Una vuelta más

Síndrome de Diógenes

El autor plantea sus dudas sobre el nuevo sistema de reciclaje de residuos que están aplicando algunas poblaciones, condicionando el día a día de los ciudadanos con perdidas de oremus incluidas

Los vitales sistemas de reciclaje deberían evitar otro mal mayor como llegar a perder la cabeza.

Los vitales sistemas de reciclaje deberían evitar otro mal mayor como llegar a perder la cabeza. / © Manuelbv

Vivir es maravilloso, el mejor regalo recibido de nuestros padres, a los que nunca podremos agradecérselo suficientemente, ni aprovecharemos tampoco esa bendita oportunidad como algo único e irrepetible. Por mucho que se nos recuerde, no acabamos de asumir que tenemos los días casi contados en este mundo, ni cuidamos con el mimo que merece al increíble planeta que nos cobija. Solo prestamos atención a la madre Tierra cuando vemos las orejitas al lobo, algo que el alterado clima ya se encarga de alertar con catástrofes naturales continuadas que, en algunos casos, podrían evitarse. Bastaría, por ejemplo, con involucrarnos firme y disciplinadamente en tareas tan elementales como el reciclaje de residuos domésticos, eso sí, siempre que el sistema utilizado al efecto sea sencillo y no suponga otro mal mayor como llegar a perder la cabeza.

De locura, caos y hartazgo generalizado se habla precisamente en muchos pueblos donde un nuevo método de recogida de basuras se ha puesto en marcha, generando polémicas y malos humos u olores. Podría dar mil y un detalles, pero en resumidas cuentas, de elegir libremente el momento en que ibas a los contenedores más cercanos para obrar en consecuencia con tus desperdicios, se ha pasado a colocar en propia puerta un recipiente que al anochecer recogen operarios, a razón de unos días desechos orgánicos, otros papel, latas, plásticos, etcétera, siguiendo siempre un protocolo milimétrico que debes memorizar. Todo ello condiciona al máximo e implica no sólo una metodología disciplinada y habilitar cierto espacio extra o logística domiciliaria, sino que acabas acumulando también en tu hogar algunas sobras incómodas por su rápida descomposición, hasta que coincida el día concreto en que pasan a recogerlas. Tales procedimientos suponen un elevado grado de organización y compromiso individual, pues si no colocas como es debido los residuos, te los devuelven con una nota indicando qué has hecho mal para no repetirlo.

¿Ensuciamos más que limpiamos? ¿Ensuciamos más que limpiamos?

¿Ensuciamos más que limpiamos? / © Lehabin Briceño

Implementar este nuevo sistema ha supuesto la eliminación de los clásicos espacios con contenedores dispersos por toda una población, quedando sólo en lugares muy concretos y, teóricamente, sólo para emergencias. Pero, curiosamente, en aquellas localidades pequeñas con alta afluencia de turismo o elevados niveles de segundas residencias, se observa que muchos visitantes, al no encontrar un contenedor a la vista, acaban dejando en medio de la calle sus residuos, o bien convierten en auténticos estercoleros los pocos puntos donde aún les permiten llevar sus bolsas de basura, sin importar que se trate de zonas habitadas, con las consecuencias que todo ello supone, más aún en pleno verano. De hecho, esos limitados espacios cuentan con tal volumen diario que uno llega a preguntarse ¿quién seguirá al pie de la letra este novedoso método, si parece que ahora se generan más residuos que antes? ¿No será que quienes pagan religiosamente sus impuestos están dando así un toque de atención a las autoridades para revisar las carencias y errores del sistema? ¿No se modernizan lo suficiente las plantas de reciclaje para que mejoren los procesos selectivos de residuos sin exigir tanto al usuario? ¿Quizá se está ensuciando más que se limpia?

No hay nada más enriquecedor y ejemplar que observar a un basurero en sus duros quehaceres y, en cierto modo, ahora con este ´revolucionario’ método de reciclaje ejercemos como tales en nuestros hogares. Sin duda, concienciar y responsabilizar en la gestión de los residuos es una cuestión de vida, nos jugamos el futuro del planeta, de eso no hay duda. Pero consultando a algunas personas ancianas, disciplinadas y metódicas donde los haya, el relato de lo que ellos perciben se acerca a la definición del síndrome de Diógenes, un trastorno del comportamiento que, entre otros síntomas, comporta la acumulación en el hogar de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. Sin pretender el alarmismo ni hacer comparaciones odiosas, a este asunto hay que darle una vuelta más, antes de que perdamos la cabeza…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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