Las encontramos en las calles, cuando tienen que acudir a cuidar de un enfermo o para recoger las limosnas que luego convierten en ayuda a sus semejantes, siempre en pareja y en silencioso segundo plano una de ellas, mientras la otra es la encargada de hablar con quienes las saludan con evidente admiración, por su abnegada entrega y revestidas del grueso hábito, que visten con obediente complacencia, poco adecuado para las elevadas temperaturas de nuestra tierra y un motivo más de mortificación personal y así las llevamos viendo por este Jerez nuestro; donde tantas necesidades persisten a pesar del dudoso "estado del bienestar" que algunos han tratado de vendernos con sus mensajes propagandísticos; tres cuartos de siglo ya, desde que cumplieron el sueño de "Sor Ángela" de hacerse presentes también en la ciudad, en ese continuado e imparable crecimiento de la Compañía allí donde su encomiable entrega pudiera encontrar un lugar más para manifestarse, efemérides que ayer mismo se cumplía y que la Virgen del Desconsuelo, de la Hermandad de los "Judíos", quiso realzar con su presencia en la menguada Capilla del Convento de las "Hermanitas", iniciándose con ello toda una sucesión de actos que enmarcarán esta presencia de las hijas de Santa Ángela entre los jerezanos y que es propósito de la Comisión organizadora de los mismos se prolonguen por todo un año, desde la presentación de su cartel anunciador, el próximo lunes día 11 de este mes de julio.

Confieso que siempre me he sentido muy cerca de esta Congregación religiosa, por haberla seguido mucho en Sevilla, ciudad en la que la Santa fundadora recibió la inspiración divina de crearla, donde tuve la inolvidable oportunidad de vivir la solemne procesión, con el cuerpo incorrupto de Madre Angelita, desde su convento hasta la Catedral y los cultos extraordinarios que conmemoraron en la sede hispalense su Canonización en Roma, tras haberla declarado Beata el Papa San Juan Pablo II; en la solemne y multitudinaria ceremonia del "Campo de la Feria"; que años más tarde la elevaría a los altares, viví aquí mismo en Jerez, acompañando al Cardenal Bueno Monreal, la bendición de las nuevas instalaciones del cenobio jerezano, acto en el que tuve la ocasión de manifestarle a la Madre general la sensación de jubilosa alegría que transmitían esas paredes encaladas de la casa, opinión que me manifestó la llenaban de gozo y he asistido en no pocas ocasiones al emocionante tránsito, ante el Convento de las Hermanitas, en Sevilla, de la Virgen de la Amargura, de el Señor de los Gitanos o la Macarena, y aún resuenan en mi corazón las angelicales voces de las Hermanitas saludando a las Imágenes con sus cantos…

Por eso me sigo emocionando cuando cada mañana de domingo, aquí mismo, ya digo en la pequeña Capilla de Juana de Dios Lacoste, las escucho entonar las plegarias que elevan al cielo para implorar la Fe, para acompañar con sus cantos la presencia del Santísimo Sacramento o para saludar a la Virgen, en la despedida de la Eucaristía.

Setenta y cinco años de benemérita presencia de las religiosas de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, cuidando ancianas, repartiendo a manos llenas, incluso lo que no tienen, entre quienes las necesitan; cuidando enfermos…

Un acontecimiento histórico que Jerez no puede dejar pasar sin tenerlo y hacerse muy presente en él.

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