Entre tradición y minimalismo
La banca sin alma
Los grandes bancos españoles han registrado en el primer semestre de este año unas ganancias agregadas de 12.385 millones de euros, un 20,7 % más que en el mismo periodo de 2022. En el mercado español, el beneficio subió un 50%. Y esto, a pesar del impuesto del gobierno a la banca.
No es que los bancos hayan mejorado su gestión. Es que cobran más por lo que prestan (por ejemplo hipotecas) y pagan igual o menos por los depósitos de los ahorradores como las cuentas corrientes. Así es muy fácil. Los intereses de las hipotecas vienen marcados por la evolución del Euribor y otros índices, que suben sin parar. La congelación o bajada de la remuneración del ahorro viene… porque les da la gana y se han puesto de acuerdo en no pagar más. Por cierto, este “acuerdo” ¿no sería causa de sanción por prácticas contra la libre competencia? No hay mucha diferencia entre estos comportamientos bancarios y los que supusieron cuantiosas multas a empresas de automoción y construcción por pactar precios e intercambiar información.
No, no tienen alma. Porque estos enormes beneficios caminan sobre una insensibilidad que raya en la crueldad. Hablo del abandono de las áreas rurales, que no tienen ni cajero, del trato despectivo a los mayores sin acceso a internet, de las preferentes, de las comisiones y gastos que cobran, de las dificultades de autónomos y pequeños empresarios para obtener préstamos elementales. Y, por supuesto, de la subida de las hipotecas y los inmisericordes desahucios.
Se echa de menos en España una banca pública como existe en otros países europeos (Alemania, Francia, Suecia, Italia, Finlandia...) Aunque solo sea por humanidad y para hacer de mosca cojonera poniendo a los ciudadanos por delante de la obsesión por los beneficios suculentos, o sea, el enriquecimiento de sus grandes accionistas.
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