'Río Hudson' de Pepe Cano

Educación

Exposición en la Sala ArteaDiario de Jerez

'Río Hudson', obra del pintor Pepe Cano que se expone en la sala ArteaDiario.
Bernardo Palomo

08 de octubre 2019 - 05:08

Visualmente la obra no ofrece la menor duda ilustrativa. Una serie de personajes caminan, cara al espectador, a las orillas de un gran río. Una masa azul envuelve la escena a modo de paisaje, sin ofrecer la más mínima manifestación de naturaleza; sólo se adivina, tras la franja del río, una especie de línea de horizonte que puede suponer una posible presencia, aunque alejada, de paisaje natural.

Cuando el espectador lee el título de la obra, un nuevo argumento se le hace presente. El autor informa claramente que se trata de una escena a orillas del río Hudson. Nos lleva, por tanto, a una escenografía urbana de la gran ciudad neoyorquina. Ésta, sin embargo, no aparece reflejada en la pintura. Nada nos dice que estamos en la ciudad de los rascacielos ni que el espectacular paisaje urbano de la ciudad se haga presente. Los personajes están reducidos a formas básicas, de escueto vestuario; sólo una mirada detenida nos hace profundizar en unos ojos expresivos que observan apasionadamente al espectador, sometiéndolo a una profunda sensación de inquietud. Son personajes anónimos, en un paraje anónimo que deja de serlo con la básica pero definitiva información que nos da el autor en el título de la obra.

El cuadro está dividido en dos partes que, unidas, forman un conjunto; aunque bien pueden ser expuestos separadamente ya que cada unidad posibilita un relato que puede funcionar perfectamente en solitario. En la parte de la derecha del espectador dos mujeres caminan conjuntamente; dan la sensación, incluso, de mantener una posible conversación. Van bien abrigadas y con las cabezas cubiertas; una con una especie de gorro y la otra con un escueto sombrero. La de la derecha, vestida con un abrigo blanco, parece una dama distinguida, lleva los labios pintados y coge, en su mano izquierda, un elegante bolso. Se observa, incluso, una mínima sonrisa. Su compañera es de actitudes más sobrias, mira con recelo y no parece tan distinguida. La parte de la izquierda del gran díptico nos ofrece a dos personajes masculinos que se presentan separadamente y con diferentes actitudes. El más alejado aparece caminando, vestido con un traje oscuro y sombrero. Lleva barba de varios días y su tristeza es bien manifiesta. Más adelante, en un primer plano y sólo de medio cuerpo, Pepe Cano nos pinta otro personaje cuya actitud contrasta claramente con la que se observa en el anterior. Éste aparece sonriendo, con un traje gris mucho más claro y elegante y con una corbata de festivos tonos anaranjados. Lleva gafas y se toca con una especie de moderna boina.

Estamos ante una pintura típica de Pepe Cano. En ella se nos relata una historia de mínimos; es decir, con muy pocos elementos compositivos, el espectador consigue adentrarse en el fondo de lo que la escena representa. Los personajes, también realizados con gran economía de medios, muestran un claro sentido expresivo. Sus escuetas actitudes, sin embargo, informan de sus estados anímicos. Nos encontramos con dos realidades totalmente contrapuestas; por un lado, la tristeza de la señora que acompaña a la mujer del abrigo blanco, ésta mucho más digna y cercana. Las figuras masculinas, también ofrecen aspectos diferentes. El personaje del sombrero es triste, serio, circunspecto; mientras el otro, infunde más cercanía y amabilidad.

Esta obra nos introduce en ese universo personal de este artista que crea una realidad social que nos es cercana, aunque los personajes puedan parecernos extraños, inquietantes y misteriosos.

Autor

Pepe Cano es uno de los pintores más conocidos y de más larga trayectoria de los que actúan en el Campo de Gibraltar. Nació en La Línea y es pieza importante en ese desarrollo artístico que, desde finales de los ochenta, tuvo lugar en la zona campogribaltareña, cuando el gran Manolo Alés ejercía de maestro dinamizador de un arte que, desde allí, se hizo grande. Pepe Cano formó parte de aquella pléyade de buenos creadores que impulsaron la plástica de una zona que, en lo que respecta a lo artístico, fue pura referencia y modelo a seguir. Junto a los Sylvain Marc, Jaime Pérez Ramos, Pepe Barroso, José Antonio Pérez de Vargas, Evaristo Bellotti, Pepe Guerra, Antonio Rojas, Manolo Cano, Juan Gómez Macías, Javier Velasco, Luis Maraia, Alberto Ceballos, entre otros, Pepe Cano vivió los momentos más esclarecedores e iniciáticos de la contemporaneidad artística de aquella zona privilegiada. Desde un principio, ha estado en posesión de una pintura personal e intransferible que hace festiva una sociedad cercana de la que él ha destacado muchos de sus perfiles, de sus maneras, de sus actuaciones, de sus, a veces surrealistas, acciones que, dentro de su aplastante sencillez, formalizan la ilustración de un entorno inmediato y de una sociedad con muchos dignos matices.

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