Moros y cristianos en el etiquetado vinatero

El rebusco

Del anís del moro al amontillado

El Cid Mitos y fantasías orientales

Rendición de Granada en Fuentes Parrilla.
José Luis Jiménez

07 de diciembre 2020 - 04:52

El sanluqueño Rafael Montaño García es uno de los pocos investigadores preocupados por el estudio del etiquetado de los vinos, brandies y licores producidos en el Marco del jerez.

Su entusiasmo le ha llevado a reunir una importante colección de etiquetas, que le sirven de base, como las de nuestro común amigo, Paco Odero, para sus trabajos y conferencias en los que ha tratado asuntos como la iconografía vinatera sobre la circunnavegación y la Carrera de Indias.

Montaño describe este tipo de soporte publicitario adherido a las botellas como: "...verdaderas obras de arte, huérfanas, sin nombre, sin firma en la mayoría de los casos, que sirvieron pata el etiquetado de nuestros vinos generosos y superiores para el consumo nacional y extranjero, y que aprendieron pronto que una vistosa publicidad exterior, era una forma importante de acceder a según qué mercados se necesitase, recurriendo a publicitación de la sociedad del momento, con ilustraciones políticas, históricas, recreativas, religiosas, o de efemérides...".

En este punto no hay que olvidar las aportaciones realizadas por el profesor de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos, que considera que hay que prestar atención a este tipo de ilustraciones de carácter "efímero", sin despreciar su valor a la hora de conocer la historia de la industria vinatera de la provincia en los últimos siglos.

Por su parte, la también historiadora sanluqueña Ana Gómez nos da algunas pistas en el capítulo dedicado a los mitos y héroes nacionales: "Un amplio grupo de ilustraciones vinateras aluden a la lucha cristiana contra el islam".

Añadiendo que "los arquetipos musulmanes, al igual que los monumentos hispano-árabes, se constituyen también en buenos representantes del lugar de origen de los caldos presentados".

Para la ocasión hemos elegido un asunto poco tratado el imaginario moros y cristianos en el etiquetado vinatero del Marco.

Aquí dejaremos algunas notas sobre este peculiar imaginario.

Fantasía oriental

Recientemente, hemos podido disfrutar de la exposición que las bodegas Osborne ha montado en sus instalaciones de El Puerto de Santa María sobre el 150 aniversario del anís del mono.

Etiqueta del anís de La Mora.

El éxito de este destilado, y su marca distintiva, fue tal que las imitaciones no se hicieron esperar. En 1906, las bodegas J. Ruiz Hnos. lanzaron al mercado su anís del moro. Su etiqueta, de forma romboidal como la de la destilería catalana, reproducía la figura de un árabe recostado fumando una larga pipa.

Por su parte, José Jiménez Fernández elabora su anís de la mora, y el Marqués del Mérito su ron La morita.

La imagen exótica de la mujer norteafricana la podemos ver en la manzanilla finísima de Fernández Gao, La africana. La ilustración del jerezano José Luis Torres nos muestra a una joven que cubre su cabeza, y cuerpo, con un lienzo blanco.

Y con el peculiar nombre de Fátima tenemos la manzanilla pasada del Marqués del Mérito; a la que se une otro busto de mujer de la etiqueta del gran tónico y aperitivo Víncitor, de A&A Sancho. La primera es la de una mujer adornada de joyas dentro de un marco oval; la otra insinúa su rostro bajo un velo transparente.

El harén, recinto cerrado y privado para mujeres, ha suscitado el interés en occidente, y por ello mismo ha servido para ilustrar el anís dulce de las Bodegas internacionales, donde exóticas bailarinas divierten a su señor; y en el cromolito de J. Fuentes Parrilla reproduce un recargado salón en el que descansa la favorita junto a dos sirvientas.

Es habitual encontrar una variedad de nombres árabes que se han mantenido en la lengua castellana, designando a autoridades religiosas, civiles o militares.

Califa, que designa al sucesor del profeta Mahoma, lo vemos en el gran vino quinado de Mayol&Díaz, con el dibujo de un soldado árabe sobre un bello potro blanco.

El amontillado de Wiliams&Humbert, Jalifa (una variante de califa), hace mención a la autoridad suprema de la zona del protectorado español en Marruecos, que ejercía sus poderes por delegación del sultán.

De este pasamos al anís El sultán, de las bodegas jerezanas de Antonio Atané, especializada en la destilación de mostos jerezanos como fabricantes de licores, con un barbudo "sultán" recostado en un diván fumando su arguilé.

El caid, gobernador de los territorios del norte de África y Al-Andalus, es el distintivo nombre que da las bodegas Lustau a un "coñac viejísimo". almogávar para un brandy de Luis G. Gordon.

