Jerez

“He tenido que dejar mi trabajo para poder atender a mis hijas en el colegio”

  • José Miguel se suma a las críticas por la falta de atención que reciben sus dos niñas con autismo en su centro escolar

José Miguel Briante espera en la puerta del colegio de sus hijas por si precisan de algún tipo de ayuda José Miguel Briante espera en la puerta del colegio de sus hijas por si precisan de algún tipo de ayuda

José Miguel Briante espera en la puerta del colegio de sus hijas por si precisan de algún tipo de ayuda / Manuel Aranda

José Miguel Briante es otro de los padres afectados por la ausencia de monitores a tiempo completo en el horario de clase de sus hijos con diversidad funcional. Este medio daba a conocer en su pasada edición el caso de Ana Aliaño y su hijo de 3 años Manuel Jesús, pero no es la única que denuncia este hecho. José Miguel tiene dos hijas de 4 años, gemelas y ambas con autismo. Este padre reclama “lo que indica la ley: un monitor especializado para mis hijas dependientes mientras permanezcan en el colegio. Eso está recogido en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía”.

Sus dos hijas comenzaron su primera etapa escolar el pasado 9 de septiembre y “ese mismo día me informaron de que Educación tan sólo había asignado a mis hijas dos horas de monitor al día, a pesar de que el centro había solicitado monitor para las cinco horas de clase, comedor y clases extraescolares. Ahora están en la fase de adaptación, pero más adelante ellas están en el comedor y clases extraescolares, por lo que permanecerán en el centro desde las 09:00 horas hasta las 17:00 horas”, explica este padre. “Y todo ese tiempo yo tengo que estar en la puerta del colegio o cerca de él por si mis hijas necesitan algo, porque si me voy y precisan de mi ayuda, que es lo normal, tengo que volver, y ellas ‘tienen la mala costumbre’ de no ponerse de acuerdo para hacer sus necesidades”, cuenta José Miguel en un tono sarcástico.

Una de sus hijas se ensució con un charco de barro hace pocos días y “tardé 45 minutos en llegar al colegio para cambiarle la ropa porque en ese momento estaba en mi casa, con el estrés consiguiente que me crea a mí saber que mi hija, que tiene alergia a la humedad, lleva 45 minutos mojada de barro sin que nadie pueda hacer nada, por culpa de que no le están asignando unos derechos reconocidos”.

El colegio afectado, en este caso, es el CEIP Nuestra Señora de la Paz, situado en la barriada de La Asunción. “Mis hijas necesitan un monitor con ellas en todo momento, pero es que además en su clase hay otro niño más en la misma situación. Sólo en su clase son 3, pero en todo el colegio hay más niños con diversidad funcional”. Esto es un problema, reconoce José Miguel, “porque sólo hay una monitora para todos ellos. Si en las dos horas que está en el colegio debe atender cualquier necesidad de otra clase, como es lógico, mis hijas y el otro compañero de su clase se quedan sin atención”.

Una situación que, explica Briante, no sólo afecta a los niños, sino también a sus padres. “Yo tengo dos personas dependientes las 24 horas del día, pero al menos que en mientras estén en el colegio nuestros hijos puedan estar bien atendidos por profesionales y los padres podamos estar un poco más tranquilos”. La situación personal de José Miguel es tan delicada que ha tenido que dejar su trabajo. “La necesidad de estar atento a mis dos hijas mientras están en el colegio me ha obligado a dejar mi trabajo”, explica Briante, que asegura acudir cada día a la puerta del colegio Nuestra Señora de la Paz durante el horario de clase. “Yo no tengo vehículo y se me hace muy complicado ir y volver constantemente al colegio, sobre todo con un carro de dos niñas. Yo todos los días me siento en la puerta con el carro al lado y me quedo allí esperando”, señala, añadiendo que “el primer día que fui me recorrí 19 kilómetros andando del colegio a mi casa y de mi casa al colegio”. Su propia mujer “ha tenido que pedir vacaciones ahora para acudir por la mañana al colegio y que yo pueda ir a la Delegación de Cádiz a realizar las pertinentes reclamaciones”.

El propio centro se ha puesto a disposición de los padres de estos niños para ofrecer la información que necesiten y asesorarles, pero “lo único que puede hacer ahora es gestionar de la mejor forma posible los recursos que les han enviado desde la Junta”, asegura José Miguel. “La realidad es que mis hijas están atendidas en la medida que yo pueda integrar a sus profesores e involucrarlos en su educación. Es decir, yo dependo de la buena voluntad de los profesionales de la educación, porque los profesores no están obligados a atender las necesidades de estos niños, porque tampoco conocen a fondo si situación. Mis hijas, por ejemplo, por su condición interpretan las caricias de otra forma y no la reciben bien. Un profesor no tiene por qué saber eso, algo que sí sabe una monitora especializada”.

Es una situación que viven algunos colegios, pero no todos. Por ello, José Miguel “no entiende el criterio que han seguido para asignar los monitores. No tiene ningún sentido”, afirma. “Además, hasta el año pasado, tú podías elegir el centro para tu hijo y Educación mandaba los recursos a ese centro. Ahora, con la nueva ordenanza, tú tienes que inscribir al niño donde estén los recursos, esté ese colegio cerca de tu casa o no”.

Este padre, según deja entrever, se encuentra en una situación límite. “Sé que esto es una carrera de fondo, pero lo que están haciendo con mis hijas y otros muchos niños es decirnos en la cara que somos unos ciudadanos de segunda, o de tercera”.

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