¡Cómo está el patio!
Lectores sin remedio
Enciendo el móvil y no paro de ver desde hace varias semanas las dos mismas caras en esas noticias sueltas de Google. Un joven con boina o gorra de las que se le desborda una abundante pelambrera y un señor mayor que luce un buen rapado capilar, enzarzados ambos en réplicas y contrarréplicas a cuenta de no sé qué jornadas sobre la eterna Guerra Civil.
El joven no es otro que David Uclés, la sensación editorial del pasado año con su novela ‘La península de las casas vacías’ (Siruela con esta y con ‘El infinito en un junco’ ha dado dos sonoros pelotazos), y debo reconocer el poco interés que tengo en leerla, pues a estas alturas de la vida para encararme con novelas de más de cuatrocientas páginas, prefiero releer a los grandes conocidos que a éxitos del momento, más cuando estamos ante un epígono de una corriente literaria que gozó de su esplendor y hoy ya desgastada de tanto usarla.
Y el señor mayor, ya se pueden suponer, es Arturo Pérez-Reverte, otro rey Midas de la editorial Alfaguara, pues desde hace muchos años todo lo que ha escrito lo ha convertido en éxito, en especial aquellas novelas en conmemoración de efemérides. Y también debo reconocer que tampoco me he mostrado especialmente interesado en su literatura, aunque leí en su momento sus primeras novelas.
Pero este artículo no iba de confesiones de lector vergonzante, sino de la polémica suscitada por esas jornadas sobre la Guerra Civil: que si para uno terminó en el 39 y, en cambio, para el otro en el 75… cuando doctores tiene la Guerra mucho más autorizados que cualquier jornada al efecto. Y esta coyuntura la han aprovechado muchos para disparar (valga la metáfora) a todo lo que se menea. Y así, la que fuera la gran novela del año pasado, ahora se ha convertido en un relato farragoso al que le sobran páginas (¿a qué novela de más de cuatrocientas no le sobran?), y ya que estamos en faena su buen repaso se está llevando la que ha obtenido el premio Nadal, por no hablar de las críticas recibidas por el propio Uclés (cambio de Siruela a Planeta, los escrúpulos ideológicos que de pronto se olvidan cuando de dinero se trata…). Pero tampoco Pérez-Reverte se ha ido de rositas y le han llovido las críticas ya no tanto por su currículum literario, sino también por sus posiciones ideológicas.
Lo cierto de toda esta trifulca alimentada en las redes (ya saben: bulos, fango, mentiras…), es que el patio literario, como le es consustancial, está a la primera que salta para criticar, despellejar y llevarse por delante a nuevos y veteranos. Lo último, afirmar que ‘La ciudad de las luces muertas’ (el premio Nadal) es peor que las novelas de Juan del Val. ¡Qué maldad! ¡Qué insulto! ¿Para quién? José López Romero
Sesión de club lectura
Lo que hasta hace pocos años era una singularidad, y me refiero a los denominados clubes de lectura, en la actualidad es un fenómeno que ha adquirido importancia en el panorama cultural de las ciudades, donde se aprecia cada vez más esta propuesta sin artificios, frente a la deriva de una sociedad acelerada donde lo efímero parece reinar.
Podríamos decir, y no queremos ponernos melodramáticos, que estos espacios de encuentro de lectores y lectoras son los últimos bastiones, junto a las librerías y bibliotecas públicas, en los que se refugia la lectura tal como la hemos conocido hasta ahora, frente a la alienación tecnológica y la omnipresente presencia de los algoritmos. No son los clubes de lectura una novedad, y podemos encontrar antecedentes de estos en la sociedad ilustrada del siglo XVIII, aunque los primeros clubes o sociedades de lectura que podemos identificar con los actuales los encontraremos en la Inglaterra victoriana.
