Tribuna Económica

Carmen Pérez

Agenda verde europea: ¿Acelerón o retroceso?

29 de julio 2022 - 01:37

En un momento en que el calentamiento global se muestra con toda su crudeza en el continente europeo -temperaturas abrasadoras, cientos de incendios y sequías generalizadas combinadas con inundaciones devastadoras- la revista Política Exterior ha preguntado a numerosos expertos si la agenda verde europea podrá sobrevivir a la crisis energética desatada por la guerra en Ucrania. Todos ellos se decantan por dar una respuesta afirmativa a esa cuestión. Es más, opinan que la agenda climática se verá reforzada e incluso algunos vaticinan que se va a acelerar. También, sin embargo, subrayan que va a ser un camino lleno de obstáculos.

Este optimismo unánime sorprende porque actualmente se están adoptando muchas medidas que parecen apuntar en la dirección contraria; algunas son reversibles, como la reactivación de centrales de carbón, el incremento de la utilización del petróleo procedente de nuevos proveedores, la importación de gas licuado norteamericano extraído por fracking o considerar verdes las inversiones en gas y nuclear; pero otras, como la construcción de gaseoductos o terminales regasificadoras, distan mucho de ser coyunturales. Tampoco parece que pueda mantenerse la prioridad de los objetivos verdes frente a los sociales dado el gran aumento del precio de los combustibles y de los alimentos. Un ejemplo claro son los subsidios generalizados que no contribuyen en absoluto al ahorro energético.

Los expertos son conscientes de todo esto y muchos pronostican un retraso de la agenda climática y que a corto plazo las emisiones pueden incrementarse. Pero hay razones para sostener que la crisis energética va a suponer a medio plazo una aceleración de las políticas verdes. Esta crisis ha puesto en clara evidencia cómo la transición energética no es ya sólo una cuestión que afecta a nuestra calidad existencial, sino que es necesario combatir las ingentes cantidades de recursos que gastamos en importaciones y, lo más grave, que nuestra estructura energética actual constituye un enorme problema de seguridad.

Y lo que está claro es que no es una cuestión que pueda resolverse en clave nacional. Es un problema europeo que necesita una respuesta europea. Recientemente, hemos presenciado durante la pandemia cómo Europa se crece en la adversidad. Aunque de otro orden, la crisis energética plantea un escenario igualmente dramático. Se necesita dinero para soportar las cuantiosas inversiones necesarias. A medio y largo plazo se cuenta con los fondos de recuperación, cuya tercera parte está destinada a inversiones verdes para sentar las bases de una auténtica política industrial descarbonizada. Pero hay que ir más allá. Como alguno de los expertos apunta, tal vez sea el momento de aceptar que estamos -de nuevo- en un momento tipo "lo que haga falta" y dotar un fondo de emergencia para ir respaldando inversiones de toda índole.

Pero a corto plazo, mientras el cambio llega, tendremos que vivir con recursos energéticos escasos. La planificación a nivel europeo resulta esencial. La solidaridad se impone. También, concienciarnos todos de que ahorrar energía es la medida más efectiva y eficiente para luchar contra esta crisis.

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