Desde el nido del cuco

Si Hoefnagel levantara la cabeza

No reconocería para nada ese Xeres que él dibujó hacia mediados del siglo XVI. Ese cuadro, casi una foto, formó parte de una gran obra 'Civitatis orbis Terrarum', donde se recogían grabados de las principales ciudades europeas del momento. En esa escena aparece una pareja paseando por lo que hoy sería la carretera de El Puerto de Santa María, al lado dos jinetes, portando lanzas y escudos, un hombre camina lentamente con un odre que podía portar vino y unos arrieros cuyos mulos, casi desbocados, parecen querer llegar rápido a la ciudad por la Puerta del Arroyo.

Pero es otra parte del cuadro lo que queremos resaltar: el paisaje. Este aparece con viñedos, cereales, árboles que pueden ser frutales u olivos, o algo de pastizal; un paisaje que ha permanecido casi inalterable hasta nuestros años, y que si un milagro no lo remedia y volviera a visitar la ciudad Joris Hoefnagel, no reconocería esos idílicos paisajes que dibujó.

Se encontraría con gigantescos molinos de viento; se dice que cinco con 100 metros de altura. Ni mil Quijotes podrían con eso; decenas de hectáreas de viñas serán transformados en huertos solares y un mar de cables surcando los cielos para transportar tanta energía. Las carreteras que desde Jerez van hasta el oeste de la provincia parecerían vías rodeados de mares de placas, que por cierto desde las alturas parecen masas de agua y ya más de una anátida se ha llevado un chasco al intentar aterrizar entre tanto metal.

Y lo curioso es que ahora nos ponemos las manos en la cabeza como sorprendidos por este desmadre, cuando esos proyecto han tenido que tener en visto bueno de Administaciones estatales, autonómicas y locales. Alguien podría haber dado antes las señales de alarma.

Escribí en esta misma columna que el paisaje es un bien cultural tan importante como el que más. En este caso no soy optimista. Aprovechen lo que vaya a quedar de nuestra secular campiña y tomen un buen mosto ahora que es el tiempo. Beban, con moderación, para olvidar el aberrante paisaje que en breve cubrirán nuestros campos.

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