Reinventados por el Covid en Jerez

De discoteca a tabanco para sobrevivir

  • Un mes después de reinventar su negocio de la calle Clavel, Juan Narváez hace balance: "El problema son los horarios; esto es como jugar a las casitas"

Juan Narváez, en La Comedia tras su reconversión de discoteca en tabanco con terraza este mes de diciembre. Juan Narváez, en La Comedia tras su reconversión de discoteca en tabanco con terraza este mes de diciembre.

Juan Narváez, en La Comedia tras su reconversión de discoteca en tabanco con terraza este mes de diciembre. / Pascual

Tienes una discoteca con historia (39 años), con éxito, con clientes y de la noche a la mañana tienes que cerrarla. Cuando ves que pasa el tiempo y las perspectivas no permiten hablar de una pronta reapertura del negocio, haces una reflexión y piensas que hay que reconvertirlo, que tienes un local y hay que aprovecharlo de alguna manera. Y, finalmente, meses después, lo que era una discoteca, La Comedia, en la calle Clavel, se convierte en un tabanco. 

La historia de La Comedia es todavía más curiosa, puesto que al ser ahora un tabanco es como si hubiese vuelto a los orígenes, pues la discoteca estaba en un antiguo casco de bodega, las Bodegas Diego Narváez, propiedad del padre de uno de los actuales propietarios, Juan Narváez, que tras dar este paso a comienzos de diciembre, declaraba a este Diario: "Me he tenido que poner la tiza de tabernero, pero yo soy discotequero".

¿Y cómo va la experiencia de reinventar La Comedia en este primer mes? "No va muy bien", reconoce Juan Narváez a su pesar. En su opinión (y la de muchos hosteleros) el problema son los horarios de apertura al público. "Los primeros días tras la inauguración la cosa funcionó algo, pero con las restricciones horarias, es muy difícil sacar adelante un negocio de este tipo", comenta. Y añade: "Esto es como jugar a las casitas".

Cierto. El dinero entra ahora a cuentagotas, con mucha competencia en un sector que no es precisamente el de las discotecas. De hecho, a pesar de los miles de pasos que dan cada día sus camareros (40.000 uno de ellos según cuenta Juan Narvávez), la caja no es la misma. Y tampoco es noticia decir que ahora La Comedia, como muchísimas empresas, tiene a varios empleados en un ERTE.

En su caso, a pesar de tener la ventaja de ser el propietario del local y no tener que pagar una renta, la reinvención le ha supuesto incurrir en más gastos y deudas, por lo que no sabe hasta cuándo podrá aguantar. Insiste: "O cambian los horarios y la gente puede quedarse después de las seis de la tarde, o no podremos seguir". Lo que nadie podrá decir a Juan Narváez y a todo el equipo de La Comedia es que no lo han intentado.

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