Jerez

El precedente del 'Taller del Aire'

Jerez fue siempre una ciudad con tradición en la aeronáutica. La base militar de La Parra, que nació a la sombra del traslado de las tropas sublevadas en el norte de África al inicio de la Guerra Civil,  tuvo su germen en 1938: El aeropuerto era de uso exclusivo militar y se utilizó como escuela de formación de pilotos. La cercanía del aeropuerto a Jerez, orgullo de la ciudad, tuvo que calar entre sus gentes. El caso del Aeroclub es un caso muy claro: Nace al abrigo del Régimen en 1948 pero su inauguración efectiva no es hasta 1971 en un acto por todo lo alto que presidió don Alfonso de Orleáns y Borbón y que reunió a una legión de autoridades locales y del resto de la provincia; su primer presidente fue un jerezano de renombre; contó en sus inicios con un exorbitante número de socios, 250 y con sólo un año y una sola avioneta, la veterana Aisa I-11B, realizó 456 vuelos con un tiempo total de vuelo de 296 horas y 50 minutos.

UN AEROCLUB MUY ACTIVO

Y para que veáis que esto viene de lejos, no hay más que recordar a otro paisano, el teniente de navío Juan Manuel Durán, un valiente que hizo junto a Ramón Franco el primer vuelo trasatlántico entre Europa y América en 1926 a bordo del hidroavión 'Plus Ultra'.

Hay nombres y más nombres que jalonan el desarrollo del Aeroclub jerezano. Habrá que resumir porque su sola enumeración sería prolija. Los primeros instructores Alonso Escuer, Cotro Florido, Roda Pérez y Arraiza Martínez-Marina; o el de  sus primeros pilotos: Quílez, González, Ruiz y Terry.

José Caballero Navarro puso en marcha en 1972 la sección de Aeromodelismo. Los pilotos José Cámara Braun y Fernando Serrano de la Cruz pilotaron un avión del aeroclub por vez primera en la Vuelta Aérea a España... En el año 2005, el aeroclub jerezano celebraba sus 25.000 horas de vuelo y había formado a 350 pilotos, algunos de los cuales pasaron después al transporte aéreo comercial en distintas compañías.

Luego había infinidad de pilotos conocidos: Recuerdo a los desaparecidos Salmerón, padre e hijo, o el abogado bilbaíno Antonio de la Herrán Matorras, que regenta con eficacia el pequeño aeropuerto de Trebujena. Y así seguiríamos días y días.

Pero en esto de los antecedentes, no podría olvidarme del antiguo Taller de Experimentación del Aire, una 'fábrica' incrustada en una antigua bodega próxima a Madre de Dios, donde durante varios años, más  de un centenar de ingenieros, pilotos y empleados se encargaron de reconstruir  una veintena de aviones Polikarpov I-16 'Mosca', o 'Rata', como le llamaban en el bando nacional.

La Guerra Civil fue, sin duda, un campo de experiencias militares. Los rusos  probaron un nuevo monoplano que obtuvo excelentes resultados y su aparición sobre los cielos españoles durante la defensa de Madrid sorprendió a los nacionales.  Participaron en misiones tan cruciales como la ofensiva del Norte, Brunete y la batalla del Ebro y tuvieron papel destacado  en 1941 al tener que enfrentarse a los modernos cazas alemanes en condiciones desventajosas.

UN CAZA RUSO FEROZ

Los 'Moscas' fueron los primeros monoplanos catílever (sin arroestramientos exteriores), de tren de aterrizaje eclipsado que entraban en combate en forma masiva en una fuerza aérea. Para su tiempo, constituía una auténtica revolución técnica. Se  trataba de un pequeño monoplaza, monoplano de ala baja, muy rechoncho, con tren retráctil, construido en dural, madera y tela. El  trabajo en el taller era incesante en 1939. Algunos de los que allí trabajaron lo recuerdan como un enorme almacén de piezas, todas sin orden alguna, casi un caos... y lleno de ratones. Pero aquello acabó  funcionando.

Providencial en todo ello fue la intervención del célebre piloto de caza vasco José Luis Aresti, que probaba los 'Ratas' una vez reparados en la antigua bodega haciendo espectaculares pasadas sobre el personal del taller. Pero su fama no solamente se forjó en sus misiones de caza o de pruebas. Durante dos décadas, sus vuelos acrobáticos causaron admiración entre miles de espectadores. Fue además el inventor de la aerocriptología,  o 'Sistema Aresti' sobre la acrobacia, por el cual lograba poner de acuerdo y en armonía a los aviones, con independencia de los cientos de idiomas y dialectos del mundo, para realizar las acrobacias aeronáuticas a través de combinaciones de formas artísticas.

Así me lo contó Mauricio González-Gordon, que también trabajó en la fábrica por consejo de su padre 'Tío Manolo'. Mauricio conoció y trató al piloto, con quien mantuvo desde entonces una fortísima amistad. Y todo, por si los 'Moscas'.

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