León Domecq, una bodega con raíces almacenistas de mediados del siglo XIX

Vinos de Jerez

Santiago y Tomás León Domecq recuperan la tradición bodeguera familiar vinculada a uno de los linajes históricos del jerez

El obispo y la alcaldesa presiden la inauguración tras la reforma integral del casco bodeguero de la calle Justicia que dio inicio al negocio bodeguero de la familia

Bodegas León Domecq lanza una gama exclusiva de vinos Premium

Un momento de la inauguración de Bodegas León Domecq, que ocupa un antiguo casco bodeguero de la calle Justicia.
Un momento de la inauguración de Bodegas León Domecq, que ocupa un antiguo casco bodeguero de la calle Justicia. / Manuel Aranda
Á. Espejo

19 de mayo 2022 - 21:14

Mucho han cambiado las tornas en el mundo del vino de Jerez y para bien cuando los cierres de casas bodegueras, hasta no hace muchos años frecuentes en la ciudad, han dado paso a la apertura de nuevas firmas. En el caso de la bodega León Domecq, inaugurada este jueves en la calle Justicia, más que de nueva bodega habría que hablar de la recuperación de un negocio familiar con raíces almacenistas que tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX, vinculado además a uno de los linajes bodegueros históricos del jerez.

Los hermanos Santiago y Tomás León Domecq han sido los encargados de “sacar del olvido” las viejas botas arrumbadas desde hace años en un antiguo casco bodeguero enclavado en el barrio de San Mateo, donde su abuelo Tomás Domecq se estableció como almacenista con el envejecimiento de los vinos y vinagres procedentes de la viña ‘La Compañía’, en el pago de Macharnudo junto a ‘El Majuelo’.

Tomás Domecq adquirió el casco bodeguero situado entre las calles Justicia y Alcaidesa, “de las últimas bodegas del Jerez de intramuros”, y en la que los propietarios han llevado a cabo una “reforma integral, respetando el valor arquitectónico y un patrimonio con casi dos siglos de historia”, que se distingue por sus arcos ojivales en lugar de los de medio punto característicos de la época, explicó Santiago León Domecq durante la inauguración.

“Estamos orgullosos del trabajo realizado y de poner en valor unos vinos que llevaban muchos años olvidados”, labor en la que han empleado año y medio, sobre todo para la reconstrucción de los techos a dos aguas, completamente derruidos en el casco principal.

Los herederos del negocio familiar han creado junto al enólogo Joaquín Gómez Beser y el equipo técnico de la bodega unos vinos con impronta y un estilo propio, dentro de la línea de los jereces que elaboraba su abuelo bajo la premisa de la búsqueda de la “excelencia y la calidad”, con los que quieren “aportar nuestro granito de arena, desde la humildad, el respeto y el cariño” a la expansión de los vinos de Jerez, “una joya que hay que apreciar y darles el sitio que tenían en la época de William Shakespeare”, autor de la célebre frase: “Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les inculcaría sería abjurar de brebajes ligeros y dedicarse al jerez”.

Bendición y placa conmemorativa

El acto de inauguración estuvo presidido por el obispo de Jerez, José Rico Pavés, y la alcaldesa, Mamen Sánchez, encargados de la bendición y el descubrimiento de la placa conmemorativa de la apertura de la bodega. El acto contó con la asistencia de empresarios y responsables del sector bodeguero, la política y la sociedad jerezana.

Monseñor Rico Pavés dedicó palabras de agradecimiento y felicitación a los hermanos León Domecq por su iniciativa empresarial que contribuirá a la creación de empleo y riqueza en la ciudad y cuyo inicio “coincide con la concesión del Papa Francisco a la Diócesis de Jerez del Año Jubilar por el centenario de la consagración de la ciudad al Sagrado Corazón de Jesús”, imagen con la que el obispo se topó a su llegada a la bodega, en cuya fachada también luce un gran azulejo del Señor de las Penas, titular de la hermandad de los Judíos de San Mateo.

La alcaldesa, que confesó haber dejado "plantados a un montón de alcaldes y ministros" reunidos ayer en A Coruña para la firma de la Declaración de María Pita (en favor de las políticas de igualdad), porque “la ocasión lo merecía”, subrayó la valentía de estos dos hermanos y de su “apuesta por recuperar patrimonio bodeguero en el casco histórico”, que “abre la puerta al turismo”.

Mamen Sánchez destacó igualmente la importancia de esta inversión, fruto de la “colaboración público-privada” y que se complementa, además, con la actuación para la rehabilitación del barrio de San Mateo por importe de 2,5 millones de euros, con cargo a fondos europeos, “un proyecto denominado, precisamente, Distrito Sherry”.

Vocación exportadora

Además de la gama completa de jereces lanzados al mercado hace tres meses bajo la marca ‘Señorío de Callao’ -fino, amontillado, palo cortado, oloroso, medium, cream y Pedro Ximénez-, algunos procedentes de las viejas soleras de la familia y otros adquiridos a proveedores exclusivos, Santiago León ha destacado que la bodega comercializa un Vinagre de Jerez, “otra joya con más de 75 años envejecido de forma natural” y un vermut. En total, 400 botas de vino y otras 80 de vinagre con las que ya han abierto algunos mercados de exportación como Alemania, Dinamarca, Eslovenia, Brasil y Turquía.

Una aventura empresarial, no exenta de romanticismo, que estos dos hermanos jerezanos emprenden con “gran ilusión y visión de futuro para recuperar, así la tradición familiar”, detalló Santiago León a este medio.

Un escudo y dos historias

El escudo de Bodegas León Domecq, diseñado ex profeso, rinde homenaje al antiguo negocio almacenista iniciado por Tomás Domecq, hermano de Pedro Domecq (Marqués de Domecq), e incorpora elementos alusivos a la histórica familia bodeguera jerezana de origen noble francés, tal y como indica su lema: ‘Nobleza obliga’.

En el emblema de la bodega figuran dos leones, que representan a los hermanos Santiago y tomás León, junto al hierro extraído de las botas de vino que se conservaban en el casco bodeguero de la calle Justicia, principalmente olorosos y palos cortado, entre estos últimos el comercializado por Lustau como ‘Almacenista Vides’.

Junto a la enseña de la casa aparecen los guantes blancos y la espada que identifican a la familia Domecq. El estilete, el elemento más noble, es símbolo de justicia y soberanía, mientras que los guanteletes blancos, que el Rey Luis XIV impuso a un miembro de la familia, representan la ecuanimidad y pureza.

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