Y jamás temieron
Psicología
Somos herederos de epopeyas que rara vez reconocemos.
Nuestras gestas ya no llenan cantares, pero se escriben cada día: en hospitales, en las calles, en hogares anónimos donde el alma humana sostiene su luz.
Hay palabras que encierran siglos: And ne forhtedon na —“y jamás temieron”—.
Así reza el verso de la Batalla de Maldon que Borges escogió como epitafio. Este poema anglosajón honra a quienes, sabiendo que iban a morir, decidieron quedarse. No por la victoria, sino por el honor de ser fieles a sus convicciones.
Así viven, aún hoy, algunos hombres y mujeres entre nosotros.
Marc Márquez, tras visitar a un joven fan enfermo de cáncer terminal, cedió íntegramente su premio del GP de Catar a la investigación médica. En las imágenes se aprecia el cariño y la admiración mutua entre los dos luchadores. Tal vez así Márquez sienta que hace una ofrenda a los dioses, pero desde luego es un gesto que nos enaltece a todos.
Simone Muratore, futbolista de la Juventus, sobrevivió a un neurocitoma en el cerebro.
Tras medir sus fuerzas e intentar volver , decide dejar su carrera como futbolista y emprender otra vida.
Renunciar al aplauso, a tus sueños, a la identidad forjada durante años, exige más valor que cualquier final de campeonato.
Manuel Sánchez, cómico andaluz, sigue enfrentando su metástasis sin abandonar su vocación: hacernos reír.
Hay en su resistencia algo del guerrero que, herido, aún blande su estandarte, no para sí, sino para los demás.
El Papa Francisco ha fallecido. No buscó la gloria, sino el servicio. Caminó con los humildes, bendiciendo sin alzar la voz. Hasta el final, visitó las zonas más necesitadas de paz y esperanza.
Como dijo en la ONU:
“Todo está relacionado. La paz, la justicia y la salvaguarda de la creación son inseparables... El amor de Dios se extiende a toda la creación.”
La epopeya nunca terminó; nos atraviesa. Y cada célula de nuestro organismo, cada pensamiento destilado añora la gloria del ser frente a la nada. Claro que tenemos miedos, temores, pero podemos elegir morir sólo una vez.
A veces nos toca ser el héroe en peligro.
Otras, el que sostiene al otro.
No siempre venceremos.
Pero podemos vivir de tal modo que, llegado el día, podamos decir, como aquellos antiguos guerreros:
“Y jamás temieron.”
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