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David Fernández
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Para los más viejos del lugar y también para los más jóvenes, que el río Guadalete se desborde no es, desgraciadamente, nada nuevo. En las últimas semanas de actualidad, pero las informaciones sobre las inundaciones históricas ponen el acento en el pasado siglo XX, donde el río llegó a desbordarse casi en una decena de ocasiones. Incluso hay datos de una inundación devastadora ocurrida en marzo de 1618, aunque los daños son indefinidos por falta de información.
En el siglo pasado, la ciudad y el municipio han sido testigos de algunas de las riadas que han marcado la historia reciente de Jerez.
La primera gran inundación documentada del siglo XX ocurrió en los primeros días de marzo de 1917, cuando el Guadalete alcanzó niveles récord, desbordándose en localidades de la Sierra de Cádiz, Arcos y la Junta de los Ríos. Esta riada tuvo consecuencias devastadoras. El puente de La Florida, en La Barca, colapsó, cortando la línea de suministro de agua potable que abastecía a Jerez desde el embalse de Tempul. Como resultado, la ciudad estuvo sin agua durante varios días. El desastre dejó a los jerezanos sin el recurso más básico, poniendo en evidencia la dependencia de las infraestructuras locales ante eventos meteorológicos extremos.
Esta primera riada del siglo XX fue la más importante documentada debido a los daños que ocasionó, y es que la crecida del río dejó sin abastecimiento de agua a todo el entorno de Jerez durante varios días debido a que en aquella época la ciudad solo recibía agua de un embalse, Guadalcacín 1. Se produjo el desborde tanto del Guadalete como del Majaceite, destruyendo el 6 de marzo el puente de La Florida donde se encontraba por entonces la única vía de entrada para el agua de la ciudad: la tubería de Tempul.
Julio González Hontoria, entonces alcalde de Jerez, declaraba en El Guadalete, periódico de la ciudad: “Según me comunica la Gerencia de la Sociedad anónima de abastecimiento de agua, con motivo del hundimiento del puente de La Florida ha sido cortada la tubería de conducción de aguas del Tempul que sobre él pasaba impidiendo la entrada a los depósitos y no quedando por tanto más agua que la que estos contienen para abastecer por unos días la población”.
El edil de la ciudad prevenía a los jerezanos que, debido al desconocimiento de los daños causados, “el suministro de agua al vecindario para beber y guisar exclusivamente, se efectuará situando botas al pie de las fuentes públicas y en el depósito del Tempul donde se facilitará individualmente la necesaria para usos indicados”.
Los recortes posteriores hablan de huracanes que causaron daños irreparables en toda la provincia. La corriente impetuosa del Guadalete inundó toda la campiña, arrasó con los huertos y destruyó la cosechas, ahogando a varios animales. Los vecinos de la zona, debido a la rapidez con la que el agua penetró en las calles, tuvieron que refugiarse en los tejados de sus casas. Las comunicaciones quedaron completamente muertas, afectando tanto a carreteras como a las líneas telefónicas y telegráficas.
En el centro de Jerez hablan claramente de daños causados en calles como Plata, donde se hundió el techo; Méndez Núñez, donde una bodega se derrumbó, o Cazón. Se refieren a una desocupación en una escuela en la calle Ventura Misa y la caída de varios árboles en las alamedas de Fortún y Torres y las calles Pérez Galdós, Taxdirt, Esteve, Carmen Benítez o Santo Domingo. No es de extrañar que debido a estos daños los periódicos hablaran de ‘salvamentos heroicos’ por las numerosas personas en peligro. La reparación posterior de la cañería fue obra del ingeniero de la Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas, Antonio Gallegos.
La siguiente riada sería la acontecida entre los días 3 y 7 de junio de 1930. A causa de lo ocurrido en 1917, ya en 1927 se había acabado de construir el puente de San Patricio, por el ingeniero Eduardo Torroja, que suponía un hito en materia de infraestructura al ser el primer puente pretensado construido en España a una altura mucho superior que el que fue derribado por las inundaciones en el 1917, asegurando así que aunque el río creciera no se pusiera en peligro el abastecimiento de agua. Aún así, los informes sí hablan de víctimas mortales y destrucción en viviendas, vías de comunicación y agricultura. En esta riada, la presa de Guadalcacín llegó a evacuar hasta 1.320 metros cúbicos por segundo.
