Una vuelta más

Afefobia

En el laberinto de la mente humana, se dan algunas patologías como las fobias, que pueden surgir por una mala experiencia, no tienen por qué ser de origen específico o genético. El autor versa sobre la peculiar afefobia, propia de estos tiempos pandémicos

Afefobia. Afefobia.

Afefobia.

Nadie, por muy valiente que se considere o aparente, resulta inmune al terror. Hay muchas formas de padecer o exhibir el pánico, pero todas ellas suponen un drama individual que no desparece ni en sueños. Entre el amplío catálogo de horrores, destacan las pesadillas que, por muy dormidos que estemos, reproducen a conciencia el lado más oscuro y misterioso del alma: te sumen en un laberinto interminable, caes presa del delirio, eres víctima de ti mismo. Asumes impotente el torbellino diabólico que fluye de la mente, repitiendo escenas macabras, lamentables y trágicas. No hay rostros definidos, sólo traumas conocidos, angustia nocturna, rayos de cólera con la muerte pisando los talones. Y aún peor que esos dramas de noche o ensoñaciones, resultan las fobias, que se sufren despiertos y en directo, con los ojos bien abiertos.

Ya sea por las arañas, perros o serpientes, e incluso a las alturas o los lugares cerrados, la fobia, en todas sus variopintas expresiones, supera y rompe en pedazos a quien la padece. Se trata de un complejo trastorno de ansiedad, caracterizado por el miedo intenso, desproporcionado, irracional e irrefrenable hacia objetos, lugares, animales, personas o situaciones diversas, que generan problemas emocionales, de salud y sociales, con sentimientos intrínsecos de odio o rechazo hacia lo que no se soporta. Hablamos en concreto de pánico, pavor o aborrecimiento extremo. Son patologías que pueden surgir como consecuencia de una mala experiencia, no tienen por qué ser de origen específico o genético. De hecho, a nadie extraña que la peculiar afefobia, comportamiento fóbico caracterizado por el miedo a tocar o ser tocado por otra persona, está expandiéndose a marchas forzadas como consecuencia de la pandemia que sufrimos en este Siglo XXI.

Entre mis fobias confesables, la menos relevante es al barbero. Me traumatizo y siento escalofríos, solo con pensar que estoy a su merced mientras raspa mi coronilla con una navaja. Pero por suerte y de momento, aún no padezco afefobia, pues todavía sueño con estrechar manos, abrazar y viceversa…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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