Tribuna libre

Dolores Barroso Profesora De La Uca

Yo no estaré en el censo

16 de marzo 2017 - 02:05

Siento un profundo interés por todo lo que me rodea, una curiosidad constante, una temeraria necesidad de implicarme en todo aquello en lo que pienso que puedo echar una mano. Esta inquietud por lo colectivo creo que es la que inspira la vocación por la política, la que hace que una se complique aún más la vida, que aplace durante un tiempo -sí sólo un tiempo- sus planes personales y se comprometa con un equipo de trabajo en el desarrollo de un proyecto común con un objetivo claro: la mejora de lo público y lo colectivo. No es una utopía, no peco de ingenuidad al defender la bondad y la formación en el ámbito político, al fin y al cabo los sistemas no son entes abstractos, los componemos las personas, y conozco por experiencia directa las luces y las sombras de la gestión y la militancia política. Cuando los objetivos a cumplir afectan a todos, cuando se cuenta con todos, cuando todos aportan esfuerzos y dedicación se genera ilusión, se superan las dificultades, fluyen las ideas, las soluciones, la confianza. Cuando la política se pervierte, cuando los proyectos personales sustituyen a los intereses generales, cuando el equipo se desintegra por efecto de las estériles disputas internas, cuando el político dedica más tiempo a su promoción personal y a la continua postulación para la lista o el cargo que se adivina a medio plazo, la política deja de ser digna y útil, produce rechazo y desconfianza en el ciudadano, cansancio, hastío. Las elecciones ya no se ganan, las mayorías absolutas han desaparecido en el limbo de la orfandad política de aquellos que no se sienten representados ni defendidos por nadie, que votan con la nariz tapada al menos malo, o que castigan al que ha incumplido sus promesas o ha defraudado ilusiones.

El ejemplo más palpable, el castigo electoral más claro y contundente lo sufrió el PSOE en nuestra ciudad en las elecciones municipales de 2011, cuando más de 30.000 personas nos retiraron la sincera confianza que depositaron en nosotros en 2007. Buen motivo para reflexionar, para rectificar, para admitir y corregir errores, para recuperar principios fundamentales, yo diría que casi para refundar el partido. Lejos de abordar este necesario proceso, estas relevantes siglas que simbolizan generaciones de hombres y mujeres de corazón progresista y solidario, la mayoría anónimos militantes que nunca han tenido notoriedad pública, hoy significan en nuestra ciudad una franquicia de la marca que en otros lugares aún conserva su lustre. Ausente de la mayoría de los ámbitos sociales, ajena al pálpito de la ciudad, ocupada la dirección local en su promoción orgánica e institucional, alejada del día a día de los colectivos y agentes sociales y culturales, distantes en el diálogo, en el conocimiento de los problemas y lo que es aún más preocupante, aburriendo y alejando a militantes y simpatizantes que de manera absolutamente desinteresada acuden a la casa del pueblo, convertida hoy en un lugar inhóspito dónde no se fomenta ni la unión ni la camaradería.

¿Por qué escribo ahora estas líneas, por qué me complico mi anónima existencia con estos párrafos?. Lo hago por lo que les conté al principio: porque me cuesta inhibirme, porque creo que es necesario mojarse, expresar en alto lo que otros igual que tú piensan, porque al leer la queja de Pedro Sánchez reclamando garantías en la afiliación y confección del censo para las primarias del PSOE nacional sentí la necesidad de contar en público lo que discutimos en privado. Porque creo que estamos a tiempo de regenerar la política por encima de los malos e ignorantes políticos, porque esta ciudad merece y necesita un PSOE a la altura, comprometido, imbricado con la ciudad, unido, que sume y que no reste. Que asuma y defienda desde todos los ámbitos de la organización política y de la presencia institucional la realidad de un gobierno en minoría que ahora tienen que solucionar los problemas de esta ciudad, pero que también tiene que generar nuevas oportunidades. No puede estar jugando constantemente a lo orgánico desde el interés personal de cada uno o cada una, tiene que hacer equipo. Tiene que recuperarnos a todas aquellas personas que cansadas del espectáculo público, de la lucha por los sillones, hemos pasado a engrosar las filas de los simpatizantes o hemos dejado de pertenecer al partido porque no comulgamos con este nuevo ideario personalista. Tiene que dejar de clasificar en corrientes a las personas que componen el grueso del partido, tiene que desterrar ese clientelismo servil que les lleva a adular al candidato en la feria y a denostarlo cuando cae en desgracia. Tiene que dejar de ser noticia por la pelea orgánica, para mí esa fue la gota que colmó el vaso, la razón por la que mi nombre no estará incluido en el próximo censo. Confío en que esta crisis sirva para dar un golpe de timón, para que los hombres y mujeres de este partido, censados o no, nos sintamos representados por las personas que asuman las responsabilidades que el grueso de la militancia les confíe.

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