Los vecinos de Vista Alegre, "hartos" de la situación El centro neurálgico de la droga

  • Una vivienda de Vista Alegre, propiedad del banco, es uno de los grandes puntos de consumo en Jerez

Los toxicómanos de la ciudad consumen sus dosis en esta vivienda en ruinas de Vista Alegre Los toxicómanos de la ciudad consumen sus dosis en esta vivienda en ruinas de Vista Alegre

Los toxicómanos de la ciudad consumen sus dosis en esta vivienda en ruinas de Vista Alegre / Manuel Aranda

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Son las 10:00 horas y en la barriada de Vista Alegre, situada entre la Estancia Barrera y San Telmo, todo parece tranquilo. Los vecinos pasean por la calle y hacen su vida. Pero la realidad es otra. Vista Alegre, desde hace ya unos años, se ha convertido en el centro neurálgico de los toxicómanos, que acuden a diario a la barriada de la zona Sur para consumir sus dosis de droga.

“Siempre ha existido la droga, y más en toda esta zona de Jerez, pero la realidad es que desde hace unos años para acá la situación del barrio es insostenible”, asegura Salvi, que tuvo que cerrar hace dos meses su negocio en la zona porque “sólo entraban a comprarme mecheros y papeles de aluminio”. Salvi se vio obligado a marcharse de allí “harto”, después de 11 años. “Que lo primero que me entre en mi negocio cuando abro sea un drogadicto en lugar de un vecino que venga a por tres barras de pan es muy duro”, declara.

El tránsito por el lugar de estos drogodependientes es continúo, cada día “y a todas horas”, apuntan multitud de vecinos. La inmensa mayoría no son ni del barrio. Llegan a Vista Alegre desde otros puntos de la ciudad para comprar en las barriadas colindantes y meterse las dosis de forma ‘tranquila’ en esta barriada. Salvi afirma incluso que “aquí viene gente de toda la provincia: Chiclana, Sanlúcar, Chipiona, El Puerto...”.

Si les dejas un portal o un garaje abierto aprovechan para introducirse en él, como bien cuentan vecinos, que han tenido incluso que sacarlos de ahí. Aunque su principal punto de consumo de sitúa en una vivienda -o lo que queda de ella- justo enfrente del bloque 4 de la barriada. Una casa en ruinas a la que acceden a diario decenas de toxicómanos. “Allí no suelen ni quedarse a dormir. Ni mucho menos vivir. Únicamente van a tomar su dosis diaria”, cuenta otro vecino del bloque 4 cuya ventana desemboca directamente en dicha vivienda. “A veces tengo que cerrar la persiana y hacer como si no estuvieran, porque es algo ya anormal”.

Resulta que esta vivienda a la que saltan con total impunidad -o mejor dicho, saltaban, porque han roto uno de los muros para acceder con mayor facilidad- está en venta por una inmobiliaria. En 11.500 euros la tasan. “¿Quién va a comprar eso? Si está totalmente en ruinas”, se pregunta un vecino, que asegura que la solución es derruirlo. “Si no lo hace el banco, que es el propietario, que lo haga el Ayuntamiento. No sólo para acabar con ese gran punto de drogas, sino para evitar que se termine por derrumbar y ocurra alguna desgracia. Aún no consigo explicarme cómo los técnicos del propio gobierno local no evalúan el estado de la finca”, añade.

La ‘intimidad’ que tienen todas estas personas en mencionada vivienda es la clave para que acudan al lugar. Ya lo tienen como punto de referencia. La heroína ya volvió, aunque Salvi asegura que no es pura. “Lo que se meten es una mezcla de heroína con cocaína, que es peor todavía”. Salvi lo dice porque “si fuera heroína los dejaría en el suelo tirados y esta gente se levanta y se van a buscar la siguiente dosis”.

Algunos de ellos son jóvenes y muy educados, según señalan varios vecinos. “Es una verdadera pena cómo los está dejando la droga”. Otros, en cambio, son más violentos. Sea como fuere, el ‘mono’ les provoca hacer lo que sea por conseguir algo de dinero para su dosis.

Que se lo digan a Miguel Ángel, vecino de Vista Alegre. Una de las ventanas de su vivienda -es un bajo- pertenece a la habitación de su hija de 11 años. “He tenido que colocar una rejilla porque uno de los toxicómanos metió la mano y robó de una estantería que tiene mi hija pegada a la ventana unas cadenitas”, afirma. Miguel Ángel no está tranquilo en su barrio. Sobre todo teme por su hija. “Me da miedo que puedan hacerle algo si baja sola o que vea cosas que no tiene que ver a su edad”, explica. “Cuando quiero salir con mi hija a que juegue me tengo que ir fuera de mi barrio. La imagen que transmite Vista Alegre es lamentable. Y es una pena, porque los vecinos son fantásticos y es un lugar muy tranquilo”.

Miguel Ángel está “realmente cansado” de tener que vivir así. Llegó a Vista Alegre hace tan sólo 5 años y afirma que antes el problema estaba, pero era mucho menor. “Encima, cuando le dices a alguno que salga de un bloque se pone violento”. Este vecino intenta explicar la imagen que tiene que ver cuando salen de consumir: “Al salir drogados son más violentos aún y van paseando por la calle que da pena verlos”.

Exactamente igual que al anterior vecino le ocurre a Rafael. Tiene una hija de 8 años y tampoco baja con ella. “Ver pasar drogadictos a cada instante no es una imagen para un niño”, dice Y no es sólo pasar, sino que las ventanas de su bloque desembocan directamente en la famosa vivienda donde paran todos.

Los residentes del lugar denuncian la dejadez que está sufriendo el barrio: “No le importamos a nadie parece ser”. Éste aún espera que el Ayuntamiento cumpla con la promesa que hizo pública el pasado mes de febrero. “Hace algo más de seis meses, la alcaldesa visitó la barriada y anunció un proyecto de remodelación de Vista Alegre, pero aún estamos esperando”, asegura.

Las versiones de multitud de vecinos coinciden: “El mayor problema de este sitio es la droga”. En otros lugares, quizá la venta sea mayor que en Vista Alegre, pero posiblemente, en cuanto al consumo, esta barriada se haya convertido en referencia para los toxicómanos de todos los lugares.

Los problemas de suciedad e infraestructuras del barrio son evidentes y deben tener solución cuanto antes. Aunque, seguramente, para todos los vecinos de Vista Alegre, ese sea el menor de los inconvenientes viviendo en un barrio que se ha convertido en los últimos años en el centro neurálgico del consumo de droga en Jerez.

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