Los vecinos hacen guardias para evitar los robos en las casas desalojadas
Los afectados de El Portalillo pasan las noches en la calle para vigilar que los ladrones no entren en la barriada · El colegio del Santo Ángel sigue siendo el refugio para más de veinte personas
Llevan desde la noche del jueves sin dormir, es normal, no es fácil coger el sueño bajo una carpa al aire libre y sentado en una silla. Así es como viven algunos vecinos de El Portalillo desde la pasada semana, todos juntos al lado de la hoguera que tienen encendida durante todo el día. Aquí el problema ya no sólo es el agua, sino los ladrones, los amantes de lo ajeno que ya robaron en las casas de esta barriada en la riada de 1996. "¿Tú crees que no me gustaría a mí estar mejor en la casa de las hermanas en El Portal? Claro, pero no puedo dejar mi vivienda sola, tengo que estar pendiente de que nadie entre a robar lo poco que me queda", afirmó Pecu entre lágrimas. El temor a la delincuencia es tan grande que hay algunos vecinos que duermen en el coche porque allí guardan algunas pertenencias. "Un vecino pasa las noches en su coche junto a su televisor porque no le dio tiempo a llevarlo a un sitio seguro", apuntó una de las afectadas.
En la carpa azul instalada a la entrada de la barriada conviven unas 20 personas, hablan y se consuelan mientras temen que el cielo se vuelva negro. Ya Juan (vecino de El Portalillo) lo dijo ayer, "el nivel del agua está comenzando a subir", una previsión que todos desean que no se cumpla. En esta 'zona cero' los días pasan muy despacio, "no todo el mundo por desgracia puede vivir en la calle Larga o en la avenida Álvaro Domecq, nosotros vivimos donde nuestros bolsillos nos lo permiten", comentó Pecu, quien no se olvida de agradecer las ayudas que están recibiendo de algunas asociaciones de la ciudad. Entre ellas, Cruz Roja, Cáritas, el Ayuntamiento, la venta El Pollo y la de Juan Carlos. Ésta última les ha llevado una impresionante olla de patatas con carne, "la verdad es que comemos gracias a la solidaridad, porque hasta los mismos familiares que no viven aquí nos traen las cenas", señaló la vecina de la barriada.
En El Portal, el colegio del Santo Ángel se ha convertido en el único hogar de muchas familias, ya que desde que se inundaran las viviendas, los vecinos de la barriada han pasado las noches bajo el techo de este centro. Aquí, las habitaciones han dejado de tener un sentido educativo y lúdico para convertirse en las nuevas habitaciones de unas 25 personas. Los niños en la misma habitación que las madres, y los hombres en la habitación de enfrente, así se han planificado los vecinos que, junto a Cruz Roja y las hermanas que llevan el centro, intentan poco a poco levantar cabeza y no 'ahogarse' entre el lodo. "Mi casa está fatal, no se puede entrar porque llegamos a tener un metro de agua. Desde el viernes estamos en la casa de las monjas y seguiremos varios días más", comentó María Barrero mientras prepara la comida en el colegio. Uno de los momentos que esta vecina no puede olvidar es el ataque de ansiedad que le dio a su hija de diez años, "se puso muy nerviosa cuando vio que el agua estaba en la casa. Menos mal que me dio tiempo a llevarle al colegio, porque allí no llegaba la inundación. Todo ocurrió muy rápido y la verdad es que no nos lo esperábamos". A su lado está su amiga, Charo Lobo, quien a pesar de no ser una de las afectadas entra a primera hora de la mañana en el Santo Ángel para "ayudar a mis vecinos". La impotencia de ver cómo a sus allegados les ha entrado el agua en sus viviendas, le ha llevado a formar parte de un gran equipo solidario a disposición de los afectados. "Es una pena muy grande, he llorado mucho con mis amigas porque esto muy fuerte. Es una lástima que siempre toque en las familias más pobres", señaló Charo.
No es la primera vez que la congregación de las hermanas que llevan el centro Santo Ángel ponen el centro a disposición de los vecinos. "Esta casa está abierta para cuando hay una necesidad", comenta la hermana Teresa, quien señala que estos días "han sido páginas del Evangelio. A mí me han evangelizado los vecinos porque dentro de su dolor no han perdido las ganas de vivir, es una esperanza porque es pensar que esto tiene futuro, aunque sea muy doloroso lo que les toca ahora vivir". Durante estos días en los que el cielo ha dado una pequeña tregua, son muchas familias las que han podido limpiar sus casas, dejando un hueco en el centro del Santo Ángel, "el sábado dormimos aquí cerca de 80 personas y el domingo la cifra bajó a 25 vecinos", comentó una de las afectadas. Ayer los niños volvieron al colegio con un bocadillo en la mochila preparado en este centro solidario. "Ahora empieza la vida normal dentro de la anormalidad en la que estamos viviendo. Tenemos temor de que vuelva la borrasca, pero yo pido al Señor que envíe los vientos a otro lado, pero que no haga daño a nadie", señaló la hermana Teresa.
En el mapa de las inundaciones, La Greduela es uno de los puntos más problemático. Ayer ya se podía acceder a la barriada tras estar incomunicada desde el pasado viernes, y los vecinos ahora se afanan en retirar el agua que entró en las casas como un 'invitado sorpresa'. José Manuel Aldóm, vecino de la zona, destacó que "estamos sacando agua, aunque tengamos las compuertas cerradas hay que retirar lo que tenemos dentro de la barriada". Entre todos hacen turnos para que las máquinas no paren en las 24 horas del día, ya que en cinco viviendas el agua obligó a sus dueños a salir 'con lo puesto'. "El agua ha llegado a un metro de altura. Me siento impotente, no tengo palabras para relatar lo que ha ocurrido porque ha sido todo de golpe", comentó Manuel González, uno de los afectados de La Greduela, quien junto a sus padres, han tenido que dormir estos días en la casa de su tía. "Ver entrar el agua de forma tan rápida es increíble, sabes que no le puedes dar solución, ves que el agua te gana, te vence a pesar de que luches con todas tus fuerzas y al final, toda tu pelea es mantener las cosas a salvo", relató el afectado.
Así, la batalla tanto con los ladrones como con el agua no ha acabado. Muchos afectados esperan que las ayudas que las autoridades les han prometido "sean de verdad", y denuncian que "no vendría mal que personal de Urbaser nos ayude a limpiar las barriadas". Mientras tanto, el fuego de la hoguera seguirá siendo su lámpara y el toldo azul su única capa contra la noche.
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