyen en la formación de precios, incluidos impuestos, gasóleo agrícola, electricidad...

Todo ello, sin perder de vista que el sector primario juega un papel fundamental en la sociedad, tanto por la necesidad de preservar la seguridad y soberanía alimentaria, el acceso a un producto de primera necesidad como son los alimentos, como por la fijación de la población al medio rural frente al avance de la España vaciada.

“Cada eslabón de la cadena tiene lo suyo y no se puede eliminar a ninguno”, explica Jesús García, que en su día barajó la posibilidad de adentrarse en la manipulación y envasado de los alimentos, opción que descartó finalmente porque no salían los números tratándose, como se trata, de un negocio basado en la proximidad, como recalca su lema comercial: ‘Del árbol a su casa en menos de 24 horas’.

La naranja, el campo que domina, se cotiza en la actualidad a 25 céntimos el kilo en origen, mientras que el precio en destino puede oscilar entre los 50 céntimos, en las tiendas de barrio, y los 80-90 céntimos, en supermercados. Las hay más caras, reconoce, pero se trata de productos muy selectos que no vienen al caso.

El de este año “es un precio digno”, afirma Jesús García en su condición de empresario agrícola, perspectiva desde la que, sin embargo, hace un balance “nefasto” de los últimos diez años, en los que asegura que “se han quedado cosechas de naranja en el campo sin recoger porque se pagaba a la mitad, y sólo la recolección tiene un coste de 5 a 7 céntimos, a lo que hay que añadir la amortización de maquinaria, el agua, el gasóil, los impuestos, la mano de obra... y los robos, que están a la orden del día en el campo” –los hermanos García denunciaron el año pasado una veintena de robos y eso que tienen contratado el servicio de guardería rural de Asaja–.

El precio de los alimentos es especialmente sensible a la oferta y la demanda, “funciona igual que la Bolsa”, por lo que puede variar de un día para otro, indica García, partidario del establecimiento de un precio mínimo en origen frente a la práctica actual del mejor postor para evitar la venta a pérdidas, es decir, por debajo de los costes de producción.

Imagen del interior de Mercajerez con las fruta y hortalizas dispuestas para su venta. Imagen del interior de Mercajerez con las fruta y hortalizas dispuestas para su venta.

Imagen del interior de Mercajerez con las fruta y hortalizas dispuestas para su venta. / Pascual

Los hermanos García mantienen el monocultivo de cítricos para optimizar la inversión en maquinaria. Los agricultores, como los toreros, están hechos de otra pasta, porque “en este sector te arruinas muchas veces y te vuelves a levantar. Somos masoquistas, aunque hay que tener pulmón, porque en un año muy malo puedes desaparecer”, explica este citricultor.

Sin quitarse el traje de agricultor, Jesús García duda de que la empresa agrícola hubiese podido subsistir sin la rama comercial del negocio mayorista. Gaditana de Frutas promulga el comercio justo, por lo que además de la cosecha propia de unos 800.000 kilos anuales, tratan directamente con otra decena de citricultores de la provincia, Sevilla, Huelva y Córdoba hasta alcanzar los 2.250.000 kilos en ventas anuales de naranjas.

El margen de los mayoristas, del que hay que descontar el transporte que viene a ser el 10%, tampoco da para muchas alegrías, por lo que la rentabilidad en este eslabón de la cadena, y no es el único, depende del volumen. El precio de venta al por mayor en estos días del kilo de naranja ronda los 33 céntimos, ocho céntimos más que el que percibe el agricultor, de los que hay que descontar unos tres céntimos del transportista. A lo sumo, quedan cuatro o cinco céntimos para el mayorista, que tiene que hacer frente, no obstante, al alquiler de las instalaciones de Mercajerez, la luz, el agua y, por supuesto, el personal.

En este paso intermedio hay riesgo, además, de quedarse con alguna partida colgada, cuyo coste asume el mayorista y que, en el caso de los hermanos García, destinan a distintas oenegés de la ciudad como el Hogar de San Juan o Siloé.

Gaditana de Frutas no trabaja con grandes supermercados, sólo con comerciantes de las plazas de abastos y tiendas de barrio en las que pueden encontrarse ofertas de tres kilos de naranja por 1,50 euros, precio en el que también se incluye el transporte. Los hermanos García hacen una encendida defensa de la figura de estos tenderos, el siguiente escalón dentro de la cadena de distribución que, entre otros factores, también está condicionado por márgenes escasos. Como los mayoristas, garantizan la frescura del producto, trabajan más de 70 horas a la semana, madrugan y, si caen enfermos, “no cobran, pero tienen que seguir pagando la cuota de autónomo, impuestos, local...”, explica Miguel García, no sin recalcar que, al igual que la agricultura contribuye a evitar la despoblación de los pueblos, las tiendas dan vida a los barrios, “sin los que estarían muertos a las siete de la tarde”.

Otra imagen de Jesús Aguirre, propietario junto a su hermano Miguel del negocio mayorista y de una empresa agrícola de naranjas. Otra imagen de Jesús Aguirre, propietario junto a su hermano Miguel del negocio mayorista y de una empresa agrícola de naranjas.

Otra imagen de Jesús Aguirre, propietario junto a su hermano Miguel del negocio mayorista y de una empresa agrícola de naranjas. / Pascual

Estos tenderos cierran el círculo de comercio tradicional de proximidad que caracteriza al negocio de los hermanos García, pero hay otra vía que abastece a la gran distribución, y que tiene a los grandes empresarios agrícolas, las cooperativas y supermercados como protagonistas.

Las cooperativas, una de las formas de agrupación a las que el Ministerio de Agricultura anima a los agricultores a integrarse para tener más fuerza, también ejercen de mayoristas, sólo que por norma general, abarcan la manipulación de los alimentos, que el caso de la naranja supone preselección, lavado, presecado, enceradora, túnel de secado, calibradora, mesa de selección y llenado. Y eso tiene un coste para el consumidor, aunque "a las naranjas no les hace falta pasar por la peluquería, lo que importa es lo de dentro". 

Alguna cooperativa se ha animado incluso a montar su propia red de distribución para la venta directa al público, caso de Las Virtudes de Conil, que finalmente desistió porque no le vio resultados, explica Jesús García, quien equipara el riesgo de esta aventura al que asumen las superficies, cuyas mermas son proporcionales al volumen de frutas y hortalizas que tienen en exposición.

Según García, “las grandes cadenas están inmersas en una guerra por ganar cuota de mercado y aprietan tela”, lo que al final repercute en el agricultor, el eslabón más débil de la cadena y que “ni siquiera sabe a cuánto van a liquidarle la cosecha cuando la entrega en la cooperativa”.

En todo caso, apostilla el citricultor y mayorista en su repaso de abajo arriba de la formación de precios de los alimentos, “el margen de las grandes superficies también es muy ajustado”.

Los hermanos García crearon su propia marca de naranjas, paso que animan a dar a otros agricultores para diferenciarse, a lo que contribuye que “la Vega del Guadalete tiene las mejores tierras”. “Tenemos un diamante en bruto que algún día explotará”, desliza este citricultor en un mensaje velado a las instituciones públicas, por si algún día deciden recoge el guante y dar su apoyo a un proyecto que aporte valor añadido a las producciones de la zona. Como en su día hizo el ex ministro de Agricultura Miguel Arias, “que puso las herramientas para impulsar los cultivos de primor, pero se quedó en oportunidad perdida”

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