La izquierda boba

Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

26 de agosto 2024 - 05:50

El calificativo se lo puso Alfonso Guerra, un político controvertido que fue vicepresidente del Gobierno con Felipe González. Como casi todos, también tiene cosas que ocultar, acciones que rectificar y actitudes que enmendar, pero, dentro de lo que es posible esperar de un político en nuestros días, ha sido bastante coherente. Al menos, lo ha sido en lo que se refiere a expresar lo que piensa, sin pelos en la lengua, cuando “su” partido, el PSOE, ha caído a lo más bajo que se pueda caer. Le ha faltado, eso sí, pasar de las palabras a los hechos, hacer “algo”, lo que fuese, por descomponer el montón de mierda en el que sus “colegas” actuales nos están enterrando a todos.

Algún otro, dejando al margen al payaso de García Page, a la sazón y por voluntad popular, presidente de Castilla-La Mancha. Un esperpento que anuncia a bombo y platillo la denuncia del latrocinio, entre otros muchos, que su amado presidente, al que teme como a una vara verde, ha cometido con el resto de España regalando a los golpistas catalanes lo que es nuestro, y no suyo. Eso sí, cuando la ley de Amnistía llegaba al Congreso de la vergüenza, algunos lo siguen llamando “de los diputados”, se metían la dignidad, que no tienen, por salva sea la oscura parte, y contribuían con sus votos a la aprobación de una repugnante aberración que humilla a la Justicia, aniquila la supuesta igualdad entre los españoles, se chotea de La Constitución, se mofa del Tribunal Supremo y descompone la nación, que es de todos, no de ellos. La persona a la que me refería, al comienzo de este párrafo, es Enrique Pérez Romero, ex-vicesecretario del PSOE de Extremadura, que -según leo en “El Español”- abandonó el partido del bochorno y, entre otros, dio estos motivos -en carta dirigida a Pedro Sánchez-: “Has logrado que el partido desaparezca …”, “ … eres narcisista, falaz y antidemocrático …”, “Has sido el peor dirigente del partido desde su fundación”, “Tú principal objetivo -le dice- nunca tuvo que ver con el PSOE ni con España, sino contigo mismo: alcanzar el poder para cumplir un ambicioso y personalista sueño de llegar a Moncloa y vivir de la política el resto de tu vida. No había nada más detrás, ni una ideología, ni una ética ni una visión o misión histórica”, pues … ahí queda eso, y lo escribió uno que fue alto dirigente del PSOE, me figuro que algo sabrá de los entresijos del “asunto”.

Claro, si hubieran sido algunos más los poseedores de la suficiente dignidad como para hacer lo que él hizo, que no es otra cosa que la que el honor y la lealtad exigen, en lugar de, como algunos que conocemos muy bien, aplaudían puestos en pie la aprobación de semejante bodrio infumable, un ataque desolador, desde el propio Estado, a los cimientos de la democracia, la libertad y la igualdad; otro gallo nos cantaría … pero no, el único “gallo” que canta aquí es el de la Moncloa, el resto achanta y calla, por un cuarto de hora de gloria miserable o un cutre plato de lentejas, ¡país!

De modo que esa “izquierda boba” de la que hablaba Alfonso Guerra, no lo es tal, tildar a esos cínicos falsarios, porque de izquierda tienen lo que yo de cura, que, créanme, es absolutamente nada, de “bobos” es concederles un trato de favor que no merecen, bastantes favores en los tratos se consiguen medrando por cuenta de los “camaradas proletarios” que los siguen votando; es la izquierda estúpida. Y ya saben que cuando, por ejemplo, un imbécil se rodea de imbéciles que lo jalean, se vuelve más imbécil de lo que ya era.

¿De verdad queda alguien que, con honesta convicción, crea en lo que los “zurdos” están haciendo?, ¿puede ser cierto que haya aún ciudadanos, de buena fe, que esperen algo que no sea el inevitable desastre que se nos viene encima a causa de las barbaridades que Sánchez está cometiendo?, señores, ¡nos vamos a la misma mierda!, si es que no estamos ya enmierdados en ella -permítanme, por favor, la escatológica redundancia-.

Tenemos un presidente que odia a España, un gobierno que la malvende, como ramera del más bajo de los burdeles, un partido que la humilla, un jefe de Estado que es como la momia de Tutankamón: ni gobierna, porque no se lo permite la Constitución, ni tampoco reina, porque no le dejan, y lo consiente, no quiere, o no sabe … La oposición, salvo Díaz Ayuso y tres o cuatro más, es de coña marinera: irrelevante, inútil, adormecida, inoperante, ridícula, y exasperante; Feijóo y su cuadrilla de incompetentes no sirven para nada que le valga a España.

Así que, con este deplorable panorama, la zurdería jiliprogre, la izquierda boba que decía D. Alfonso, más que, como tuerta, reina en el país de los ciegos, reina a ciegas en el país de los que, sin ser ciegos, no quieren ver.

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