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El primer día de este mes de abril que anuncia su segunda quincena, en el transcurso de una tertulia celebrada en una de las más jóvenes y espléndidas naves bodegueras de Jerez, entre sevillanos, y jerezanos autóctonos y adoptivos, uno de los tertulianos, posiblemente el más joven -o quizá no-, Bosco Gallardo Quirós, tuvo la gentileza de obsequiarnos con un ejemplar de su libro -edición íntima-, titulado Versos de Esperanza-La Macarena y su mundo, un libro que es, según refleja su autor en el segundo párrafo de la introducción "un atrio de versos dedicados La Macarena. Belleza misteriosa que sólo un genio pudo concebir". A la Virgen, la grandeza de su hermandad y la singularidad de los macarenos.
Pero ni quiero ni puedo detenerme en valorar lo que mucho de valorable tienen la prosa y verso exaltativos, y sí destacar aspectos que entrañan con algunos de los comentarios vertidos en estas páginas antes y después de la Cuaresma, como puede ser el del mundo de la saeta cuyos ecos aún resuenan en las calles de Jerez y a cuyo mundo y sus intérpretes hemos dedicado si no toda, una parte destacable y que, como punto y final, recordando a muchos de los que ya no están entre nosotros, quiero volver a la publicación que abre este texto y que su autor, tras dedicar trabajos a "mi tía la Paquera, a mi barrio de San Miguel", a "mi amigo Moraíto", "a la fe y amor de mis padres -Antonio y Rosario-, a Mila y al resto de mis hermanos", "a la memoria del poeta Juan Antonio Sánchez Quirós", "a mi amigo el padre Cué" (que lo fue también de su padre señalamos nosotros), "a Lola Loreto", de los Loreto Bejarano, de Jerez, familia de Manuel Torre y del Niño Gloria, así como a amigas y amigos, macarenos y no, destaca la legendaria saeta que, desde el balcón de los Miura cantó Manuel Soto Loreto, Manuel Torre, cuya vinculación con la Macarena vendría por el celebérrimo Joselito "El Gallo", al ser compadres, en 1919. Reseña Bosco Gallardo lo siguiente abundando en el cantar saetero del jerezano: "Su arte tenía una capacidad de transmisión indescriptible, que hacía llorar a los hombres más aguerridos como el propio Sánchez Mejías". Federico García Lorca, que escribió: "arañaba el aire y quebraba hasta el azogue de los espejos", quiso que se le erigiera al Niño de Jerez un monumento de bronce, con sus galgos a sus pies, que no estuviera en alto, para que los gitanos pudieran estar cerca de él. El Niño Gloria cantó otra saeta extraordinaria como previa a la de Manuel. Juan Sierra ha escrito: "Jerez tiene diamantes con un percal oscuro.
Son muchos los diamantes -con percal oscuro y con brillantes lunares-, que se nos fueron; también a los que felizmente nos alumbran cada Semana Santa con sus oraciones cantadas; a todos ellos, a los que fueron muy especialmente por razones obvias de edad y a los permanecen, quiero dedicar este breve comentario con el abrazo fraterno de quien durante años vivió y convivió próximo a la morenez y a la blancura de las voces saeteras de mujeres y hombres de esta tierra jerezana. A Bosco Gallardo, por él y por el recuerdo de sus padres, las gracias y lo mejor para siempre.
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