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Onetti, posturas y letras que perduran en el tiempo

El crítico Ignacio Echevarría ofrece una interesante y amena conferencia sobre el autor de Montevideo

Un momento de la intervención de Echevarría, ayer.
A. Cala Jerez

18 de octubre 2013 - 01:00

"Yo nunca he sabido hablar ni bien ni regular. La elocuencia, atributo muy hispánico, me ha sido vedada. Hablo mal en privado, por eso hablo poco en las pequeñas reuniones de amigos, y hablo peor en público, por lo cual sería mejor para ustedes que no les dijera nada... Hoy, sin embargo, me presento ante ustedes con temerosa alegría porque, por una única vez, estoy dispuesto a hablar, no sólo porque debo, sino porque quiero hacerlo. Porque quiero manifestar de viva voz -o con una voz más o menos viva- la profundidad de mi gratitud a España". Así comienza el discurso que Juan Carlos Onetti ofreció en su recogida del Premio Cervantes en 1980, en Madrid. Por eso, "no hay nada menos onettiano que dar una charla". Lo dice también el editor, crítico literario y la persona que entiende la crítica literaria como un servicio público, Ignacio Echevarría, que ayer ofreció una conferencia sobre el autor uruguayo, de quien destacó algunos aspectos de su persona y su obra, como ese rechazo a hablar en público. "Lo hizo sólo en dos ocasiones, y fue en Madrid, en noviembre de 1973 cuando fue invitado a un curso, y en la entrega del galardón cervantino. De ahí que insistiera siempre el autor de El pozo, de que "yo sólo sé escribir". Un autor que respetaba a los escritores que escribían, y mantenía cierta distancia con los que querían llegar a ser escritores. "Porque Onetti era un escritor esencialmente escritor. Su escritura y su vida eran lo mismo. Escribir esa su forma de vivir", apuntó Echevarría, presentado por Carlos M. López Ramos, en una excelente disertación sobre Onetti, de quien recordó que, como parte de la familia de Caballero Bonald, "pertenecía a la especie de los acostados, en los últimos años de su vida". Y en horizontal hacía las cosas que más le gustaban, beber whisky, leer, hacer el amor y fumar. Bonald, gran amigo de Onetti, asegura que lo vio de pie en tres ocasiones. "En semejanza a Bonald, Onetti escribía en la frontera de la poesía. La calidad de su prosa tiene que ver con la calidad de la poesía de Bonald", añade Echevarría. Una relación cercana con el jerezano que nada tenía que ver con la enemistad que mantenían Onetti y Borges, sustentada a base de agravios y desplantes. "Creo -dijo Echevarría- sin embargo que la obra de Onetti es más duradera en el tiempo que la de Borges".

Y tenía razones Onetti para estar agradecido a España y demostrarlo con ese discurso en Madrid. Al país vino exiliado tras el grotesco capítulo que le condujo a la detención y encarcelamiento, para después estar recluido en un manicomio de su tierra natal. Un acontecimiento que le sumergió en una profunda depresión. De esos tiempos entre rejas huía con la lectura casi obsesiva del Quijote, especialmente, con el divertido capítulo XX sobre los batanes.

Respecto a los Cervantes, el crítico literario hizo un repaso del baremo de galardonados desde que se instaurara el Premio, 1976. "El boom latinoamericano propició la supremacía de galardonados originarios de la tierra frente a los españoles. Fue en los 90 cuando España empezó a fijarse en su propia narrativa. Aquella literatura latinoamericana se impuso de forma injusta", aseguró el conferenciante.

Los inicios de Onetti como escritor "fueron muy desastrosos". Perdió el original del primer libro que escribió, El pozo, para luego reescribirlo, aunque en los año 50 publicó la que es considerada la primera gran novela moderna latinoamericana, La vida breve. Un hombre callado, como Bonald o Juan Rulfo, con quien mantenía conversaciones de silencios. Un autor reconocido por la mayoría de los autores del boom latinoamericano y sus predecesores. Un Onetti al que se le agradece que hablara por sus letras más que por sus palabras sin voz.

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