Entorno a Jerez, la magnífica página web de los hermanos José y Agustín García Lázaro, recoge que el sábado 7 de junio de 1930, el Diario de Jerez anunciaba en titulares: “Daños provocados por la inundación en la carretera de Las Pachecas. Continúa el temporal causando daños y víctimas. Se desborda el río Guadalete y las aguas arrastran hogares, cosechas y ganados. Varios cortijos. Inundaciones en Las Pachecas. Rotura del Puente de la Florida. Familias sin albergue. Cuadro desolador. Comunicaciones ininterrumpidas”.
Añade el artículo que “el mismo día se narra cómo, al igual que ahora, ya se producía lo que algunos han dado en llamar ‘turismo de catástrofes’ y así, relata el diario que muchos jerezanos acudieron a Los Albarizones, desde donde se veían inundadas las vegas de La Cartuja, trasladándose el ejército a rescatar a las personas cuyas casas inundadas habían quedado aisladas. La Ina, Los Villares, La Gredera, Zarandilla, Río Viejo, El Torno… quedaron entonces, como ahora, rodeados por las aguas”.
El domingo 8 de junio de 1930, el mismo periódico anunciaba en titulares: “Después del temporal. Sus víctimas y sus efectos. La Cartuja Inundada. En las barriadas rurales de San José del Valle, El Mimbral y El Portal. Daños y víctimas. El Vecindario se muestra interesado en la desgracia y generoso con las víctimas”.
En 1946, las lluvias caídas provocaron un desbordamiento similar al de 1930. Aunque los detalles de la riada no están tan documentados como en otros episodios, se sabe que el agua arrasó de nuevo las vegas y campos de la comarca, afectando especialmente a las zonas rurales cercanas al río. Se documentaron desbordamientos en varias pedanías y en la propia vega de Jerez, aunque, nuevamente, los daños materiales y agrícolas fueron el principal impacto.
Las grandes lluvias de febrero de 1963 hicieron que el río Guadalete alcanzara niveles históricos, con hasta 1.400 metros cúbicos por segundo en Bornos. Las lluvias intensas en la sierra gaditana causaron una de las mayores avenidas conocidas en la historia del río, causando estragos en la zona rural de Jerez, especialmente en La Ina y El Portal. La magnitud de la crecida dejó a las zonas más cercanas al río bajo el agua, provocando evacuaciones y aislamiento de algunas pedanías. Jerez se volvió a quedar sin agua potable.
Al estar construidos ya los embalses de Bornos y Arcos, los efectos de la gran avenida se atenuaron. Pese a todo, las enormes crecidas que el río experimentó afectaron gravemente a los Llanos de la Ina y El Portal, que se inundaron.
El 14 de septiembre de 1979 una tromba de agua se desató en pleno corazón de Jerez. Perdieron su hogar 300 personas tras caer 183 litros por metro cuadrado. En esta ocasión, fue más por las intensas lluvias que el Guadalete en sí. En cuestión de unas horas, el centro de Jerez, especialmente la Porvera, sufrió graves inundaciones, con hasta un metro de agua en las calles. Los daños fueron cuantiosos, con más de 300 personas sin hogar debido al agua que anegó viviendas y comercios. Hasta 200 personas fueron alojadas en el Ayuntamiento tras ser evacuadas. La ciudad quedó sumida en un caos, y las evacuaciones fueron numerosas.
A finales del siglo XX también es recordado el temporal de diciembre de 1996. La combinación de lluvias intensas y el llenado de los embalses provocó una gran crecida del Guadalete. Hubo cortes de carreteras y, nuevamente, la inundación de Las Pachecas, con más de 80 familias evacuadas, además de Doña Blanca, El Portal y La Ina, mientras que en La Greduela los vecinos tuvieron que ser evacuados en helicópteros.
El saldo de la riada fue de medio centenar de casas tragadas por el río, desperfectos en otras cien viviendas, 20.000 hectáreas debajo del agua y otras 20.000 con serios daños. El entonces delegado de Gobernación, Francisco Menacho, calculaba “a bote pronto” las pérdidas en 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros).
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