Hostelería y coronavirus en Jerez

"Me he tenido que poner la tiza de tabernero, pero yo soy discotequero"

  • Juan Narváez, propietario de la sala La Comedia, recuerda la historia de este local y cuenta cómo ha tenido que reinventarse para sobrevivir en tiempos del Covid

Una fotografía del interior de La Comedia en los años ochenta del pasado siglo. En primer plano, con camisa blanca, Juan Narváez. Una fotografía del interior de La Comedia en los años ochenta del pasado siglo. En primer plano, con camisa blanca, Juan Narváez.

Una fotografía del interior de La Comedia en los años ochenta del pasado siglo. En primer plano, con camisa blanca, Juan Narváez.

Resulta difícil encontrar a alguien en Jerez por encima de los 40 años que no haya escuchado hablar de La Comedia. Esta sala de conciertos, discoteca, bolera y un largo etcétera de motivos para el ocio forma parte ya del imaginario popular de la ciudad y, muy especialmente, como lugar mítico en los años ochenta del pasado siglo.

El pasado jueves, La Comedia reabrió sus puertas tras ocho meses reconvertida en un tabanco como consecuencia de la crisis que ha provocado el Covid-19 y que ha afectado mucho al sector del ocio nocturno. Una vuelta de tuerca más en un negocio ubicado en un edificio que albergó durante años las antiguas Bodegas Diego Narváez, padre del actual propietario, que sucumbieron como muchos otros negocios pequeños del vino en la ciudad.

Juan Narváez, el pasado jueves en La Comedia, adaptada como tabanco y terraza en la era del Covid. Juan Narváez, el pasado jueves en La Comedia, adaptada como tabanco y terraza en la era del Covid.

Juan Narváez, el pasado jueves en La Comedia, adaptada como tabanco y terraza en la era del Covid. / Pascual

La Comedia se inauguró hace 39 años como café teatro de la mano de los hermanos Juan y Diego Narváez, este último con cierta experiencia en el sector porque tenía el pub Portobello. En principio sólo dispusieron de parte del local de su padre. 

Aunque la memoria colectiva recuerda a La Comedia como un local en el que actuaban grupos de música rock y otros estilos, el primer día que abrió había programado una actuación flamenca. Así lo recuerda hoy Juan Narváez: "Lo teníamos todo preparado, las mesas, los camareros, la bebida y comida... Pero el cantaor flamenco no vino a la hora que habíamos anunciado y se tuvo que cancelar la actuación. El flamenco se presentó a las dos de la madrugada con una borrachera de dos pares de narices. Y cuando le preguntamos qué había pasado nos contestó: Hombre, me dijísteis el día, pero no la hora..."

En realidad aquello no fue más que un aviso de lo que sería el día a día de La Comedia, un lugar diferente al resto en el que la espontaneidad y la informalidad nunca iban a desaparecer. De hecho, al segundo día de su apertura, recuerda Juan, "vino un tapicero que decía que no había cobrado y nos desmontó el suelo del local, la moqueta, y la gente se tuvo que quedar en el cemento".

Admiten los hermanos Narváez que no tenían experiencia entonces para llevar ese tipo de negocio, ni siquiera había público para ello, "pero pusimos cantautores, flamencos, teatro, con grupos como La Zaranda". Tampoco daban con el clavo y estuvieron dos años con pérdidas.

Un día, un amigo de La Comedia puso unos altavoces a cambio de una comisión y el local empezó con lo que acabaría acertando: música y baile. Hablamos de los años ochenta, los de la movida madrileña, la edad de oro del pop español y de las bandas o tribus relacionadas con la música: "En un principio se metieron los punkies, los mods y los rockers, que se peleaban porque había visto mucho la película 'Quadrophenia'", recuerda Juan Narváez.

"Mods, policías y cerveza": Noticia publicada a mediados de los ochenta en este Diario sobre una actuación policial tras un incidente en una fiesta en La Comedia. "Mods, policías y cerveza": Noticia publicada a mediados de los ochenta en este Diario sobre una actuación policial tras un incidente en una fiesta en La Comedia.

"Mods, policías y cerveza": Noticia publicada a mediados de los ochenta en este Diario sobre una actuación policial tras un incidente en una fiesta en La Comedia.

Y llegaron las actuaciones en directo. 'Dogos y los Mercenarios' fue el primer grupo que tocó en vivo en La Comedia y uno que repitió varias veces y que es el preferido del propietario fue 'Gas Drummers'. Luego llegarían infinidad de grupos locales que darían el salto nacional y otros internacionales: desde los franceses Chihuaua (del hermano de Manu Chao) a Javier Corcobado, Brighton 64 o los recordados 091 por citar sólo algunos.

Loquillo fue otro de los grandes artistas que pasaron por allí, como también el director de cine Pedro Almodóvar, que a buen seguro se inspiró en el universo de La Comedia para rodar alguna escena en sus películas, o Rossy de Palma, Ángel Nieto y Jaime Urrutia. También fueron muchos los discjockeys (dj), profesionales o aficionados, que pasaron por los platos de música de este local y hoy son muy recordados.

La Comedia empezó a dar dinero y de ahí vino la ampliación del local con una parte de la bodega que no se utilizaba y que pasó a albergar una bolera y una zona de juegos recreativos.

Boleto de un sorteo celebrado en La Comedia en la década de los ochenta del pasado siglo. Boleto de un sorteo celebrado en La Comedia en la década de los ochenta del pasado siglo.

Boleto de un sorteo celebrado en La Comedia en la década de los ochenta del pasado siglo.

El local que había empezado cerrando sus puertas a las doce de la noche acabó abriendo de diez de la noche a las siete de la mañana, hasta el punto de que su propietario ideó una forma de fidelizar a la clientela que era ponerles a su disposición un autobús para devolverlos a sus casas o incluso para llevarles a la playa los domingos.

Juan Narváez asegura hoy que "me ha pasado de todo: me han pegado, me han echado pimienta en los ojos, me han insultado, amenazado, también me han besado (todo no va a ser malo) y me han querido y me han odiado, como la vida misma pero de noche".

La última actuación que se celebró en La Comedia el pasado mes de marzo fue un tributo a Amy Winehouse. Quién iba a adivinar entonces que habría de cerrar después de todo lo vivido estas cuatro décadas. El prolongado cierre llevó a sus propietarios, Juan y Diego, a tener que reinventarse, y tratándose de una bodega con tanto familiar pasado relacionado con el vino, qué mejor que ser una taberna o tabanco.

"Me he tenido que poner la tiza de tabernero pero yo soy discotequero", confiesa Juan Narváez. Eso sí, subrayando que es discotequero por casualidad, "pues yo me dedicaba a la exportación de vino, lo que me llevó a vivir en Inglaterra y en Holanda". Y este aficionado a la música de los sesenta y setenta, de Led Zepellin, Paul Simon y Joaquín Sabina, apostilla: "La vida pasa muy rápido y ni tú la controlas".

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