Hace unos días un variopinto número de lectores nos reunimos en la correspondiente sesión de uno más de los numerosos clubes de lectura de la ciudad. Fue el comienzo de una grata velada más, donde todos y cada uno de los presentes fuimos desgranando nuestro particular punto de vista sobre la novela que un mes antes se había propuesto para su lectura. Y ahí, en ese momento a mi entender, encontramos la gran aportación y encanto de estos clubes: el escrupuloso respeto por la lectura entendida como un acto individual y privado, y que requiere calma y tiempo y, por otro, el abrir un foro público al término de esa lectura solitaria, donde encontramos matices, apreciaciones, críticas o aportaciones de otros lectores y lectoras. Finalmente, todos nos llevamos un bagaje enriquecedor a la lectura previa y solitaria, que si bien es el punto de partida no será el final de nuestro recorrido por la historia contenida en un libro. Larga vida a los clubes de lectura. Ramón Clavijo Provencio
Reseñas
El enredo de la bolsa y la vida
Eduardo Mendoza. Seix Barral, 2012
Después de leer hace un tiempo ‘La aventura del tocador de señoras’ y ahora ‘El enredo de la bolsa y la vida’, me confirmo en la opinión de que las mejores entregas de esta serie policiaca que tiene al detective loco (o no tan loco) creado por Mendoza, son las dos primeras: ‘El misterio de la cripta embrujada’ y ‘El laberinto de las aceitunas’. En este enredo, al que no le faltan los buenos momentos de humor, sobre todo por la ironía ingeniosa del autor, el protagonista se ve envuelto en una trama terrorista, un tanto delirante y absurda, que le sirve a Mendoza para perfilar los personajes más pintorescos, entre ellos la familia china de los Siau, en especial el abuelo, todo un filósofo de la vida. J.L.R.
El último verano
Diego S. Garrocho. Debate, 2023
El género de recopilación de artículos una vez publicados en prensa es muy socorrido para muchas actividades, aunque no gozan del favor del gran público lector. Diego S. Garrocho, profesor de Filosofía Moral de la Universidad Autónoma de Madrid, decidió recopilar sus artículos publicados sobre todo en El Español, El mundo y ABC en este volumen que titula ‘El último verano’ en alusión a esas últimas vacaciones que se pueden permitir los estudiantes que terminan el bachillerato y van a acceder a la universidad. Desde la política hasta la educación, pasando por temas sociales y económicos, Garrocho analiza la situación sobre todo de nuestro país con enorme sentido tan común como crítico. J.L.R.
Sueños de trenes
Denis Johnson. Random House, 2015
Es curioso cómo una excelente novela como esta, presentada hace una década y que pasó algo desapercibida entonces entre el lector de este país, se convierte ahora, al hilo de una deslumbrante versión cinematográfica en un fenómeno editorial. Es estas páginas descubrimos la dura vida de Robert Grainer que trabaja en la construcción del ferrocarril que se abre a través de bosques insondables en el Estado de Washington, en los albores del siglo XX. Abatido por un terrible suceso que afecta a su familia, Robert se convertirá en un errante trabajador a sueldo que recorre el país. De una crudeza que duele por momentos, pero a la vez envuelta en un tono poético exento de sentimentalismo y donde la naturaleza virgen es protagonista, la narración se va elevando a una altura literaria incontestable. Fallecido hace unos años, Denis Johnson merecía este inesperado homenaje a un libro que no debería caer en el olvido. R.C.P.
Morir en la arena
Leonardo Padura, Tusquets, 2025
Lo último que leí de Padura fue aquel ‘Hombres decentes’, excelente nueva entrega de esa gran saga policíaca protagonizada por el atípico detective cubano Mario Conde. Esta nueva entrega, aunque se mueve en algunos momentos al ritmo de una novela negra, está centrada en la angustiosa espera del viejo cubano Rodolfo, tras llegarle la noticia que en una semana saldrá de la cárcel su hermano Geli, al que apodan “caballo loco”, y que salió abruptamente hace años del domicilio familiar al asesinar a su padre. El lento paso de esa semana que trascurre entre el momento que Rodolfo conoce la noticia de la excarcelación y la llegada de su hermano al domicilio, permite a Padura con una prosa exenta de adornos y tono inquietante, dibujar un fresco impactante de la realidad de aquella isla. R.C.P.
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