Edificios y topónimos

En el territorio que los musulmanes denominaban Al-Andalus se realizaron importantes construcciones de todo tipo: alcázares, mezquitas, palacios, etc.

El área fortificada de Jerez la contemplamos en el anís, dulce y seco, El alcázar, de Bobadilla, con la torre albarrana de la Alameda Vieja. Por otra parte, su conjunto amurallado destaca en la del fino El Alcázar del antiguo Fomento.

Etiqueta del Alcázar

El castillo de Tarifa, conocido también con el nombre de Guzmán el Bueno, tiene su representación en una bella etiqueta, a color, basada en una postal de finales del XIX, de las bodegas Cayetano del Pino, arrendatarios de la marca Cramp Suter.

A su vez, el Castillo de San Marcos es el emblema de las bodegas portuenses de Luis Caballero, con diseño de Proyectos Gráficos Mamelón.

La solera Granada, de Real Tesoro, embellece su etiqueta con una vista del patio de las doncellas del Real Alcázar Sevilla.

Como no, la Giralda de Sevilla destaca en las de la manzanilla de Luis G. Gordon, y el ponche español de Cayetano del Pino; y la Mezquita en una colorista etiqueta de José Pemartín.

Los topónimos Almijar, lugar donde se ponen las uvas para que se oreen antes de exprimirlas, como Aldea (ád-daj´ah), y Almodóvar (al-mudawar), que significa el redondo, hacen referencias a marcas de vinos ya desaparecidos.

En la campiña de Jerez aún perviven topónimos con nombres tan contundentes como Matamoros, que da nombre a una conocida viña del pago de Almocadén.

Los reinos cristianos

Reyes, líderes militares y hechos bélicos de los cristianos son los temas dominantes en las etiquetas que las bodegas dedicaron a ensalzar

a personajes enfrentados a los musulmanes de Al-Andalus.

Jerez fue recuperada para la cristiandad por el rey Alfonso X, el Sabio, por lo que la compañía José Pemartín, fundada en 1810, le dedica su brandy viejo con un busto coronado; al igual que A. R. Valdespino para otro brandy.

El apóstol Santiago, titular de una iglesia en Jerez, aparece victorioso en la etiqueta de Carrasco Hermanos, tomando su figura a caballo del famoso cuadro de José Casado del Alisal, la batalla de Clavijo, pintado en 1885.

En gesto parecido lo tenemos en el gran vino milagroso de Morales y Ubreva, y en el jerez quina de M. Gil y Galán.

El líder militar cristiano más sobresaliente de ese periodo de la Alta edad Media en España fue Rodrigo Díaz de Vivar (1048-1099), apodado por los andalusíes musulmanes el Cid (Sidi) Campeador.

El brandy viejo Alfonso X

Varias bodegas del Marco recurrirán a él para dar nombres a algunas de sus marcas más señeras, así Duff Gordon encargará a Proyectos Gráficos Mamelón la etiqueta, basando el diseño en la imagen del monumento de Anna Hyatt, que se puede ver a la entrada de Sevilla, cercana al parque de María Luisa.

Osborne, que adquirió Duff Gordon, encargaría otra con el busto del héroe cubierto de casco y mallas, además de su espada Tizona. Espada que dará nombre a una manzanilla pasada de Bodegas Infante de Orleans.

José Pemartín lo utilizará para uno de sus vinos destinados a la exportación; y las bodegas Juan Pérez, en su jerez quina, un Cid, parapetado en un resto de torreón, rodilla en tierra, oteando el horizonte.

El iniciador de lo que se ha venido en llamar la Reconquista, Don Pelayo se representa en atractivas etiquetas del coñac de F. Javier Jiménez, del Puerto Santa María, y en la del coñac de M. A. Romero Fontán, Pelayo, enarbolando una bandera donde se lee: in hoc signo vinces.

Coñac Conquistador, de Manuel Romero Fontán y F. Javier Jiménez, recuerda la figura de Jaime I, el Conquistador, con su distintiva cimera adornada con un dragón alado.

El sitio de Tarifa por el infante don Juan, hermano del rey Sancho IV, con la ayuda de los meriníes y nazaríes, obligó a su alcaide, Guzmán el Bueno, a sacrificar a su hijo. La trágica escena se representa en una ilustración J. Fuentes Parrilla con el cuadro historicista de Salvador Martínez Cubells.

Hecho histórico que se repite, desde el lado de los sitiadores para el brandy de Manuel García Monge.

Cerramos este Rebusco con la rendición de Granada, donde J. Fuentes Parrilla recurre al cuadro de Francisco Pradilla para su anís seco. Una versión reducida del conocido cuadro se expone en las bodegas Tradición, de Jerez.

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